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El dique de los sueños

Barcos de ensueño construidos en Alemania. Cruceros de lujo de los astilleros Meyer Werft surcan los mares del mundo. La empresa familiar trabaja desde hace más de 200 años en Papenburg… tierra adentro.

Martin Orth

A Bernard Meyer le gusta salir de crucero. Pero más le gusta estar en casa, en Emsland. Allí tiene su hogar, su familia y su empresa. Lo que no le gusta es el lujo. No juega al golf, no colecciona obras de arte y a trabajar va en un coche económico. Bernard Meyer es ingeniero naval. Los cruceros son su negocio: es director en sexta generación de los astilleros Meyer Werft, en Papenburg, y transformó la empresa familiar de 200 años de antigüedad en un global player. Los astilleros Meyer Werft construyen barcos dos veces más altos que la Puerta de Brandeburgo. Las pequeñas ciudades flotantes están concebidas para 4000 pasajeros, más que el número de habitantes de Wangerooge, Spiekeroog y Langeoog, populares islas turísticas del Mar del Norte. Los cruceros de lujo son construidos en gigantescos diques, por los que podría pasar sin más un Airbus A380. Y casi 300.000 personas visitan anualmente los astilleros. Sin contar a las decenas de miles de personas que van a ver cómo un gigante de los mares navega por el Ems 40 kilómetros desde Papenburg hasta el Mar del Norte. El próximo espectacular acontecimiento tendrá lugar a mediados de marzo, cuando se entregue el “Celebrity Eclipse”. La navegación por el Ems es una maniobra milimétrica. El estrecho río debe ser represado para que los gigantes puedan navegar en dirección al mar. Bernard Meyer observa la escena vestido de jeans, estrecha manos y saluda una y otra con un sonoro “moin”, como es de uso en la región. Bernard Meyer, de 62 años, está firmemente arraigado en su tierra. Nación en Papenburg, una pequeña ciudad de 35.000 habitantes en las llanuras de Emsland. En el extremo noroccidental de Alemania, la gente vive al ritmo de las mareas. Marea alta y marea baja. Ello invita a la calma. La vanidad y las grandes palabras no tienen cabida aquí. Lo importante es tener los pies en la tierra y ser solidario.

Bernard Meyer comanda su empresa como un capitán, con perspectiva y responsabilidad para con sus 2500 empleados, en tiempos de bonanza y en tiempos de crisis. A veces tiene que cambiar el rumbo. Luego de asumir en 1982 el astillero de su padre, fue su idea apostar por los cruceros. En 1985 fue botado el “Homeric”, el primer crucero de Meyer Werft. Hasta el 2013 habrán sido construidos 35 cruceros de lujo. En los dos diques techados se están construyendo actualmente tres barcos. En el dique 1 se sueldan los bloques del “Aida Sol”. Tres cuartas partes de la construcción de acero están ya terminadas. En el dique 2 flota el “Disney Dream”, probándose los motores con hélices de tracción nula. Al lado se construye la parte central del “Celebrity Silhouette”.

La construcción de cruceros es una obra maestra técnica y logística. Cada barco está compuesto por 15 a 18 millones de partes. En la construcción participan hasta 2000 abastecedores. En los periodos de punta trabajan en el astillero hasta 6500 personas. Meyer Werft es contratista general. La participación propia alcanza a sólo el 25 por ciento. Ello se debe a que, a diferencia de la construcción de automóviles o de aviones, el astillero produce unidades únicas o series pequeñas de dos a seis barcos, que se diferencian entre sí sobre todo por el equipamiento. Y ello es tarea de abastecedores altamente especializados. Un ejemplo: con sus cruceros, Meyer Werft es también el mayor constructor de teatros de Alemania. Con especificaciones muy particulares. Un ejemplo: a diferencia de la construcción en tierra, un ascensor debe funcionar también en caso de una inclinación de 20 grados. Y no debe olvidarse que la pequeña ciudad flotante lleva a bordo también sus propios servicios municipales.

