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Alemania en el consejo de seguridad de la ONU

A partir del 1 de enero de 2011, Alemania es por dos años miembro del organismo más importante de las Naciones Unidas.

David Bosold

Nuevos detalles revelan a menudo transformaciones que hasta ese momento habían permanecido ocultas. Nada mejor para ilustrar la nueva autoestima alemana que el lúdico manejo de sus colores nacionales. En el verano de 2010, durante el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, los centros de las ciudades alemanas fueron un mar de banderas negro-rojo-gualdas. Pocos meses después, el 12 de octubre de 2010, a muchos observadores de prensa les llamó la atención la corbata rayada con los colores negro-rojo-gualdo del embajador Peter Wittig, el representante permanente de Alemania en las Naciones Unidas. Ya en la primera vuelta de votaciones para un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, de los 192 países miembros de la Asamblea General, dos tercios votaron por Alemania. Con ello, Alemania es, después de 1995/96 y 2003/04, por tercera vez después de la reunificación (1990) miembro del organismo más importante de las Naciones Unidas.

La decisión de presentar la candidatura, anunciada ya en 2006, bajo el Gobierno anterior, fue vista en los prolegómenos como riesgo diplomático, ya que, con Alemania, Canadá y Portugal, había tres candidatos para dos puestos, lo que inexorablemente llevaría a la eliminación de uno de ellos. Que Alemania lograra un puesto ya en la primera ronda fue una sorpresa, en vista de la fortaleza de los otros dos candidatos. Finalmente, Portugal logró imponerse en la tercera vuelta. Entre los 15 miembros del Consejo der Seguridad hay cinco con puestos permanentes y derecho a veto: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China. Los restantes miembros, no permanentes, pertenecen al Consejo sólo por dos años. Por año se eligen cinco nuevos. En 2011 pertenecen al Consejo de Seguridad Bosnia-Herzegovina, Brasil, Gabón, Líbano y Nigeria. Hasta el 2012 pertenecerán, además de Alemania y Portugal, también la India, Sudáfrica y Colombia. Con ello, todos los países del BRIC y nueve del G-20 serán en el futuro próximo miembros del organismo más importante de la ONU.

De conformidad con la Carta de la ONU, el Consejo de Seguridad es el único organismo que tiene derecho a decidir sobre cuestiones de guerra y paz. El Consejo tiene “la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales”. Desde el fin del conflicto Este-Oeste, la paz mundial se ve amenazada no sólo por los tradicionales conflictos interestatales, sino también por conflictos intraestatales. Un puesto en el Consejo de Seguridad de los 15 permite participar en las deliberaciones sobre problemas globales de seguridad y, de ser necesario, tomar medidas, que van desde sanciones hasta intervenciones militares. Guido Westerwelle, el ministro alemán de RR.EE., dijo correctamente que la elección de Alemania era tanto un adelanto como una prueba de confianza. Una prueba de confianza, por el constructivo papel que tuvo Alemania en los pasados años, por ejemplo en las deliberaciones sobre el programa atómico ­iraní junto con los cinco miembros per­manentes del Consejo de Seguridad (E3+3). Pero simultáneamente también un adelanto de confianza, ya que Alemania deberá asumir ahora mayores responsabilidades.

Si Alemania realmente quiere asumir más responsabilidades a nivel global, en el futuro, además de su compromiso financiero –Alemania es el tercer mayor contribuyente de la ONU– deberá aportar ideas y más personal: policías, cascos azules, cooperantes, diplomáticos. Westerwelle, el ministro de RR.EE., ha definido claramente los límites del futuro compromiso alemán, al extraer las enseñanzas de las “misiones de construcción de Estados” de las décadas pasadas: las posibilidades de estabilizar Estados fracasados o en descomposición son limitadas. Lo que se necesita no es un fervor misionario, sino un sentido de lo factible. Intervenir moderando como “potencia de paz” y remitir convincentemente a sus propias experiencias del pasado es el papel que Alemania puede desempeñar brillantemente en el Consejo de Seguridad.

