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TRES VOCES DESDE AFUERA

Una mirada sobre Alemania

Tres de más de 1300 corresponsales extranjeros en Berlín: ¿cómo ven la unidad y cómo ven a Alemania en el año veinte de la reunificación?

La reunificación de Alemania comenzó en Danzig

Una escena hace muchos años. El tren de París a Varsovia entra en la estación Friedrichstrasse, en Berlín. En los andenes vigilan soldados fronterizos de la RDA con perros, se oyen pasos de guardias que caminan sobre el techo de los vagones, otros efectivos armados observan cómo el tren es despachado. En los vagones se controla minuciosamente el equipaje de los viajeros que siguen hacia Varsovia. Bienes prohibidos, entre ellos revistas occidentales, son confiscados. Ello vale no sólo para la revista “Der Spiegel”, sino también para “Le Point”. Quien lo vivió sabe bien qué tipo de país era la RDA. “Der Spiegel” podía leerse en Varsovia gratis en las salas de lectura pública de prensa extranjera y esa posibilidad existía incluso en Moscú. También por ese motivo, el “Estado de obreros y campesinos” amigo de Polonia era objeto de muchas burlas: la RDA era una “republiquita”, un país aislado del mundo.

La alegría por la caída del Muro de Berlín fue en Polonia grande y de corazón. Primer ministro era entonces Tadeusz Mazowiecki, que provenía de filas de “Solidarnosc”. Los líderes de “Solidarnosc” ya habían anunciado tempranamente que nada tenían contra una reunificación de Alemania, ya que Polonia estaba separada de Occidente, del que siempre se sintió parte, justamente por la RDA. El fin de la RDA era visto como una buena posibilidad para deshacerse de la tutela de la Unión Soviética.

Delante del Reichstag se halla desde hace un año un trozo de pared de los astilleros de Danzig. La leyenda dice que se trata del trozo sobre el que saltó Lech Wałesa para organizar la huelga histórica. Sin ese salto, el Muro de Berlín hubiera existido hasta bastante después de 1989. No obstante, son Mijaíl Gorbachov y Helmut Kohl, el canciller de la unidad, los festejados por sus méritos en relación con la unificación de Alemania y de Europa. Ya hace algunos años se colocó en el Reichstag una placa en la que se agradece a Hungría haber cortado en la primavera de 1989 la alambrada de púa en la frontera con Austria, lo que dio pie a una ola de huidas de la RDA. De Wałesa no se volvieron a acordar los alemanes sino hace poco. ¿Habría de esperarse de los alemanes más sensibilidad o incluso agradecimiento? Quizás en el área de la simbología política. En la política real, Alemania hizo mucho por Polonia, apoyando a Varsovia en sus esfuerzos para que el país pudiera ingresar a la Unión Europea.

Luego de la reunificación, sobre todo los alemanes del este tuvieron ciertas reservas con respecto a los polacos. Éstos, por naturaleza anticomunistas, no pueden entender el fenómeno de la popularidad de los poscomunistas y del partido “La Izquierda” en el este de Alemania. Por otro lado, admiran las autopistas en el este de Alemania y las magníficas estaciones de ferrocarril. Son regalos de la “vieja” República Federal. Por ello, los ex ciudadanos de la RDA son realmente envidiados por los polacos. Pero ahora Polonia recibe regalos similares de la Unión Europea… también gracias a la Alemania reunificada.

Piotr Jendroszczyk informa desde hace cuatro años como corresponsal en Berlín para el diario “Rzeczpospolita”, uno de los mayores periódicos de circulación nacional en Polonia.

Europa debe transformarse en un “Estado Federal” Europeo

Alemania se ha transformado. Cuando el mundo la felicitó en noviembre de 2009 con ocasión del 20 aniversario de la caída del Muro, muchos recordaron también el gran papel que Alemania desempeña en la profundización de la integración europea. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, dijo con ocasión de la celebración ante la Puerta de Brandeburgo: “Somos hermanos, somos berlineses”, por lo que fue frenéticamente aplaudido. Ese estado de ánimo se ha enfriado algo. Debido al caos en los mercados financieros se teme por el futuro de la unión monetaria, que también entra en crisis como modelo para una futura unión monetaria asiática.

Sólo hay una solución: igual de duro como se trabajó para superar los desequilibrios entre el este y el oeste, se debe trabajar ahora en relación con el sur de Europa. El paraguas de rescate de 750 mil millones de euros en combinación con medidas de consolidación fueron decisiones correctas. Las medidas para superar la crisis del euro han sido aprobadas, la cuestión es ahora cómo implementarlas. La población alemana debe superar su antipatía contra la sensación de ser el “pagador” de todo. Para un país como Alemania, fuertemente descentralizado, es difícil transferir cada vez más poder a Bruselas. El Gobierno ha manifestado a menudo su voluntad de querer ser un motor de la integración europea, pero para ello es también necesaria la disposición de la población. En la historia reciente de Alemania se registraron cada diez años cambios en el “sentimiento popular”: luego de la división primó en los años 1950 un sentimiento de “tristeza”, que Alemania Occidental superó en los 1960 con el “milagro económico”. Con la reunificación en los años 1990, Alemania cobró un fuerte impulso, pero desde la unión monetaria, en 1999, se propaga un sentimiento de temor. Es necesario aceptar ese temor y mostrar tolerancia para seguir llevando adelante la integración europea.

