Es probablemente uno de los patios de colegio más extraños del mundo. Rodeado de torres de oficinas y grúas de construcción, los niños juegan en el colegio Katharinenschule de Hamburgo, en una inmensa y abigarrada jaula sobre los techos del edificio. En una red de protección sobre un techo de luces cuelgan discos y pelotas, la estructura oblicua también está cubierta de redes. Pero los niños de nivel primario, con sus gritos de alegría, no parecen sentirse en una jaula –probablemente porque mientras juegan se olvidan de la vista y de lo extraño del patio en el techo de un edificio.
Pero sí lo notan los turistas que día a día acuden en masas a la HafenCity para informarse de los avances de la nueva ciudad que acogerá a 12.000 habitantes y 40.000 empleados. Continuamente suben por el ascensor a la quinta planta del bello centro de enseñanza para sacar fotos. Muchos de los conflictos que surgen al crear de cero un barrio entero se pueden observar con nitidez en este edificio. El hecho de que el patio del colegio se halle en un techo fue resultado de los elevados costos del metro cuadrado en esta zona tan codiciada de la segunda ciudad más grande de Alemania. La dificultad de hallar un lugar seguro para el juego de los niños entre vehículos de construcción, empinados muelles y la corriente de curiosos, demuestra cuán difícil es la compatibilidad de diversos modelos de vida en un sitio tan estrecho. Y la inseguridad de si el colegio conseguiría suficientes alumnos en un barrio de diseño es otro de los elementos que definen las dificultades de una empresa gigantesca, considerada el proyecto de desarrollo urbanístico más grande de Europa. A diferencia de barrios tradicionales, que han aprendido a funcionar a través del permanente cambio, en las 150 hectáreas en las antiguas instalaciones portuarias de la ciudad hubo que hacer tabula rasa y pronosticar todas las necesidades futuras: la demanda y las preferencias de los futuros habitantes, así como lo máximo que estaban dispuestos a invertir los inversores, a los que la sociedad de desarrollo urbanístico enfrentó con costes sociales y ecológicos, necesarios para que la nueva ciudad no esté dominada exclusivamente por intereses comerciales.
Lo más importante era calcular inteligentemente el punto de equilibrio entre superficie de vivienda y superficie de trabajo y comercial. Demasiados edificios de oficina desalientan a quienes buscan vivienda, que no desean vivir en un estéril valle de acero y cristal. Demasiada superficie de vivienda hace que no cierren las cuentas del Gobierno de la ciudad, ya que con espacio comercial recauda mucho más impuesto municipal sobre la actividad comercial e industrial. Solo apartamentos de lujo no es solución ya que desalienta a las familias y un barrio sin niños transmite una atmósfera desagradable y árida.
La HafenCity está surgiendo a orillas del Elba desde hace diez años y desea hacer todo mejor que otros famosos proyectos similares sobre ex instalaciones portuarias. Uno de los objetivos es crear una ciudad que desde el principio esté provista de las cualidades de un centro histórico urbano. Parques y bares, panaderías y museos, centros comerciales, rincones acogedores y llenos de vida. Una metrópolis en formato pequeño.
Alrededor de 30 grandes edificios ya están terminados, otros diez están a punto de concluirse. A ello se suman las obras en los extremos este y oeste de la primera fase de construcción: el edificio del semanario “Der Spiegel” y la nueva Elbphilharmonie de Herzog & de Meuron, un híbrido de sala de conciertos, hotel y apartamentos, revestido de ondas y gotas de cristal. Esta tercera parte de la superficie total de desarrollo de tres kilómetros transmite ya una idea concreta del aspecto que tendrá la HafenCity cuando esté terminada. Gracias a la combinación de densa edificación y espacios abiertos donde predomina el agua, se logra el difícil objetivo de crear a la vez una estructura urbana y viva. Los locales comerciales de primera categoría ofrecen a los paseantes artículos de té y moda para aficionados a los veleros. Pero también las necesidades básicas están cubiertas con panaderías, kioscos y cafés. La convivencia de ruidosas obras aún por terminar y partes ya habilitadas incluso aumenta el atractivo para los curiosos. También los ciudadanos de Hamburgo vagan con placer por los paseos marítimos que rodean los viejos muelles del puerto, ya que la imagen de la HafenCity cambia continuamente.
Además de las inmensas dimensiones del proyecto, son los renombrados arquitectos que aquí planifican y construyen quienes atraen el interés de visitantes e inversores, los cuales, pese a la crisis, no se cansan de invertir en terrenos. Richard Meier y David Chipperfield han diseñado edificios de oficina, Rem Koolhaas planifica un museo de la técnica en forma de anillo, Zaha Hadid construirá un paseo que servirá de puente con la ciudad antigua. Pero también participan arquitectos estrella de Alemania, como Hadi Teherani y Stefan Behnisch. Aunque en vista de ese grannúmero de arquitectos famosos se podría esperar una colección de obras arquitectónicas fuera de lo común, la imagen de la HafenCity es más bien sobria.
Los estrictos requisitos impuestos, por ejemplo el empleo de ladrillos rojos similares a los antiguos edificios de los silos cercanos, han limitado prematuramente la fantasía creadora. Aparte de algunos espacios de construcción claramente definidos en los que los arquitectos pudieron mostrar todo lo que puede la arquitectura moderna, lo que predomina es la monotonía serial de la expresión. Sin embargo, con su filosofía de guiarse por criterios de racionalidad, los urbanistas de Hamburgo han posibilitado elevados estándares de calidad. En su ambición por cumplir un “papel pionero como modelo para una ciudad ecológica”, con su sentido común las autoridades de planificación urbana de Hamburgo han hecho posible no solo una estructura para el barrio que permite reducir el tráfico, sino que también han creado un complejo sistema de certificación que obliga a los inversores a construir sus inmuebles de modo de producir la menor cantidad posible de CO2. Si en general se necesitan 600 gramos de CO2 por kilovatio/hora para la producción de electricidad, el valor actual del certificado ecológico “dorado” de la HafenCity se sitúa en 89 gramos. En el abastecimiento de calor se apuesta por fuentes de energía de bajas emisiones y renovables, como calefacción a distancia y energía solar.
Para fomentar la competencia por ofrecer la técnica medioambiental más innovadora entre los inversores, los terrenos no se adjudican a la oferta más alta sino según la capacidad de convicción del inversor que, aparte de tener en cuenta aspectos sociales, urbanísticos y económicos, debe apostar fuertemente por la ecología. A fin de cuentas, forma parte de la extrema sobriedad por la que son conocidos los hanseáticos el gobernar con racionalidad, adaptándose a las nuevas circunstancias. Mientras que la demanda de espacio para vivienda crece, se crean gigantescos edificios de oficinas y centros comerciales en el “Überseequartier”, el nuevo centro de la HafenCity, también para la instalación de oficinas gubernamentales, pero en el crecimiento hacia el este se apuesta por la construcción de viviendas a precios asequibles. Para que los niños del barrio ya no tengan que jugar en un patio seguro pero situado en el techo de un edificio. Como colectivo importante, pueden conquistar su nueva ciudad y hacer que el “proyecto inmobiliario” se transforme en “nuevo hogar”.














