El cielo sigue gris. Los habitantes de Morropón, en el noroeste de Perú, no ven el sol desde hace tres días. “Este año hace mucho frío y está siempre nublado”, dice Jorge Jiménez. Antes no era así. Jiménez cultiva sus campos desde hace 30 años. Lo suficiente para constatar que “las temperaturas aumentan y cambian mucho más que antes”, como dice el peruano. Ello dificulta elegir los cultivos adecuados. Hoy Jiménez ya no puede estimar si lloverá mucho o poco. Además hay más plagas que antes. Para el campesino peruano, la causa está clara: “Es el cambio climático”. Y Jorge Jiménez no es el único que lo dice. Muchos millones de campesinos en todo el mundo constatan cómo se modifican las interrelaciones entre el clima, las lluvias, las plantas y los animales.
Jorge Jiménez vive con su familia en una casa sin electricidad y no tiene automóvil. La diferencia entre el estilo de vida de Jiménez y el de un habitante de un país industrial puede medirse en toneladas: los peruanos emiten una tonelada de CO2 per cápita y por año, en los países industrializados puede llegar a ser entre diez y veinte veces más. Si se quiere que las temperaturas no aumenten más de dos grados, las emisiones deben reducirse a dos toneladas hasta el año 2050. Ello sólo puede lograrse si se combate la causa: el uso de portadores fósiles de energía.
Es una tarea sobre todo de los países industrializados. Pero también los países en desarrollo y emergentes deberían tomar medidas para que su consumo de energía no aumente drásticamente. Para ello necesitan capital y tecnología de los países industrializados. Alemania apoya ese proceso de diferentes maneras: una prioridad de la cooperación alemana para el desarrollo es desde años la protección ambiental. Desde la Cumbre para el Desarrollo Sostenible de Johannesburgo 2002 Alemania ha redoblado sus esfuerzos de asistencia en los sectores de las energías renovables y la eficiencia energética. En el marco de la cooperación para el desarrollo, el Gobierno alemán invierte en 2009 unos mil millones de euros en proyectos de protección del clima en todo el mundo. La asistencia consiste en apoyo técnico, generalmente a través de la Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (GTZ), y ayuda financiera a través del banco Kreditanstalt für Wiederaufbau (KfW). Sumando los créditos y la cooperación financiera, la ayuda oficial para el desarrollo en el área de la protección del clima asciende en 2009 incluso a bastante más de dos mil millones de euros. En 50 países apoya proyectos el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo.
También el Ministerio Federal de Medio Ambiente dispone desde 2008 de 120 millones de euros, provenientes de la subasta de certificados de emisión, para invertirlos en países en desarrollo y emergentes. El Ministerio Federal de Economía, por su parte, lanzó la Iniciativa de Eficiencia Energética, de apoyo a empresas alemanas para la comercialización de sus productos. En el sector de la energía y el clima no sólo existe una demanda de productos, sino también de conocimientos “made in Germany”. En ese sector, Alemania es líder en la planificación y los métodos, los programas de fomento y la legislación. Ejemplos son la Ley de Energías Renovables (EEG) y proyectos público-privados (PPP), es decir, proyectos conjuntos de organizaciones de ayuda al desarrollo y empresas alemanas. Un creciente papel desempeña el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), fijado en el Protocolo de Kyoto. Alemania apoya también a muchos países en la expedición de certificados de emisión.
En total existen 4 prioridades en la cooperación: abastecimiento básico, transporte, energías renovables y eficiencia energética
Abastecimiento básico
Unos 1600 millones de seres humanos no tienen acceso a energía moderna. Casi una de cada dos personas cocina sobre fuego abierto o con hornillos poco eficientes. En muchos países de África, el 95 por ciento de la población utiliza para ello biomasa; en la India, el 87 por ciento y en China, el 55 por ciento. Las nocivas consecuencias de esa forma de cocinar son subestimadas: el humo es extremadamente tóxico y causa la muerte de más de 1,5 millones de personas por año. Además, la quema de biomasa es para el clima en parte peor que el de los combustibles fósiles. En la India, el humo de los hornillos origina el 42 por ciento del total de las emisiones de hollín.
Por encargo del Ministerio Federal de Cooperación Económica, la GTZ propaga en muchos países el uso de hornillos eficientes y limpios. Ello no es caro. En Uganda, por ejemplo, organizaciones socias forman a constructores profesionales de hornillos de barro, que los hacen con pasto, agua y tierra. Los materiales son baratos, la construcción tiene el más alto nivel. Uno de esos hornillos cuesta entre uno y dos euros. No humea y ahorra hasta un 60 por ciento de leña. Sólo en Uganda se usa ya casi medio millón de esos hornillos.
