I will survive!“ En los altoparlantes de la sala de congresos de un hotel en Bad Honnef retumba el “hit” de la reina de las discotecas Gloria Gaynor. Unas 50 mujeres de todos los colores de piel corren hacia la pista de baile, ríen y lanzan brazos y piernas al aire. Y a través del baile olvidan el estrés. Son activistas de dos docenas de países en crisis, que se han reunido aquí para intercambiar experiencias. Se trata de mujeres que ayudan a otras mujeres sobrevivientes de la violencia bélica sexualizada. Muchas de ellas fueron también víctimas. La canción de Gloria Gaynor podría ser también el himno de “medica mondiale”, una organización internacional fundada por Monika Hauser en 1993 para ayudar a mujeres traumatizadas por la guerra. Hoy, la ginecóloga de 50 años baila en medio del bullicio y sonríe sin cesar. “A la búsqueda de justicia” es el título del congreso, cuya clausura se festeja hoy. No es una búsqueda fácil, pues sólo un pequeño porcentaje de las sobrevivientes experimenta un poco de justicia, ya sea en forma de condena a los culpables, asesoramiento medico-psicológico o indemnización financiera. Una participante lo formula así: “La violación es el único delito por el que la víctima es castigada”. Las mujeres violadas por soldados, los rebeldes e incluso a veces por un familiar son en muchos lados acusadas de “deshonrar” a la familia, expulsadas de la comunidad e incluso matadas por la propia familia. Muy pocas veces se llega a un juicio penal y éste es experimentado a menudo por las mujeres como una segunda violación. La mayoría de las mujeres bosnias que declararon ante el Tribunal de las Naciones Unidas en La Haya no lo harían “nunca más”, como dicen ellas mismas.
Para Monika Hauser todo comenzó en Bosnia. También ella es en cierto sentido una sobreviviente de la guerra. A fines de 1992, comienzos de 1993, la ginecóloga había leído sobre violaciones masivas en Bosnia. Conmovida, resolvió viajar sola a la zona de guerra. Es posible que su decisión de ayudar en la Bosnia multiétnica tenga algo que ver con su propio origen: su idioma materno es alemán; su pasaporte, italiano; nació y creció en Suiza y realizó sus estudios universitarios en una clínica de Essen, Alemania. Actualmente vive en Colonia.
LA LUCHA CONTRA EL TEMOR
Monika llegó a Zenica, encontrándose con una ciudad traumatizada. Amigas y conocidas en Alemania comenzaron a recoger donaciones. La médica formó un equipo para asistir a las sobrevivientes, formado por psicólogas, una psiquiatra, enfermeras y una teóloga islámica, para la asistencia espiritual. Esa concepción de asesoramiento médico y psicosocial integral, un esfuerzo por curar a toda la persona, es la característica sobresaliente de “medica mondiale”. En abril de 1993, cuando explotaron las primeras granadas en la ciudad sitiada, Monika Hauser inauguró el centro terapéutico para mujeres “Medica Zenica”. Las tropas de la ONU evacuaron a todos los extranjeros y exhortaron a la médica a abandonar el país. “No vine para irme cuando la situación se pone difícil”, respondió indignada. Las mujeres de “Medica Zenica” la admiran hasta hoy por esa actitud.
El centro terapéutico para mujeres de Zenica trabaja ya desde hace tiempo en forma autónoma: expertas locales deben continuar los proyectos solas lo antes posible, se lee en los estatutos de “medica mondiale”. En el mayor proyecto de la organización en Afganistán trabajan consecuentemente 80 mujeres afganas. Su trabajo en hospitales, juzgados o ante autoridades es peligroso: la lista de defensoras de los derechos de la mujer asesinadas se alarga cada vez más. Hauser nunca olvidará su primera visita, en 2002, a clínicas de Kabul: “Fue lo peor que he visto en mi vida”. Tanto las pacientes como las enfermeras estaban traumatizadas y reinaba una apatía total, recuerda. De regreso a la central de “medica mondiale” en Colonia, tomó contacto con médicas afganas en el exilio y fundó el proyecto “Doctorane Omid”: “Médicas de la Esperanza” afganas regresaron entonces por algunas semanas o meses a su patria para trabajar allí. Una “médica de la esperanza” es sobre todo la propia Monika Hauser, que recibió ya numerosas distinciones, entre ellas, a fines de 2008, el Nobel Alternativo.
Lo principal para ella, dice Hauser, es lograr justicia para las mujeres y devolverles su dignidad. ¿Cómo logra no colapsar ella misma ante la magnitud de la tarea? No es fácil, dice. “El veneno de la violencia”, agrega, penetra en algún momento profundamente en la propia psiquis. Luego de su misión en Bosnia sufrió un colapso, debió hacer una pausa y reorganizar su vida. Desde entonces, el tratamiento profesional de traumas propios, entre otras cosas, a través de supervisiones psicológicas y ejercicios físicos, forma parte del programa estándar de “medica mondiale”. También su esposo y su hijo, de 13 años, le dan fuerza.
UN EJEMPLO PARA EL MUNDO
Monika Hauser relata la historia acerca de cómo a fines de 2007 fundó el primer centro para mujeres y muchachas en Liberia. En ese país de África Occidental se había librado una guerra tan feroz como la de Afganistán y se decía que las liberianas eran las mujeres “más violadas del mundo”. Aproximadamente dos tercios de las mujeres del país había sido víctimas de grupos rebeldes rivales. No obstante, dice Hauser, en Fishtown reinaba un espíritu de nuevo comienzo. Decisivo para ello es la voluntad política de la Presidenta, Ellen Johnson-Sirleaf, que impulsa decisivamente los derechos de la mujer, ha promulgado una severa ley contra las violaciones y apoya iniciativas femeninas como la de Fishtown. La Presidenta invoca para sus medidas la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que debe ser implementada por todos los países miembros de la ONU y en la que se exige la inclusión de las mujeres en todos los niveles de los procesos de paz. En esa resolución está basado también el nuevo proyecto de “medica mondiale”, financiado por la Comisión de la UE y que lleva el título “Participación política de las mujeres en la política de paz y de seguridad”. El objetivo es que durante los próximos tres años, mujeres de Liberia, Afganistán y Congo aprendan a través del diálogo en encuentros internacionales cómo pueden influir sobre la política. Chipo, directora de “medica mondiale” en Liberia, muestra mientras tanto en la pista de Bad Honnef qué significa bailar alegremente. Yes, we will survive!