Si Alemania no coopera en ello, decepcionará a sus vecinos. Pero tampoco puede formular sus opiniones con demasiada insistencia. Sin el consentimiento alemán y sin la solidaridad europea no podrán regularse los impredecibles mercados financieros y la integración europea no podrá avanzar. La canciller federal, Angela

Merkel, dijo recientemente: “Si fracasa el euro, fracasa Europa”. Así como Alemania superó los particularismos regionales para transformarse en una República Federal, ahora es tarea de Europa transformar en la próxima década en un “Estado Federal Europeo”.

Shogo Akagawa es corresponsal jefe del diario económico japonés Nikkei y analiza las políticas económicas y financieras alemana y europea.

Existe mucha admiración por el proceso de reunificación

El 3 de octubre de 1990 es una fecha que poco le dice a los franceses. Colegas franceses se sorprenden de que el 3 de octubre sea un feriado en Alemania y no saben qué importancia tiene. Puede partirse de que el 20 aniversario de la reunificación alemana, en octubre de 2010, pasará en mi país prácticamente desapercibido.

En Francia todo el mundo sabe, sin embargo, qué sucedió el 9 de noviembre de 1989. Todo francés recuerda el júbilo de los alemanes del este entrando a raudales en la parte occidental de Berlín. Consecuentemente se rindió homenaje en Francia también el pasado otoño a los 20 años de la caída del Muro: todos los diarios publicaron suplementos especiales, se emitieron numerosos programas de radio y televisión e incluso se celebró una fiesta en la Place de la Concorde, en París, transmitiéndose las celebraciones en Berlín. Nada pareció excesivo para celebrar el fin de la Guerra Fría y de la división de Alemania. Fue como si los franceses hubieran querido arrojar una nueva mirada sobre los sucesos. Como si aún tuvieran una cuenta abierta.

Para los políticos franceses fue quizás una especie de compensación por el escepticismo que reinó en Francia los primeros meses después de la caída del Muro. Aún cuando el por entonces presidente francés, François Mitterrand, no expresó reparos en discursos públicos con respecto a la reunificación alemana, hoy se sabe que el entusiasmo detrás de bambalinas era reducido. También el viaje del presidente francés a la RDA en diciembre de 1989 dejó una rara impresión anacrónica. Habían revivido los viejos temores franceses ante un posible retorno de una gran Alemania, demasiado fuerte. Recuerdo que muchos diarios franceses publicaron en sus primeras páginas una amenazante águila alemana. Pero finalmente París se adhirió a la perspectiva de la reunificación.

Hoy se admira ese proceso de inclusión de la ex RDA en la República Federal. A menudo se oye decir a políticos que Francia no hubiera tenido la energía para hacer algo así. Se tienden a olvidar o relativizar las dificultades aún existentes en los Länder del este de Alemania. Desde que Alemania está reunificada y Berlín ha vuelto a ser su capital, también la imagen del país en Francia ha cambiado. La asociación mental de Alemania con la Segunda Guerra Mundial se desvanece de a poco. En su lugar se habla del nuevo cine alemán, y algunos artistas o directores son más celebrados en París que en Alemania. Con simpatía se observaron también las alegres expresiones de patriotismo durante el Mundial de Fútbol 2006 en Alemania. Los periodistas alemanes que me preguntaron por mi opinión al respecto parecieron aliviados cuando dije que me alegraba.

Simultáneamente, el comportamiento de Alemania en la crisis del euro despierta una y otra vez airadas reacciones en Francia. Que Alemania ya no acepte más pagar sin decir nada, como antes, ven los franceses con escepticismo. Algunos comentaristas acusan a Berlín de no interesarse más por Europa. Y ello sólo porque Alemania entiende de manera diferente el Pacto de Estabilidad. Es una tensión que no contribuirá a que Francia festeje los 20 años de la reunificación con el mismo entusiasmo que el aniversario de la caída del Muro en 2009.

Cécile Calla vive desde 2003 en Berlín. De 2006 a marzo de 2010 fue corresponsal del diario francés “Le Monde”. Ahora informa como periodista independiente para diversos diarios y revistas franceses. Sobre sus experiencias en Alemania publicó en 2009 un libro: “Tour de Franz”.

04.06.2010
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