Como una enorme ola se levanta el Banco Europeo de Inversiones (BEI) en el bulevar Konrad Adenauer, en Luxemburgo. Su sede acaba de recibir un premio: como logrado ejemplo de sostenibilidad le fue otorgado un certificado BREEAM con la calificación “muy bueno”. Es el primer edificio en Europa en recibirlo. El método BREEAM, desarrollado en Gran Bretaña, evalúa las propiedades ecológicas de un edificio, desde la planificación, pasando por su construcción hasta su uso. La sede del BEI, inaugurada en junio de 2009, se semeja a medio tonel cubierto con un techo de cristal de 170 metros de largo y 50 de ancho, simultáneamente regulador del microclima e invernadero: una joya estética proyectada por el arquitecto Christoph Ingenhoven y un gran logro de ingeniería de Werner Sobek. El dúo ya había llamado la atención con su espectacular Lufthansa Aviation Centre en Fráncfort del Meno, que consume solo un tercio de la energía de un edificio de oficinas convencional.
Christoph Ingenhoven es especialista en el uso de energías renovables y recursos tales como la geotermia y el agua de lluvia, contándose entre los más perfilados arquitectos en cuanto a arquitectura sostenible y ecológica. Sus proyectos se orientan por los estándares ecológicos internacionales. Werner Sobek, ingeniero civil y arquitecto, profesor de la cátedra Mies van der Rohe en el Illinois Institute of Technology de Chicago, se especializó en sistemas de fachadas al más alto nivel técnico. Sobek trabaja junto con arquitectos de renombre internacional, como Zaha Hadid, Norman Foster y Helmut Jahn, en grandes proyectos en todo el mundo. Una de sus construcciones más revolucionarias es su casa privada en Stuttgart: un elegante cubo de cristal y acero, que demuestra como ningún otro edificio cómo puede construirse hoy ecológicamente. La casa cumple con el estándar “triple cero”, desarrollado por el propio Sobek. El estándar define qué requisitos debe cumplir un edificio para ser considerado sostenible: la casa de Werner Sobek no necesita energía, no emite CO2 y no genera residuos en caso de reforma o demolición. Es decir, que todos sus componentes pueden ser completamente reciclados.
Por el objetivo “triple cero” se orienta también el “Sello de Calidad de Arquitectura Sostenible”, otorgado en Alemania por primera vez en enero de 2009. El sello fue desarrollado por la Sociedad Alemana de Arquitectura Sostenible (DGNB), cuyo presidente es Werner Sobek, junto con el Ministerio Federal de Transporte, Obras Públicas y Urbanismo. Con el nuevo sello, la DGNB certifica edificios construidos ecológicamente, ahorrando recursos, económicamente eficientes y optimizados para los usuarios. La DGNB mide todos los aspectos de la construcción por el criterio de la sostenibilidad. La demanda del sello alemán, considerado de gran valor informativo y calidad a nivel internacional, ya es enorme: 40 edificios se hallan actualmente en proceso de certificación. El interés es grande en numerosos países por adoptar el método alemán de certificación o certificar edificios de acuerdo con ese estándar.
Según una encuesta de la asesoría de empresas Jones Lang LaSalle, más del 40 por ciento de las empresas en Alemania se propone prestar en el futuro más atención a la protección del clima a la hora de buscar edificios de oficinas o de producción. Los inmuebles ecológicos no sólo pueden ser mejor comercializados, sino que también son una tarjeta de presentación para las empresas: como defensoras del medioambiente y el clima. Ello fue una de las razones para que el Deutsche Bank transformara a alto costo sus relucientes torres en Fráncfort en “Green Towers”, con una nueva fachada ecológica.
También el aspecto de costes es importante: de los costes de todo el ciclo de vida útil de un edificio, sólo el 20 por ciento recaen sobre la construcción, mientras que el 80 por ciento corresponde al periodo operativo. Con precios de la energía en aumento, tratar de lograr una gran eficiencia energética es sensato no sólo ecológicamente. “El tema de la sostenibilidad es una cuestión pública”, dice Werner Sobek. “Avanzamos a gran velocidad porque el interés en el mercado es grande”, agrega Christian Donath, director gerente de la DGNB, remitiéndose a las muchas solicitudes de informes con respecto al sello de calidad. En la oficina de Stuttgart trabajan ya doce personas y la DGNB representa a unas 600 organizaciones del sector de la construcción y la vivienda.
Comenzar en pequeño lo que se promete en grande: tal el objetivo de un grupo de arquitectos de Berlín, conocido por su cooperación con el actor norteamericano Brad Pitt: Graft Architekten. El estudio proyecta actualmente un pabellón vivienda con el nombre “0 Energy House” en Kuala Lumpur, Malasia. El objetivo es ofrecer al exigente cosmopolita confort sin consumo de energía. La idea es integrar dinámicamente en el paisaje un pabellón vivienda de casi 1500 metros cuadrados. El área de vivienda se halla en el centro del edificio y ofrece un interior fresco en esa región caliente y húmeda. Todos los materiales de construcción serán renovables o reciclables.
