Wittenberg es una bonita ciudad de tamaño medio, algo adormecida. La localidad en las tierras entre Sajonia-Anhalt y Brandeburgo podría definirse, con sus algo menos de 50.000 habitantes, más bien como una pequeña ciudad algo crecida, lo cual sin duda disgustaría a sus habitantes. Al fin y al cabo no sólo se halla en las márgenes de uno de los ríos más largos de Alemania, el Elba, sino que posee también una gran historia, con abundantes testimonios del Renacimiento por doquier.
El reformador Martín Lutero (1483–1546), está indisolublemente ligado a Wittenberg, por lo que a ésta se la denomina, con razón, “Wittenberg, la ciudad de Lutero”, lo que a mucha gente, sin embargo, le parece demasiado largo. Y también muchos parecen pensar también: ¿por qué tanto aspaviento por un monje disidente llamado Lutero?
Pero las cosas están cambiando. A Lutero, que desde su irrupción en la historia vive en el corazón de los protestantes, se aproximan ahora también otros habitantes de la ciudad y su entorno. Una de las razones es que numerosos turistas, también del extranjero, visitan la ciudad buscando las huellas del Reformador. Al fin y al cabo, los memoriales de Lutero en Sajonia-Anhalt figuran desde 1996 en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. El turismo tras las huellas de Lutero es ya un importante factor económico, no sólo en Wittenberg, sino también en Eisleben (la hermana pequeña de Wittenberg en las tierras de Mansfelder Land, entre Halle y los montes Harz, donde Lutero nació y murió), y Eisenach, en Turingia.
Allí, en el castillo Wartburg, vivió Lutero escondido de 1521 a 1522 bajo el nombre falso de “Junker Jörg”. El proscrito por la Iglesia Católica Romana tradujo entonces la Biblia al alemán. Un logro cultural con vastas consecuencias. El Libro de los Libros posee para muchos seres humanos candente actualidad, hoy como entonces. También en el este de Alemania, donde en más de 40 años de régimen comunista se intentó eliminar la fe, no sin algún éxito, como lamentan hoy las Iglesias cristianas de ambas confesiones.
El aniversario de la Reforma viene en el momento adecuado. La Iglesia Protestante en Alemania creó especialmente para la ocasión el puesto de un prelado responsable de coordinar y gestionar las actividades en el lugar, cargo que asumió el teólogo Stephan Dorgerloh. Su sede se halla en el ayuntamiento de Wittenberg: más prestigio, casi imposible.
¿Década de Lutero? Así se denomina el periodo hasta 2017, año en que se conmemora el 500 aniversario del comienzo de la Reforma, cuando Lutero clavó en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg sus 95 tesis. En ellas atacó la venta de indulgencias de la Iglesia Católica y criticó, remitiéndose a la Biblia, la situación reinante entonces. Lutero proclamó sus tesis exactamente el 31 de octubre, hoy Día de la Reforma, festivo oficial en los Estados federados alemanes de Sajonia, Sajonia-Anhalt y Turingia, de población mayormente protestante.
La gente siempre se alegra de los días festivos, también en una era secular, como la nuestra, y no desdeña una deliciosa especialidad de repostería llamada “panecillos de la Reforma”, como la que ofrecen los comerciantes de Wittenberg. Pero, ¿qué significa en realidad la Reforma? ¿Y qué significa sobre todo hoy? La Década de la Reforma apunta a los contenidos y no tanto al negocio turístico, que tan bienvenidos ingresos proporciona a los habitantes de Wittenberg, Eisleben y Eisenach.
Al comienzo pareció que ambas cosas no se ponían en marcha. La crisis económica global frenó las ganas de viajar de muchos cristianos, sobre todo de Estados Unidos, y el debate sobre la actual importancia de la Reforma se estancó, por lo menos en la percepción pública. No obstante, los resultados de las actividades de Lutero y su compañero de contienda, el teólogo Philipp Melanchthon, están omnipresentes: entre esos logros se cuentan el desarrollo del idioma y el pensamiento alemanes y, no menos importante, las profundas transformaciones que tuvieron lugar desde la Ilustración hasta la modernidad del siglo XX. Los jardines de Dessau-Wörlitz y la Bauhaus, dos magníficos testimonios de ello, se hallan a sólo unos pocos kilómetros de Wittenberg.
No obstante, tardó (y todavía cuesta) ver la rebelión de Lutero contra las limitaciones y los acosos medioevales en un contexto de emancipación y libertad, es decir, como un tema contemporáneo y actual. Y con ello concebirlo como algo que no sólo sobresale mucho más allá del marco de un suceso local, sino que además merece la mayor atención y cuya celebración debe ser organizada y apoyada con fondos oficiales. Al fin y al cabo, subrayó aguzadamente Stephan Dorgerloh en 2010, no se trata de una fiesta municipal de Wittenberg.
Últimamente surgió una nueva dinámica: un camino de peregrinaje sigue las huellas de Lutero a través de Alemania central, y años temáticos y numerosos eventos jalonan la década hasta la gran fiesta. El Gobierno del Estado federado de Sajonia-Anhalt prometió a comienzos de 2011 fondos por varios millones, entre otras cosas, para la recuperación edilicia del castillo de Wittenberg.
Y ha sido nuevamente un artista quien impulsó decididamente la discusión pública. “Inspirado” por Dorgerloh, Ottmar Hörl decoró en el verano de 2010 la plaza del mercado de Wittenberg con 800 pequeños Luteros de fuertes colores, como representantes del padre ausente de la Reforma, cuyo monumento domina normalmente el lugar y que actualmente está siendo renovado.
La protesta, no sólo de teólogos conservadores, adquirió grandes dimensiones. Pero igualmente apasionada fue la aprobación. Efectivamente, Hörl no derribó del pedestal ni trivializó la figura de Martín Lutero, sino que la humanizó, con un ejército de fieles representaciones de plástico del Reformador, remitiendo así a las cuestiones que muchos, entre ellos también habitantes de Wittenberg, prefieren eludir. La cuestión del antisemitismo de Lutero, por ejemplo. Pero el silencio no va con la imagen de la Reforma.
Gracias a la acción de Hörl, el monumento protegido de Lutero bajó al nivel de los seres humanos, a la altura de sus ojos. Los niños lo hallaron sorprendente; los adolescentes y los turistas, divertido y algunos creyentes, irreverente. De pronto se abrió un gran debate y se llegó a la disputa. El transitorio “descenso” del monumento a Lutero de su pedestal sin duda no dañó ni la idea ni la memoria de la Reforma, tan poco como la venta de diversos souvenirs. Sajonia-Anhalt es tierra de Lutero. Y su capital se llama Wittenberg.////