El corazón técnico de la construcción de barcos en Papenburg es el mayor centro de rayos láser de Europa. En la fábrica digital son soldadas las partes de acero siguiendo planes CAD. Para ello se emplea un procedimiento desarrollado en el propio astillero, la soldadura de láser híbrido, que garantiza mayor velocidad, menor distorsión gracias a temperaturas más bajas, una mejor solidez y con ello menores costes en comparación con la soldadura tradicional. Así, de enormes planchas de acero surgen secciones con perfiles y paredes laterales. Ocho secciones conforman un bloque, en el que ya están incluidas todas las instalaciones para conducción de cables, tubos y clima acondicionado. De unos 70 bloques, de hasta 800 toneladas de peso cada uno, surge en el dique el barco, como un modelo para armar. El principio de construcción de los cruceros sigue siempre un modelo similar. Abajo, las máquinas; en el medio, los sectores abiertos, tales como bares y restaurantes; encima, las cubiertas con las cabinas y arriba, el sector de esparcimiento, con piscinas y solarios. Ese sector es coronado en el “Disney Dream” por un tobogán acuático de 245 metros de largo.

El mercado de cruceros crece a tasas del cinco al diez por ciento por año. Cada vez más gente quiere experimentar el Caribe o el Mediterráneo, el Báltico o Alaska a bordo de un crucero. Tres grandes navieras estadounidenses se reparten el mercado: Carnival („Aida“), Royal Caribbean („Celebrity“) y Star Cruises. Disney descubrió recientemente el negocio. Los cruceros son construidos hasta ahora exclusivamente en Europa, en los astilleros Meyer Werft, en la empresa estatal italiana Ficantieri, en Francia y en Finlandia. Meyer trabaja para todas las grandes navieras de cruceros.

¿Cuál es la receta del éxito de los astilleros Meyer Werft? Primero, ser una “empresa familiar”. Ello garantiza continuidad y desarrollo a largo plazo en lugar de maximización de ganancia a corto plazo. Otro factor del éxito es la temprana orientación hacia el exterior. Ya en los años 50, el padre de Bernard Meyer comenzó una intensa relación de negocios con Indonesia. Hoy navegan en el archipiélago 24 barcos de pasajeros de Papenburg. Los astilleros Meyer Werft exportan el 100 por ciento de su producción. Otra razón es la clara predilección por “made in Germany”. El 75 por ciento de un crucero proviene de empresas subcontratistas, de las cuales el 80 por ciento son alemanas.

Bernard Meyer tiene su oficina en el cuarto piso de la central administrativa, modesta en comparación con los astilleros. La gerencia está equipada como el puente de mando de un crucero. Todo en blanco, con un noble piso de madera, grandes ventanas y con vista hacia el puerto industrial. Sobre el escritorio de Meyer se amontonan copias cianográficas y contratos. Bernard Meyer es un ingeniero naval de pura cepa. “BM”, como lo llaman en los astilleros, aparece a menudo en los diques de construcción. Cuando no visita a clientes en Miami o se halla de crucero, desarrolla estrategias en su escritorio. Por ejemplo una alianza con la empresa alemana Osram, especialista en lámparas. Con el empleo de LED, de bajo consumo, y otras mejoras, en el “Celebrity Eclipse”, entregado a principios de año, el consumo de combustible pudo reducirse en un 30 por ciento. Un departamento propio de investigación desarrolla constantemente nuevas mejoras.

Cuando, el 30 de octubre, el “Disney Dream” salga de dique y navegue a mediados de noviembre en dirección al Mar del Norte, decenas de miles de personas podrán admirar nuevamente desde la ribera una obra maestra de Papenburg. Con 19 pisos, un largo de 370 metros y un ancho de 37, el “Disney Dream” será el mayor y, a un coste de más de 600 millones de euros, el más caro crucero construido hasta ahora en Alemania. Bernard Meyer estará presente. Y también su hijo mayor, Jan, que ya trabaja en la empresa y dirige el departamento de construcción.////

19.08.2010
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