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El Tratado de Reforma de la UE

Fundamento para el futuro

Más derechos para el Parlamento Europeo, iniciativas ciudadanas y un fortalecimiento de la política exterior común son algunas de las novedades contenidas en el Tratado de Lisboa

Joachim Fritz-Vannahme

El futuro de Europa comenzó el 13 de diciembre de 2007: ese día, los Jefes de Estado y de Gobierno y los Ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea (UE) firmaron en Lisboa el Tratado de Reforma de la UE. Ello es también un éxito de la política exterior alemana. Durante la Presidencia alemana del Consejo Europeo en la primera mitad de 2007, el Gobierno Federal logró dar nuevos impulsos al proceso de negociaciones, que se hallaba paralizado, colocando así el fundamento para el futuro europeo. El objetivo del documento es garantizar la capacidad de acción de la UE sobre la base del acervo de valores europeos. Ahora es necesario que todos los Estados miembros lo ratifiquen, para que pueda entrar en vigor, conforme a lo planeado, el 1 de enero de 2009. ¿Qué beneficios proporcionará el nuevo tratado de la UE concretamente a los ciudadanos de Europa?

 

1. Más democracia

La primera respuesta es fácil: los ciudadanos de la comunidad de Estados podrán recurrir por ejemplo al instrumento de la “iniciativa ciudadana”. Con por lo menos un millón de firmas podrán solicitar a la Comisión Europea que haga propuestas de legislación. Ésta, sin embargo, no tendrá la obligación de hacerlas. No obstante, se trata de un instrumento democrático inexistente en las Constituciones de muchos países. De mayor peso en la política cotidiana son las competencias ampliadas del Parlamento Europeo (PE), elegido por los ciudadanos de la UE. El PE podrá participar por regla general en la toma de decisiones en todos los ámbitos políticos, adquiriendo así los mismos derechos que el Consejo (que representa a los Gobiernos). Además se amplían las competencias presupuestarias de los europarlamentarios. En el futuro podrán decidir también, por ejemplo, sobre los “gastos obligatorios” en la política agraria, que continúan representando más del 40 por ciento del presupuesto. Ello significa que los diputados decidirán por fin directamente sobre el destino de los impuestos que paga el pueblo.

Más importante y más espectacular aún: el Presidente de la Comisión será elegido en el futuro por el Parlamento Europeo, a la luz de los resultados de las elecciones europeas, y no sólo confirmado en el cargo luego de su elección por parte de los Gobiernos. Así, para las elecciones europeas del 2009 será posible quizás una lucha electoral a nivel de toda Europa. Si los Gobiernos nacionales cooperan y aprovechan la oportunidad, ésas pueden transformarse en las primeras elecciones para la UE realmente apasionantes.

La influencia de los ciudadanos a través del Parlamento es fortalecida también de otra forma: en el futuro, las cámaras nacionales “contribuirán activamente al buen funcionamiento de la Unión“. Tendrán ocho semanas para verificar si las propuestas de Bruselas respetan los derechos de soberanía y subsidiariedad. Al lego ello le puede parecer todo algo complicado. Lo decisivo es que los diputados nacionales ya no podrán decir más que todo ha sido decidido “allá en Bruselas”: Europa se transforma cada vez más en cosa de la política nacional. Ya no se responsabiliza sólo a los Gobiernos nacionales, sino a cada uno de los diputados, en tanto éstos participan a través de los Parlamentos de los países en el proceso legislativo europeo. Ello es parte de este Tratado de Reforma de la UE, que próximamente será aprobado por los diputados alemanes. Con su voto se obligarán a sí mismos a asumir las nuevas responsabilidades.

 

2. Más transparencia

También para el Consejo, es decir, el foro de los 27 Estados miembros y sus Gobiernos, rigen nuevas reglas. El Consejo decidirá en el futuro en 181 ámbitos de políticas (hasta ahora: 137) con mayoría cualificada. Se han agregado, por ejemplo, la cooperación de la Policía y la Justicia y la política común de tráfico. De esa forma, esa institución, legitimada democráticamente a través de elecciones nacionales, decidirá de acuerdo con las reglas parlamentarias usuales. Los días en que un país podía amenazar con un veto están por lo tanto contados. Un solo país no podrá dictar más el rumbo a la mayoría. Las decisiones se tomarán así de forma clara y comprensible, de lo cual no se beneficiará sólo la fortaleza de la Unión, sino también cada uno de los ciudadanos. Además, el Consejo, cuanto legisle, deberá sesionar en forma pública. Así se crea la transición hacia una segunda cámara, si bien el tratado no lo especifica explícitamente.

 

3. Nueva base

Los sondeos de opinión lo demuestran desde hace años: los ciudadanos esperan que la Unión tenga una fuerte presencia en el escenario mundial. El tratado responde a esa exigencia: un “Alto Representante” hablará en el futuro por toda la Unión y como será simultáneamente Vicepresidente de la Comisión, dispondrá de un eficiente aparato, más teniendo en cuenta que se crea un nuevo Servicio de Acción Exterior.

La Unión se hará visible para la población también a través de la creación del cargo de Presidente, que en el futuro presidirá el Consejo Europeo de los Jefes de Estado y de Gobierno (que hasta ahora sesiona por lo menos cuatro veces por año). Será elegido por dos años y medio, siendo posible una reelección, pero prohibido el ejercicio paralelo de un cargo en uno de los Estados. El margen de acción y el peso del cargo dependerán de la personalidad y de la estatura política del Presidente o de la Presidenta.

Finalmente, en un corredor lateral del complejo laberinto del Tratado encontramos una interesante mejora. Por primera vez se abre no sólo la posibilidad de un ingreso a la Unión Europea, sino también la de abandonarla. ¿Qué significa ello para el ciudadano? Mucho, pues un abandono es concebible sólo como expresión final de un profundo descontento con la Unión Europea, por ejemplo como consecuencia de un vehemente debate interno en uno de los Estados miembros. La Unión no debería temer un debate de ese tipo: pues para la paz interna es mejor que un connotado descontento se retire a que obstaculice el desarrollo de los otros miembros. A ese desarrollo sirve el Tratado de Lisboa como nuevo fundamento de considerable beneficio para Europa.

Joachim Fritz-Vannahme, durante muchos años redactor del semanario “Die Zeit”, es actualmente director de proyectos europeos de la Fundación Bertelsmann

28.01.2008
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