Numerosos conflictos continúan irresueltos. Somalia no tiene hasta hoy un gobierno operativo que esté en condiciones de asegurar el orden público y controlar el territorio del país. En Yemen, Afganistán y Pakistán, la situación continúa siendo inestable. Tampoco Irak está pacificado, y la estructura de Gobierno aprobada recientemente es frágil. En el Sudán se realizaron progresos sobre el papel. Un tratado de paz entre el Gobierno central y el SPLA en el sur del país fue firmado en 2005 y otro entre el SLM y Jartum, en 2006. Los tratados son controlados por las misiones UNMIS y UNAMID respectivamente. Esos ejemplos de Estados frágiles demuestran que también en los próximos años el Consejo de Seguridad debe estar en condiciones de reaccionar rápidamente a cambios en la situación de seguridad. En vista del desarrollo de los presupuestos y la reducción del número de efectivos militares en los países occidentales, será necesario desarrollar nuevas ideas acerca de cómo implementar misiones de estabilización bajo mandato de la ONU y continuar fortaleciéndolas también más allá de la participación con personal.

Otros instrumentos para contener los conflictos mencionados y para proteger los derechos humanos fundamentales pueden ser el fortalecimiento de la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya, y nuevas deliberaciones sobre la Responsabilidad de Proteger (“Responsibility to Protect” – R2P). Ambos proyectos fueron apoyados por Alemania, sus socios europeos y otros socios que comparten esa línea. La actividad de la Corte Penal Internacional y el principio R2P ayudan a prevenir violaciones de los derechos humanos, ya que individuos pueden ser llamados a responder por sus crímenes (CPI) y regímenes que violen los derechos humanos deben contar con que su accionar será castigado, en caso extremo con una intervención humanitaria (R2P). La aprobación de la Responsabilidad de Proteger por parte de la 60.ª Asamblea General, en 2005, y la referencia a la R2P en la ­Resolución 1674 han dejado claro que el objetivo es dar más importancia a la protección de los derechos humanos en conflictos armados.

Desde el traslado del Gobierno a Berlín, en 1999, la política exterior alemana puede subrayar convincentemente, con el Campus de la ONU en Bonn, su compromiso con las Naciones Unidas también más allá de la participación en el Consejo de Seguridad. La ciudad de Bonn alberga hoy a 18 instituciones de las Naciones Unidas, entre ellas la Secretaría del Clima (CMNUCC), que intenta, en el marco de las Conferencias de las Partes –en el 2009 en Copenhague (COP15), en el 2010 en Cancún (COP16)– lograr llegar a un acuerdo para una reducción sostenida y duradera de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Que el Gobierno alemán persigue consecuentemente ese objetivo lo ha demostrado una y otra vez en el marco de la UE en forma de metas de reducción ambiciosas y voluntarias.

Pero hasta ahora no sólo ha sido imposible llegar a un tratado climático global, sino que también la reforma de las Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad exigen más iniciativas diplomáticas. Desde la creación de un Grupo de Trabajo para la Reforma del Consejo de Seguridad (Open-Ended Working Group), en 1995, se ha deliberado sobre numerosas propuestas de reforma. Pero hasta ahora no se ha logrado la necesaria aprobación de dos tercios de los Estados en la Asamblea General y la de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. La esperanza de los Estados del G-4 (Alemania, Japón, India y Brasil), de lograr éxitos en el debate de reformas en el 2005 no se ha cumplido. También con el ministro de RR.EE. Westerwelle, Alemania mantiene su fuerte compromiso en ese debate. El objetivo político a largo plazo continúa siendo lograr un puesto permanente para la Unión Europea. El proceso de reforma adquiere una dinámica complementaria por el hecho de que también todos los otros candidatos a un puesto permanente –Brasil, la India, Nigeria y Sudáfrica– estarán representados en 2011 en el Consejo de Seguridad. Las perspectivas para que el debate sobre las reformas adquiera un nuevo impulso son por lo tanto más positivas que nunca.

David Bosold es director de programa del International Forum on Strategic Thinking del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores (DGAP), con sede en Berlín.////

17.11.2010
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