Que justamente la joven generación de arquitectos piense en categorías “verdes” no es casualidad. “El movimiento verde no es un fenómeno pasajero. Es una necesidad, para mejorar y equiparar el estándar y la calidad de vida de todos los seres humanos. Por ese objetivo vale la pena luchar”, dice Stefan Behnisch, que tiene su estudio en Stuttgart. El arquitecto, que sigue las huellas de su padre, Günter Behnisch, famoso por su proyecto para el Parque Olímpico de Múnich, se dedicó ya tempranamente al tema de la sostenibilidad. “Crecí con la conciencia de que nuestro medioambiente es un recurso importante y escaso. También en mi familia fue siempre un tema importante”, dice Behnisch, que ya en 2002 recibió en París un premio de arquitectura ecológica. El jurado, presidido por Jean Nouvel, lo distinguió por dos proyectos de fuerte orientación ecológica: el Instituto de Ciencias Forestales y Naturales de Wageningen, Países Bajos, y un edificio de oficinas para la caja de jubilaciones LVA Schleswig Holstein, en Lübeck. Entre los más recientes trabajos de Behnisch se cuentan la sede central de Unilever Alemania, en Hamburgo, inaugurada en 2009. El edificio, con capacidad para 1200 personas, cumple con los más exigentes requisitos ecológicos. Es el mayor edificio del mundo con iluminación sólo de diodos emisores de luz, de alta eficiencia energética. También el mayor nuevo museo de Alemania es un proyecto de Stefan Behnisch: el espectacular “Ozeaneum”, en Stralsund. Su forma recuerda a la de un bloque errático de la edad de hielo. Por supuesto, también este edificio fue proyectado teniendo en cuenta la sostenibilidad… y es al mismo tiempo una joya arquitectónica.
Que la ecología no excluye la estética lo prueban los arquitectos en todo el mundo, no sólo en museos, sino también con verdaderas esculturas habitables. Entre ellas se cuenta la Wall House, del dúo de arquitectos germano-chileno FAR. Marc Frohn y Mario Rojas Toledo recibieron de un chileno el encargo de construir una casa unifamiliar. Ambos jóvenes arquitectos desarrollaron con su “Wall House” una tienda vivienda, cuyas paredes funcionan como capas de ropa, siguiendo el principio de la cebolla. Cada capa tiene sus peculiaridades climáticas, atmosféricas y materiales, que los habitantes experimentan como un juego de impresiones y atmósferas sensoriales.
También el arquitecto estrella estadounidense Daniel Libeskind trabaja actualmente en un proyecto sostenible. Libeskind, que proyectó el Museo Judío en Berlín y el plan maestro para Ground Zero, diseñó la “Villa Libeskind” para la empresa Rheinzink, en Datteln, Alemania: una escultura habitable hecha con materiales ecológicos. El edificio está dotado de un equipo de térmica solar sobre el techo, una instalación geotérmica en combinación con una bomba de calor y un sistema para el uso del agua de lluvia, que ayuda a ahorrar agua potable. La villa será al principio edificio para recepciones de la empresa y más tarde ofrecida por Proportion GmbH de Berlín a nivel mundial como sede de conferencias y exposiciones.
A pesar de todo el entusiasmo por la arquitectura ecológica, entre arquitectos surgen algunas críticas al concepto de sostenibilidad. “La sostenibilidad está por doquier, pero a veces se abusa del término”, dice el arquitecto Matthias Sauerbruch, copropietario del renombrado estudio Sauerbruch & Hutton, de Berlín. Recientemente, Sauerbruch y su socia, Louisa Hutton, hicieron furor con un proyecto para el Museo Brandhorst, en Múnich. La fachada de miles de plaquetas de cerámica recuerda a una pintura abstracta sobredimensionada. En el interior, una compleja tecnología de climatización asegura temperaturas ideales. En el edificio se aprovecha la energía calórica de las aguas freáticas con ayuda de una técnica especial de bomba de calor. Así se ahorra un 50 por ciento de energía térmica en comparación con climatizaciones convencionales. En el Museo Brandhorst estuvieron en primer plano los criterios de la arquitectura sostenible, pero también la veracidad. “En el caso de la ‘ecological correctness’, a menudo hay que preguntarse cuán sostenible es en realidad la sostenibilidad”, reflexiona Matthias Sauerbruch. Para él, la arquitectura sostenible significa “menos es más; además los edificios deben ser hermosos y estar bien construidos, para que sean amados también por las siguientes generaciones.”
De ello está convencido también Christoph Ingenhoven. Para este arquitecto de fama mundial, los edificios sostenibles deben cumplir con un requisito central: “Debemos concentrarnos en edificios que realmente se necesiten. Actualmente se construye mucho por razones de imagen y los edificios son derribados también rápidamente. Antes de la arquitectura ecológica habría que preguntarse por lo tanto: ¿es la decisión de construir realmente correcta?”













