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Un ejemplo para el sector

Para el fabricante de artículos de papelería Faber-Castell, Brasil es una sede importante. La empresa alemana cuenta allí con 3000 empleados, que se benefician del ejemplar compromiso ecológico y social de este grupo internacional

Jörn Breiholz

“Estamos recogiendo ahora lo que sembraron nuestros antecesores”, afirma Thomas Knäble, químico y responsable en todo el mundo de la principal materia prima para Faber-Castell: la madera. “Gracias a la inteligente política de nuestros predecesores, hoy somos un gran procesador de madera en Brasil que tiene su propia producción, lo cual nos permite contar con nuestra principal materia prima en la calidad y cantidad que precisamos.” Faber-Castell plantó hace más de 20 años a unos 600 kilómetros al norte de São Paulo, en Prata, en el Estado de Minas Gerais, su primera plantación de madera para no tener que seguir comprando la madera en el mercado y para asegurar en el futuro sus necesidades de esta materia prima con su propia producción maderera. Una de las personas que han participado en este proyecto desde un principio es Jairo Cantarelli. “La nueva plantación se planificó en aquel entonces con una fuerte visión ecológica”, explica el ingeniero mecánico brasileño.

Poco antes, la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo había publicado el Informe Brundtland e impulsado así el debate en torno al hoy tan citado término de la sostenibilidad. “Para mí, como joven ingeniero fue una experiencia única poder participar en este proyecto piloto”, comenta Cantarelli, de 53 años, que hoy sigue trabajando para Faber-Castell. “Antes, la madera procedía de todo tipo de bosques y la calidad y el origen eran, a menudo, difíciles de controlar”. Con su propia producción de madera, Faber-Castell quería crear las condiciones adecuadas, afirma él.

Faber-Castell es uno de los grandes en el sector. Con una capacidad para dos mil millones de lápices, puede cubrir un diez por ciento de la demanda mundial, pero para ello necesita una gran cantidad de madera. Los lápices de grafito y de colores son, junto a otros artículos como plumas estilográficas o lápices especiales para dibujo técnico, tan sólo un producto, pero uno de los más importantes. Faber-Castell produce en diez países y emplea a más de 7000 personas en todo el mundo. La familia, actualmente la octava generación, lleva al frente de la empresa desde hace 250 años.

La mayor subsidiaria del grupo se halla en Brasil. En la mayor fábrica de su tipo, 3000 empleados producen sobre todo lápices para el mercado americano. Faber-Castell inició su actividad en Brasil allá por los años 1930 y es conocido en el país por su compromiso social y ecológico. “Quien cultiva madera en Minas Gerais, por ley, tiene que reservar un 20 por ciento de la superficie cultivada a la naturaleza para que en ella puedan habitar la flora y la fauna locales”, explica Jairo Cantarelli. La plantación de Faber-Castell ha reservado a la naturaleza incluso un 30 por ciento de las 10.000 hectáreas totales, es decir, unas 3000 hectáreas. “Nos repercute favorablemente, puesto que la madera cultivada en un entorno natural crece mejor y tiene mayor valor”. El directivo, responsable de la producción maderera de la empresa en Brasil, menciona como ejemplo el tema de las hormigas. A estos aplicados insectos les gusta comer especialmente las hojas de árboles jóvenes. “Gracias a nuestra gran superficie de bosque natural contamos con muchos más animales en nuestras plantaciones, como, por ejemplo, osos hormigueros, que nos ayudan a reducir la población de hormigas. De este modo necesitamos menos productos químicos para proteger a los árboles jóvenes”.

Lo que tal vez fuera motivo de sonrisa en el momento de establecer la plantación hace más de 20 años, es considerado hoy como modélico y tiene consecuencias positivas. “No sólo los clientes privados, sino, sobre todo, los clientes comerciales, que compran nuestros lápices en grandes cantidades, quieren una mercancía producida de forma ecológicamente correcta”, explica Cantarelli. Faber-Castell puede demostrar su compromiso con la naturaleza mediante certificaciones como la etiqueta internacional FSC, que garantiza una silvicultura sostenible.

Faber-Castell es también miembro del Pacto Mundial, una iniciativa creada por las Naciones Unidas para conseguir un compromiso de las empresas en responsabilidad social, y de la iniciativa internacional de Negocios y Diversidad Biológica, que fue creada en Alemania en 2008 en el marco de un convenio sobre biodiversidad. Faber-Castell también aplica sus propias fórmulas en el trato con sus empleados. Hace diez años, firmó una carta social con el mayor sindicato alemán, el IG Metall. La idea surgió tras una visita de la fábrica en Brasil. Este documento garantiza a los empleados los derechos de las normas fundamentales desarrolladas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como la negociación de convenios colectivos, la libertad de asociación o el salario mínimo. Los empleados en Brasil se benefician, además, de la comida subvencionada que se ofrece en el comedor de la empresa, de salarios más altos y de sub­sidios para la atención sanitaria. Aparte de esto, la fábrica brasileña financia la formación escolar, ofrece cursos de preparación para la universidad y participa activamente en las comunidades, por ejemplo, apoyando económicamente el trabajo de voluntarios. “De esta manera vinculamos a nuestros empleados con la empresa”, afirma Hermann Belch, responsable de medio ambiente, asuntos sociales, seguridad y calidad en la central de Faber-Castell en Alemania. Y no sólo eso: la gran satisfacción e identificación de los empleados con la empresa hacen que el índice de bajas por enfermedad sea notablemente inferior.

Cada dos años, sindicalistas alemanes, como el Secretario de IG Metall, Bert Römer, junto con sus colegas sindicalistas de los distintos países, comprueban si la empresa cumple el acuerdo. “Faber-Castell actúa de manera ejemplar en sus empresas internacionales”, afirma el sindicalista Römer. El acuerdo es válido para todo el mundo y hace varios años que los empleados de otros centros de producción de Faber-Castell también se benefician del mismo. Se trata de una actitud pionera. “La colaboración con Faber-Castell supuso la introducción en el sector de una mayor responsabilidad social de las empresas en todo el mundo”, dice Bert Römer.////

12.11.2010
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