Poseen un encanto que va de la nobleza a la excentricidad, del buen gusto al escalofrío, y son famosas también por su papel en la literatura: “townhouses”, las residencias urbanas en fila están consideradas el prototipo del estilo de vida británico. En las novelas de Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes trata de aclarar crímenes misteriosos en esos discretos palacios urbanos. En ellos se ocultó Drácula, y Francis Bacon pintó allí sus dolidos lienzos. Ya sean blancas o rojo ladrillo, victorianas o clasicistas, las sólidas casas del bienestar británico son la fachada de los sueños de quienes admiran a Inglaterra.
Pero desde hace algunos años, el término pierde en Alemania sus atributos típicos, para transformarse en un anglicismo inmobiliario en el centro de Berlín. “Townhouse” significa allí una nueva idea de vivienda urbana con creciente éxito. El primer impulso provino de urbanistas, por encargo del Senado: construir en terrenos baldíos del centro edificios menores, para evitar la monotonía que causan a menudo los grandes bloques. Simultáneamente se tenía la esperanza de que con esas casas de lujo se pudiera impedir que potentes contribuyentes se fueran a vivir a las afueras. El objetivo fue poner a disposición de exitosos profesionales independientes y familias de buenos recursos terrenos en el centro, donde pudieran llevar a la práctica sus propias ideas de vivienda urbana.
A tiro de piedra de la catedral y la plaza Schlossplatz, en la mejor de las ubicaciones, el Senado de Berlín puso a disposición en 2004 una gran superficie para la construcción de “townhouses”. Con el término, hasta entonces muy poco utilizado en Alemania, se quiso dar al experimento un toque de exclusividad. Y también las condiciones marco se conformaron de tal manera que fuera imposible asociarlo con casitas suburbanas uniformes, con techo inclinado y un jardincillo, que en alemán se llaman “reihenhaus”. Las 47 parcelas de un promedio de 6,50 metros de ancho cada una, se hallaban en inmediata cercanía del Ministerio de Relaciones Exteriores, agrupadas en dos bloques. Las casas podían ser diseñadas individualmente. Prescritas fueron una altura similar, de entre cuatro y seis pisos, y que las fachada dieran a la calle. El resto quedó a la libre imaginación de cada propietario.
Cuando el complejo quedó terminado, en 2008, de inmediato fue evidente que había sido todo un éxito. En la fila de casas verticales no había quedado ningún vacío. Sus estilos reflejan el pluralismo moderno: desde el estilo Bauhaus historizador, pasando por el discreto romanticismo de preguerra hasta la posmodernidad más estridente, no falta ninguna época de los últimos 200 años de la arquitectura. Como materiales fueron empleados revoque, mármol, ladrillo, vidrio, metal y madera. La gama de colores va desde amarillo vitelino y rosado salmón hasta plateado metálico y berenjena. Incluso arquitectos estrella, como David Chipperfield y Hans Kollhoff, diseñaron “townhouses” y las casas se han transformado en un imán para turistas de la arquitectura. Con el “understatement” de las nobles “townhouses” británicas –muy similares en el exterior, pero que despliegan su individualidad en el interior– la versión alemana tiene poco que ver. La inspiración para el multicolor popurrí de estilos arquitectónicos provino más bien de la transformación de los edificios en los muelles de Amsterdam a mediados de los años 1990.
Que las “townhouses” de Berlín tengan ya carácter modelo y hayan desatado una manía en la ciudad no sólo desata entusiasmo entre los berlineses, de por sí tendientes a la protesta. Sobre todo en los antiguos barrios alternativos de Kreuzberg, Friedrichshain y Prenzlauer Berg, los bloques de “townhouses” planeados son vistos como refugios para personas de altos ingresos y más de una visita de interesados ha sido disuelta por manifestaciones relámpago. Con la gentrificación de los famosos barrios de artistas y vida alternativa, las elegantes nuevas casas con jardín sobre el techo y garaje subterráneo, que cuestan más de un millón de euros o hasta 12.000 euros de alquiler, son vistas por los antiguos habitantes como una amenaza. Con la rápida transformación de barrios de apartamentos baratos en áreas residenciales de alto precio que tiene lugar en Berlín desde la caída del Muro, las “townhouses” pasan a ser el nuevo enemigo, y más de una vez objetos de ataques con bolsas de pintura.
La buena idea de casas verticales arquitectónicamente ambiciosas para superficies urbanas baldías no choca, sin embargo, con esa legítima preocupación. La mezcla de superficies habitables caras y baratas en un mismo barrio es mejor que la separación de una ciudad en barrios ricos y barrios pobres. Y las casas son para la diversidad urbana mejor que los grandes bloques de apartamentos, aún más cuando los diferentes estilos arquitectónicos de las casas se reduzcan a formas menos heterogéneas. Que el nuevo estilo logre alcanzar una inspiración e identificación similar al del modelo inglés es poco probable. Para ello, un escritor alemán debería inventar un conde Drácula en una “townhouse” de Berlín. Y ello no armonizaría con la nueva tendencia inmobiliaria.////














