Sr. Bode, usted ha dicho: “Poder significa para mí que puede decidirse acerca del destino de seres humanos y cosas. Tener poder es bueno.” ¿Cuándo es poderosa una organización no gubernamental (ONG)?
Cuando llega a la opinión pública con el tema adecuado. En ese caso, gana posibilidades de influencia. Una ONG debe tocar el nervio de la época. Y tener un objetivo del que la gente diga: “Eso está bien. En esta área, los políticos no representan mis intereses”. El poder de una ONG se basa en el apoyo de la gente. Los políticos se ocupan de un tema sólo cuando sienten que la gente lo reclama con vehemencia.
¿Puede mencionar un ejemplo?
Sí, la protección ambiental. En esa área pudo observarse muy bien cómo la ecología fue llevada de la sociedad civil a la política. La iniciativa partió de algunos ciudadanos, luego informaron sobre ello los medios de comunicación, hasta que al final se transformó en un movimiento, que como partido político “Los Verdes” llegó incluso al Bundestag.
Durante su época en Greenpeace fueron realizadas algunas acciones espectaculares, como la ocupación de la plataforma petrolera abandonada Brent Spar. Ahora que la protección del clima es tema en todo el mundo, se escucha poco de la organización de protección ambiental. Cuando los políticos asumen el tema, ¿pasa a ser superflua la ONG?
La política climática es hoy efectivamente tema de acuerdos internacionales y conferencias globales. Mientras no fue así, organizaciones de protección ambiental como Greenpeace tenían naturalmente un campo de acción mucho mayor. No obstante, de ello no se puede extraer la conclusión de que han sido alcanzados ya todos los objetivos. Las ONG continúan teniendo sus tareas. Pero las prioridades han cambiado. En 2009 no hay que convencer a más nadie en el mundo de que el medio ambiente es destruido globalmente, la biodiversidad disminuye y el planeta se calienta. Salvo algunos pocos locos, ya nadie lo niega. El problema no son por lo tanto los conocimientos, sino la implementación. Las actividades de una organización ambiental consisten hoy mucho más en la lucha contra los intereses organizados y el lobbyismo. Ello es mucho más arduo y difícil que llamar la atención sobre problemas globales. No obstante, no hay que olvidar que la necesidad de información básica continúa siendo muy grande aún en algunos Estados autoritarios y países emergentes.
Pero ello se puede lograr cuando un Estado garantiza la libertad de opinión. ¿Dependen las actividades de organizaciones no gubernamentales de la existencia de un entorno democrático?
No necesariamente. Justamente en países con gobiernos autoritarios, las ONG y las asociaciones de defensa de los derechos humanos tienen la tarea de exigir algo que ningún gobierno –tampoco los autoritarios– puede rechazar: la protección de sus propios ciudadanos a través de la transparencia, por ejemplo en el caso de los alimentos contaminados. Por otro lado, la transparencia es veneno para todo régimen autoritario. Ello significa que las organizaciones no gubernamentales realizan indirectamente un aporte esencial para la democratización de una sociedad. Lo que más erosionó al régimen de la RDA fueron, además de la Iglesia, los grupos ecologistas. Dando a conocer escándalos ambientales documentaron los déficits del sistema político. Crear una ONG no es otra cosa que llevar a la práctica la democracia.
¿Las ONG no son por tanto tan importantes para una sociedad ya democrática?
¡Sí! Son imprescindibles. Son un importante componente de una democracia viva. ¿Qué sería una democracia sin sociedad civil? Una casa sin cimientos. Hay muchas áreas –y ello es parte de la democracia– que el Parlamento no puede atender por completo con sus actividades, en las que se necesita el compromiso de los ciudadanos. Entre ellas se cuentan proyectos sociales y las políticas ecológica y de protección de los consumidores. En la cooperación para el desarrollo se constata que pequeños proyectos privados son a menudo más efectivos que los grandes programas… y tienen además una positiva influencia sobre la ayuda estatal. El Parlamento y la sociedad civil se complementan y fecundan mutuamente.
Anteriormente fue usted un activista ambiental en Greenpeace, ahora aboga con su organización Foodwatch por alimentos sanos. ¿Qué tiene que ver la alimentación sana con la sociedad civil?
Para mí, una alimentación suficiente y sana es un derecho civil. Que nadie pase hambre es una cuestión de dignidad humana. Antes, en la seguridad alimentaria había que observar sobre todo la higiene. Hoy el problema son los aromas artificiales, los aditivos, las sustancias tóxicas y los pesticidas contenidos en los alimentos. Y tomando como ejemplo la comida se pueden dejar al descubierto problemas esenciales de nuestra sociedad moderna: por ejemplo el hambre en el Tercer Mundo y la obesidad entre nosotros, el comercio globalizado y la ignorancia de los consumidores, la destrucción ambiental por parte de la agricultura, las subvenciones y el comercio desleal. Nuestras actividades abarcan por lo tanto mucho más que el correcto marcado de alimentos. Además la política no toma todavía el problema lo suficientemente en serio. Queremos que ello cambie.
¿No aumentaría la efectividad de las ONG si cooperaran más entre sí? Foodwatch podría ser por ejemplo parte de Greenpeace…
Los derechos del consumidor pueden chocar a veces con la protección ambiental y la gama de temas es muy diferente. Nosotros analizamos productos biológicos tan críticamente como los convencionales. En el caso de la ingeniería genética, Foodwatch exige que el consumidor tenga la libertad de poder elegir entre alimentos modificados genéticamente o no. Las ONG ambientalistas rechazan de plano esa tecnología. Y hay temas sin relación alguna con el medio ambiente: el marcado de los alimentos, la carne vendida en mal estado y la seguridad alimentaria, por ejemplo.
¿Si fundara usted una nueva ONG, en qué área lo haría?
Fundaría “Financewatch”, sin ninguna duda. Es trágico que no exista ninguna ONG que en medio de la crisis bancaria se dirija a la opinión pública con información confiable y registre críticamente cómo el sector financiero impone sus intereses a costa del bienestar general.