Transporte
El transporte de bienes y personas genera un cuarto de las emisiones de CO2 en el mundo. Las emisiones aumentarán incluso un 140 por ciento hasta el año 2050. El mayor factor de crecimiento será el transporte en el hemisferio sur. Por ello, muchos gobiernos y la industria apuestan por el automóvil eléctrico. No obstante, el transporte individual muy pocas veces es la solución. “Con una planificación inteligente del transporte en aglomeraciones urbanas se pueden reducir las emisiones mucho más que con el automóvil eléctrico”, dice Armin Wagner, experto de la GTZ. Por ello, la GTZ apoya sobre todo proyectos de transporte público y no motorizado. Ello se contradice a menudo con el automóvil como símbolo de estatus. A ello se agrega que en muchos ministerios escasean los conocimientos con respecto a sistemas modernos de planificación del transporte.
Por ello, la GTZ ha desarrollo manuales de métodos. Con fondos del Ministerio de Medio Ambiente apoya por ejemplo sistemas de transporte con futuro en Ucrania. Alemania también asiste en Sudáfrica, donde, siguiendo el ejemplo de Bogotá, se planea implementar un sistema de autobuses públicos que funciona como un metro, pero cuesta mucho menos. Carriles separados para autobuses, vehículos climatizados, paradas fijas y la compra de billetes antes de iniciar el viaje aseguran en Bogotá un sistema de transporte público rápido, puntual y cómodo. El número de pasajeros aumenta y el transporte individual es menor, lo que también reduce las emisiones de CO2.
Eficiencia energética
El grado de aprovechamiento de las modernas centrales carboeléctricas puede llegar hasta el 50 por ciento, mientras que en las antiguas es de sólo el 20 al 30 por ciento. Las consecuencias son dramáticas: el aumento de un grado de aprovechamiento ahorra en Alemania por año unas 16.000 toneladas de carbón y reduce las emisiones de CO2 en 43.000 toneladas. “Las inversiones en eficiencia energética son la mejor forma de reducir el CO2 sostenidamente”, dice Bernhard Zymla, director del sector de energía y transporte en la Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (GTZ).
Alemania se propone aprovechar ese enorme potencial junto con países socios. Muchos caminos llevan a esa meta. En la India, por ejemplo, el Parlamento aprobó ya en 2001 una Ley de Ahorro de Energía, que obliga a los 5000 mayores consumidores de energía, los ferrocarriles estatales y los propietarios de grandes edificios industriales y comerciales a lograr sustanciales mejoras. El programa energético germano-indio IGEN ayudó a ese proceso y su implementación, impulsando por ejemplo la introducción de etiquetas energéticas. En el marco de IGEN son formados gestores de energía, optimizadas centrales termoeléctricas y cualificados expertos e instituciones en la gestión de proyectos MDL.
En China, el KfW concede, con fondos de la Iniciativa de Protección Climática del Ministerio de Medio Ambiente, créditos para que empresas implementen medidas de ahorro de energía. Y no se trata sólo de la financiación. “China tiene sobre todo gran interés en las vastas experiencias recogidas en los programas de fomento que el KfW ha desarrollado en el área de la protección climática en Alemania. En ello asesoramos también a nuestros socios chinos”, dice Christian Calov, experto del banco.
Energías renovables
Los ministerios alemanes de Medio Ambiente y Cooperación apoyan a países en desarrollo y emergentes a utilizar el viento, el agua, el sol, la geotermia y la biomasa como fuentes de energía. Por ejemplo en Egipto. El país dispone de un enorme potencial de energías renovables: unos 30.000 megavatios. De ellos se aprovechan actualmente sólo 365 megavatios. Para el 2020 se planea que sean 7200. En mayo de 2009, el Parlamento de Egipto aprobó la construcción de un parque eólico de 200 megavatios en las costas del Mar Rojo. El proyecto es financiado por el Banco Europeo de Desarrollo (BERD) y el KfW.
Así, Alemania ayuda en muchos países en desarrollo y emergentes a sentar las bases para un sector energético sostenible. Las inversiones reducen las emisiones de CO2. Más importante aún es que la asistencia técnica y financiera ayuda a imponer innovaciones más rápidamente. “Con los fondos de la cooperación para el desarrollo disponemos de un importante instrumento, con el que abrimos el camino a un múltiplo en inversiones privadas”, dice Bernhard Zymla, de la Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (GTZ). Como ejemplo menciona el Programa TERNA. La sigla significa Asesoramiento Técnico para la Implementación de Energías Renovables. En el marco del programa, personal de la GTZ identifica junto con sus interlocutores nacionales los mejores lugares para instalar parques eólicos, asesora sobre las condiciones marco de política energética, desarrolla instrumentos de fomento e impulsa así nuevas inversiones en parques eólicos. Las inversiones que generalmente siguen a esas medidas son considerables. Sólo para el Programa TERNA ascienden actualmente a 780 millones de euros, destinados a la creación de parques eólicos con una capacidad de 580 megavatios.













