Aquí hay panecillos, “Schrippen”, como los llaman los berlineses. Y aquí hay bagels, “Schrippen” con un agujero. Por los sándwiches con forma de rosquilla hacen cola los berlineses y los turistas en el primer piso del centro comercial Arkaden, sobre la plaza Potsdamer Platz. Para unos es un bocadillo de mediodía, antes de volver a la oficina; para los otros, un tentempié para continuar luego paseando por la capital alemana. Jóvenes en paseo escolar, jubilados en excursiones en grupo o visitantes de museo con un plano de la ciudad en la mano buscando la Neue Nationalgalerie: en la plaza Potsdamer Platz se cruzan los caminos de los turistas y los berlineses que trabajan en los edificios circundantes. Éste es el nuevo Berlín; todo el terreno fue tierra de nadie durante la división de Alemania: por aquí pasaba el Muro. Hoy casi ni se lo puede imaginar: alrededor de la plaza, la elite de los arquitectos internacionales ha construido edificios futuristas. Bajo el techo de vidrio y lona del Sony Center, que de noche brilla como un OVNI, ocho millones de visitantes por año alzan la vista para admirar la fantástica construcción. Tiendas, restaurantes, bares, cines, apartamentos: aquí hay de todo. Un mundo en pequeño.
Otro cosmos propio en Berlín es el centro comercial KaDeWe en la calle Tauentzienstrasse. La hasta hoy mayor tienda de lujo en Europa continental se halla aquí desde hace 100 años: toda una atracción para los turistas. Deambular siquiera una vez por el departamento de productos alimenticios no puede faltar en ninguna visita a Berlín. Y luego el visitante camina derecho hacia el oeste, hasta la avenida Kurfürstendamm, que los berlineses llaman cariñosamente Ku’damm. Hasta la reunificación fue la indiscutida calle de compras de Berlín, el centro comercial de la antigua parte occidental de la ciudad. A lo largo de tres kilómetros y medio se suceden allí tiendas de diseño y moda de las más famosas marcas. Pero también hay que hacer escapadas a derecha e izquierda, para no perderse interesantes librerías y galerías y acogedores cafés, por ejemplo alrededor de la plaza Savigny-Platz.
Hoy, la calle Friedrichstrasse compite con la avenida Ku’damm por visitantes y clientes. Allí se halla el centro comercial Quartier 206, construido pocos años después de la reunificación, hoy uno de los más exclusivos shoppings de Europa. El término templo del consumo sea quizás lo más adecuado para describir este elegante centro comercial, con pisos de mosaicos blancos y negros de mármol. En el subsuelo se halla la única dependencia en el exterior de las famosas Galerías Lafayette, de París. Con la escalera mecánica seguimos luego hacia arriba, hacia otros tres niveles de refinada atmósfera. ¿Algo de cultura también? Por ejemplo en la cercana Kulturkaufhaus Dussmann. Aquí se puede elegir entre dos millones libros, CD y DVD. Menos mal que esta institución berlinesa tiene abierto hasta medianoche.
Luego es tiempo para tomar un respiro. Lo mejor es hacerlo en el próximo bulevar Unter den Linden. Aquí, Berlín se muestra de su lado más caro y solicitado, metrópoli cien por cien. El severo encanto de Prusia se refleja en los nobles palacios clasicistas a derecha e izquierda del bulevar de 60 metros de ancho. Casi un kilómetro y medio se alarga el majestuoso eje entre la Puerta de Brandeburgo y el puente Schlossbrücke, donde se hallaba antes el palacio urbano de los reyes de Prusia, el Stadtschloss… y donde volverá a estar dentro de algunos años, reconstruido. A mediados del siglo XVII fueron plantados los primeros de los actualmente 300 tilos: pasearse bajo los tilos tiene tradición. Placentero es no sólo en verano, cuando los árboles brillan en un luminoso verde. En invierno, cuando oscurece temprano, los tilos se hallan adornados con guirnaldas luminosas. Berlín brilla y en ningún otro lugar más hermosamente que aquí.












