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PUEBLO ENERGÉTICO

Un lugar con mucha energía

Los pueblos bioenergéticos siguen su propio camino. El municipio bávaro de Ascha demuestra lo bien que funciona cuando todos participan.

Johannes Göbel y Dominik Gigler (fotos)

LA ELECTRICIDAD ECOLÓGICA es la única opción en Ascha. A los conductores de vehículos esto les queda claro en cuanto se acercan por la carretera en dirección norte a este municipio al borde del Bosque Bávaro. Poco antes de llegar, entre campos de maíz y cereales, se recoge una cosecha especial. Sobre una superficie de unas tres hectáreas y media se suceden los seguidores solares, 285 imponentes equipos que se orientan hacia el sol cual plantas futuristas y generan hasta 876 kilovatios. Esto supone aproximadamente un 70 por ciento de la potencia de energía solar instalada en Ascha. Quien se encarga de “cultivar” este campo solar es Franz Berl. Berl no es agricultor, sino un electricista que trabaja en una fábrica de tejas cercana. El hecho de que, además, gestione en solitario el parque solar y lo haya financiado como único inversor con una suma de 4,2 millones de euros, es una de las particularidades del “pueblo bioenergético” de Ascha.

Ascha tiene unos 1500 habitantes y es uno de los 72 pueblos bioenergéticos de Alemania. Gracias a la enorme colaboración de sus habitantes, estas comunidades consiguen abastecerse energéticamente sin depender de las grandes empresas. Redes eléctricas y de calefacción autogestionadas hacen que los precios sean estables y las plantas propias crean puestos de trabajo. Una de las defensoras de los pueblos bioenergéticos, cuya cifra ha aumentado en gran medida en los últimos cinco años, es la Ministra Federal de Agricultura, Ilse Aigner. Ésta destaca las posibilidades que ofrece el concepto: “Impulsa el desarrollo de los municipios, aumenta el valor añadido de las regiones y hace que toda una comunidad se identifique con el proyecto”. Algunas comunidades alimentan las redes de abastecimiento incluso con más energía de la que requieren. En el caso de Ascha, casi una quinta parte de la electricidad que genera. Este excedente proviene del parque solar de Franz Berl y de numerosas instalaciones fotovoltaicas privadas y públicas, así como de una instalación de biogás, que produce electricidad a partir de maíz e hierba. “Mi familia vive en Ascha desde hace generaciones”, cuenta Franz Berl. “Por supuesto que me alegra participar en el pueblo bioenergético con un proyecto emblemático”. Antes de poner en servicio su parque fotovoltaico en 2008, Berl cavilaba acerca de las ventajas de las energías renovables. “Pensaba que así no se podía seguir con los recursos no renovables como el carbón y el petróleo, ni con la energía nuclear. En nuestra región hay mucho sol y el Gobierno Federal ofrece atractivas ayudas para la energía solar desde la aprobación de la ley de energías renovables en 2004”, recuerda Berl. “Recibí un apoyo importante por parte de mi banco, que me concedió el crédito, y del alcalde Zirngibl, que promocionó el proyecto”.

Wolfgang Zirngibl parece un hombre satisfecho. Se apoya relajado en la barandilla del puente situado delante de la iglesia barroca tardía de Ascha. Justo al lado de la iglesia está el ayuntamiento en el que el Alcalde habla sobre la transformación de Ascha en un pueblo bioenergético. Zirngibl es el alcalde del municipio desde 1990 y desde entonces ha impulsado diversos proyectos energéticos. “Al principio, la idea era hacer algo por nuestra tierra y por la naturaleza, pero rápidamente pasamos al tema de la energía”. El primer proyecto de envergadura fue la construcción en 1995 de una planta de biomasa para calefacción que aprovecha los restos de madera de los bosques locales y que hoy proporciona calor a 75 viviendas privadas, el polígono industrial, la guardería, la escuela, la iglesia, el centro cívico y la casa del club de tiradores. En 2001 se erigió una instalación de biogás. Y a ésta le siguió en 2004 una instalación solar ciudadana: el municipio puso el tejado de una nave a disposición de todos aquellos que quisieran poner allí una pequeña instalación fotovoltaica. Más de una decena de ciudadanos lo han hecho y alimentan la red eléctrica local con hasta 37,95 kilovatios. Este éxito y una campaña informativa han hecho que cada vez más propietarios de casas instalen paneles solares en sus tejados. “Hay que movilizar a la gente”, explica Wolfgang Zirngibl. Su deseo es que algún día Ascha pueda generar por sí misma toda la energía que necesita y está pensando en las posibilidades que ofrece la energía eólica y la electromovilidad. “Quizás podamos subvencionar a los ciudadanos dispuestos a usar vehículos eléctricos”.

En la escuela primaria de Ascha también se ocupan del futuro. El colegio ha sido premiado en varias ocasiones como “Escuela ambiental de Europa” y en ella los niños aprenden, por ejemplo, a bajar la calefacción cuando se abren las ventanas y a no dejar los aparatos eléctricos en stand-by de manera innecesaria. “Integramos en las clases los temas sobre energía y medio ambiente”, comenta la directora del colegio, Petra Wutz. Y es evidente que el tema también es importante en casa: “Recogemos agua de lluvia en un depósito”, cuenta orgulloso Thomas, de 8 años. ¿Qué más aporta esta concienciación? “Ahorramos dinero”, dice Pia, una compañera de Thomas, sonriendo tímidamente.

Maria Kulzer ha hecho toda una inversión. Primero renovó toda su casa para ahorrar energía hace un par de años. Ésta no parece que tenga más de 30 años: modernas paredes de madera, enlucidos de vivos colores, todo agradable y luminoso, gracias también a las grandes y caras ventanas de aluminio y cristal. “Vienen a ser el Mercedes de las ventanas”, apunta sonriendo satisfecha. Para ella el ahorro energético merece la pena, ya que las ventanas aíslan el calor de manera eficiente. Maria Kulzer lleva once años trabajando de forma honoraria como “directora de proyectos energéticos” de Ascha. Asesora a los propietarios de viviendas y los pone en contacto con expertos. Con su labor ya ha contagiado a muchos conciudadanos. “Cuando das ejemplo de manera convincente, los demás te siguen”.

A su hermano no tuvo que convencerlo. Andreas Kulzer, arquitecto paisajista, asesora a municipios a través de su oficina de planificación de alcance suprarregional acerca de la manera de implementar el Programa 21 de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro. A esto se suma desde hace tres años su otro puesto de trabajo como gestor de la planta de biomasa para calefacción de Ascha. Kulzer es uno de los fundadores de la sociedad “Nah­wärme Ascha GmbH” que explota la planta de biomasa desde 1995. Se coloca junto a una de las grandes calderas y nos cuenta lo que le motiva: “Aquí de verdad se puede pensar globalmente y actuar de forma local”. Y en cuanto a la energía del futuro, Ascha muestra también una posibilidad en un nuevo barrio residencial que va a ser abastecido por completo con calefacción de procedencia cercana. Además se está construyendo otra planta de biogás, que transformará pellets de madera en electricidad. Andreas Kulzer quiere que la historia del pueblo bioenergético de Ascha no termine aquí: “Nuestro municipio puede hacer que algo cambie y tenemos que aprovechar esta oportunidad”. ///

29.07.2011
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