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La profesión soñada: diseñador de moda

Más de 40 escuelas de moda alemanas con diferentes especialidades llevan a esta meta. Una nueva generación de profesores muy cualificados muestra el camino a seguir

Joachim Schirrmacher

La mayoría de los diseñadores de Europa estudian en Alemania, un hecho poco conocido a nivel internacional. Esto se debe, por un lado, a que Alemania no dispone, como Bélgica, Gran Bretaña o Japón, de una escuela de renombre, sino de docenas de escuelas. Por otro lado, estas escuelas se ocupan más de ofrecer una formación intensa que del prestigio exterior. Pero esto se pretende cambiar ahora gracias a desfiles y revistas propios.

Cada año, unos mil estudiantes se gradúan en las más de 40 escuelas de moda alemanas. Berlín es el centro creativo del sector con nueve escuelas de moda. Otras escuelas hacen un excelente trabajo en la provincia, como la Escuela Superior de Arte y Diseño Burg Giebichenstein de Halle, la Escuela Superior Niederrhein de Mönchengladbach, la Escuela Superior de Diseño, Técnica y Economía de Pforz­heim o la Escuela Técnica Superior de Artes Aplicadas Schneeberg de Zwickau. El número de solicitudes de admisión, entre ellas muchas procedentes del extranjero, es enorme. Sólo la Universidad de Bellas Artes y Música de Berlín recibe 700 solicitudes anuales, pero sólo puede admitir a 35 estudiantes.

Igual de extenso que el número de escuelas de moda es el abanico de conceptos de enseñanza. En algunas tiene preferencia la libertad artística, en otras la cercanía al mercado, en otras el boceto, en otras la realización técnica. La libertad de enseñanza recogida en la Constitución alemana permite a los profesores poner énfasis en diferentes aspectos. En la Escuela Superior de Arte y Diseño Burg Giebichenstein de Halle, por ejemplo, el objetivo principal no es preparar a los estudiantes para la industria, sino que éstos consigan abrirse su propio camino en el mundo de la moda mediante una carrera exigente intelectualmente.

La Escuela Superior de Diseño, Técnica y Economía de Pforzheim se propone “formar diseñadores de moda creativos con un estilo propio, que combinen individualidad, identificación de problemas y know-how técnico en conceptos innovadores”. Del programa forman parte, por ejemplo, las áreas: fundamentos del diseño, desarrollo de temas, conceptos cromáticos y de materiales, técnicas de corte y creación de colecciones, pero también informática, fotografía e idiomas. Pero más decisivo que estas herramientas es el desarrollo de una personalidad y un estilo propios. Esto es lo que transmiten los docentes que trabajan estrechamente con un número reducido de alumnos.

El nivel educativo ha aumentado en los últimos años debido a un cambio generacional. Muchos de los actuales profesores han estudiado en las mejores escuelas del mundo y han hecho carrera en el extranjero, por ejemplo como diseñadora jefe de Kenzo (París), Costume National (Milán) o Vivienne Westwood (Londres). Lo ideal es ver la moda en toda su complejidad. Se trata de reconocer a tiempo el potencial de mercado, los desarrollos sociales, culturales, económicos y tecnológicos, anticipar las modas y los cambios de valores. Se trata de entender lo que los clientes quieren, desean y escogen. Los estudiantes aprenden que una mirada precisa, imparcial y curiosa es igual de importante que la ruptura con lo existente para crear algo nuevo.

Además de diseñar un producto concreto, se trata cada vez más de crear identidades. Una tarea fascinante, pero difícil, puesto que las marcas necesitan continuidad, la moda, sin embargo, un cambio permanente. Los diseñadores aprenden a afrontar estas contradicciones y complejas tareas, por ejemplo, mediante proyectos con empresas. El vínculo entre cultura y economía es el verdadero punto fuerte del diseño. Mucho de lo que difícilmente se puede dilucidar teóricamente, encuentra una respuesta satisfactoria en un diseño concreto. En esto consiste en gran parte la magia del diseño. Un punto álgido de la carrera son las prácticas de medio año, que suelen ser obligatorias. Muchos prefieren hacerlas en el extranjero y pueden abarcar del concepto al diseño, del patrón al styling e incluso la venta.

“Nuestros diseñadores alemanes son igual de creativos que sus colegas de otros países”, dice Torsten Hochstetter, responsable, como director creativo, de 80 diseñadores de 20 naciones en el departamento de Sport Style de Adidas. “Pero a esto hay que añadir una gran calidad técnica”. Tan amplio como la oferta de formación es el ámbito de trabajo tras los estudios. Algunos consiguen uno de los 200 puestos de trabajo, aproximadamente, disponibles anualmente en la industria de la confección o en empresas de moda. Jan Kleeberg, por ejemplo, es gestor de productos de Hugo Boss y Claudia Bothe ayudante de Hussein Chalayan. Otros realizan labores afines. Annette Frommer diseña zapatos para Givenchy, Jenny Wolf trabaja como figurinista en la Ópera de Zúrich y Katharina Hirner trabaja como diseñadora en el área de Trim & Color del fabricante de coches Kia.

Joachim Schirrmacher, autor de este especial de moda, vive y trabaja en Hamburgo como asesor y periodista de moda y diseño en las áreas de cultura y economía.

14.01.2010
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