Profesor Korte, en las elecciones para el Bundestag, los pequeños partidos políticos, como el FDP, Los Verdes y La Izquierda, recibieron más votos, mientras que los grandes, CDU/CSU y SPD, perdieron muchos votos. ¿Cómo ve usted el resultado de las elecciones?
La competencia entre los partidos en Alemania ha adquirido una nueva cualidad, que se había anunciado ya en las elecciones de 2005. La coalición entre CDU/CSU y SPD reforzó esa tendencia, que llevó a que ahora sólo tengamos partidos medianos.
¿Ya no se identifica la mayoría de los votantes con un partido? ¿Predominan quienes no votan siempre al mismo partido?
Los votantes en Alemania son ahora más exigentes. El porcentaje de votantes “flotantes” se ha duplicado en los últimos 20 años. Si bien continúa existiendo el compromiso con un partido, su importancia disminuye. En caso de mayorías exiguas, deciden siempre los votantes que se deciden tarde.
¿Se debe ello a que los electores ven desdibujarse el perfil de los partidos políticos?
Los votantes aspiran a una diferenciación e incluso a una polarización entre los partidos políticos. Quieren saber qué se les ofrece y con qué partido obtienen los mayores beneficios. Es decir, quieren ver las diferencias… pero no las encuentran. También la coalición de los grandes partidos políticos, CDU/CSU y SPD, difumó los perfiles.
¿Cómo puede verse ese proceso en el contexto europeo?
Alemania se ha vuelto a ese respecto más europea. Ahora tenemos una república policroma con diferentes opciones de Gobierno. Hoy se necesitan nuevas fórmulas para acceder al poder. La fórmula partido grande más partido pequeño ya no funciona automáticamente. Por ello habrá seguramente dificultades para lograr mayorías, procesos difíciles, menos estabilidad gubernamental.
¿Retornan ahora los partidos políticos a posiciones más definidas?
No lo veo así. Las posiciones son difusas. Tenemos un sector conservador que abarca muchos partidos. Y tenemos un sector de izquierda defectuoso, caracterizado durante largo tiempo por el tabú de una cooperación entre el SPD y La Izquierda, y al que no se puede sumar sencillamente a Los Verdes. El mecanismo Gobierno versus oposición, por el contrario, vuelve a funcionar.
¿Qué cuestión central definió estas elecciones?
La economía, sin duda. Los votantes premiaron a quienes consideraron más capaces de resolver la crisis económica y financiera, así como de generar un nuevo auge económico. Esto último se lo atribuyeron sobre todo al FDP. Interesante es que el acostumbramiento a la crisis influyó sobre el resultado de las elecciones. Al principio primó la cuestión de la seguridad económica sobre el tema de la justicia social. Pero ello cambió antes de las elecciones: la justicia social volvió a adquirir mayor importancia.
¿Por qué perdió tantos votos el SPD?
Lo decisivo fue que el SPD no tenía perspectiva alguna de poder. Importante también fue que como el partido está redefiniéndose, no pudo transmitirle al votante la esencia tradicional de su identidad, es decir, la cuestión de su posición con respecto a la justicia social.
¿Cuáles son los mayores desafíos para el nuevo Gobierno?
¿Cómo puede recuperarse un espacio de acción cuando prácticamente no hay dinero para hacer política? Ése es el desafío central. Y si se intenta hacer política –por ejemplo consolidando el presupuesto, con programas de ahorro o un aumento de la recaudación impositiva– deben repartirse en forma justa las cargas, necesarias debido a la crisis económica y financiera. Sólo así se logrará conservar las mayorías. Sólo si el Gobierno logra acceder a dinero, podrá poner acentos en las políticas de integración, educativa y climática.













