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Tres cuartos, cocina, baño

¿Alquilar vivienda o comprar casa? ¿Una casa de superávit energético o un edificio antiguo? Una mirada a los mundos y sueños bajo los techos de Alemania.

Janet Schayan

Un tresillo con sofá y sillón, de color terracota o cáscara de huevo. Una pared estantería de madera clara, una mesa baja, un televisor y una computadora con acceso a Internet. En las paredes, papel de fibra gruesa; en el piso, una moqueta de terciopelo azul oscuro. Sobre el antepecho de la ventana, ciclamino, hiedra u orquídeas. Así se ve el “cuarto de estar más común en Alemania”. Lo equipó la agencia de publicidad hamburguesa Jung & Matt, estrictamente de acuerdo con datos de la Oficina Federal de Estadística y de la Sociedad de Investigación del Consumo. Una forma particularmente concreta de la investigación de grupos destinatarios: cuando desean sentirse muy próximos a los consumidores, los creadores llevan a cabo sus conferencias en la habitación de la agencia equipada justamente así. Pues ¿dónde tomarle mejor el pulso al consumidor que un su entorno más privado? En el que vive, habita. Día tras día.

En inglés no existe diferencia entre los verbos “habitar” y “vivir”: en ambos casos se dice “to live”. En alemán sí se diferencian. “Wohnen” (habitar) proviene del antiguo alto alemán y significaba otrora también “quedarse” y “estar satisfecho”. Lo cual va al dedillo también con la realidad de hoy… pues el habitar tiene una gran importancia en Alemania. Los alemanes gastan la mayor parte de sus ingresos en la vivienda: para el alquiler, el mantenimiento, la corriente y la energía desembolsan en total unos 700 euros por mes. Pero ello sólo es una cifra promedio. Sólo el alquiler puede ser bastante mayor o menor, según la ciudad, la ubicación y el tamaño de la vivienda. En términos generales puede decirse que en el sur los costos de la vivienda son mayores que en el norte y el este de Alemania. Pero ciertamente, en Baviera y Baden-Wurtemberg, la población estima que su calidad de vida es también particularmente alta, según un estudio de la Oficina Federal de la Construcción y el Ordenamiento Territorial. La ciudad más cara es Múnich: allí, los inquilinos pagan hasta un 70 por ciento más que el promedio en Alemania. También Wiesbaden, Stuttgart, Colonia y Düsseldorf son particularmente caras, figurando junto con Hamburgo y Fráncfort en la franja superior de alquileres. Sorprendentemente barato –sobre todo en comparación con otras metrópolis de Europa– es vivir en la capital alemana: en promedio, los berlineses pagan menos de 5,50 euros por metro cuadrado de alquiler mensual.

Alquilar es para muchos, sin embargo, sólo la segunda mejor solución: entre los deseos materiales, “la vivienda propia figura en Alemania en segundo lugar”, según un estudio del Instituto Geográfico de Leibniz, con sede en Leipzig. En primer lugar, está el automóvil. No obstante, el porcentaje de propiedad de la vivienda es en Alemania relativamente bajo, en comparación con otros países de Europa: menos de la mitad de todos los hogares alemanes tienen una vivienda o una casa propia. La mayoría, alquila… pero muy pocos toda una casa: el 76 por ciento de los inquilinos vive en edificios de más de tres viviendas.

El tamaño de las viviendas, por el contrario, crece constantemente desde los años 1960: 90 metros cuadrados mide la superficie de la vivienda, en promedio del total de los más de 39 millones de unidades de habitación en Alemania, entre viviendas, casas y apartamentos. Per cápita, son más de 40 metros cuadrados. Esa cifra varía fuertemente, sin embargo, según los tamaños de los hogares e ingresos. El aviso clásico de búsqueda de vivienda es “tres cuartos, cocina, baño, balcón”. Hace 50 años era usual que en una vivienda de ese tipo habitara una familia de cuatro personas: sala de estar, dormitorio de los padres y un cuarto para dos niños. Hoy, un cuarto para cada niño está considerado “adecuado”, de acuerdo con el estudio del Instituto Leibniz.

En los años 1950, después de la Segunda Guerra Mundial, se construyeron rápidamente muchos edificios de viviendas sencillos de varios pisos. Una década después crecieron –sobre todo en el oeste de Alemania– los suburbios, debido a los fomentos estatales a la construcción de casas unifamiliares. Los años 1970 estuvieron marcados por la construcción de grandes complejos de viviendas sociales. Desde los años 1980, el panorama es más variado: edificios antiguos son renovados exquisitamente, al lado surgen unidades más pequeñas de alto valor, urbanizaciones compactas en la periferia y edificios de viviendas de varios pisos en el espacio suburbano. Cada vez más popularidad tienen experimentos habitacionales: por ejemplo la compra en conjunto de grandes edificios, con áreas privadas y espacios compartidos.

Quienes buscan una propiedad inmobiliaria hoy se interesan además por los costos energéticos de las casas y viviendas: debido a un aumento de la conciencia ecológica y para ahorrar. Quien desea comprar una propiedad inmobiliaria o alquilar una vivienda en Alemania tiene desde 2009 derecho a exigir un “carné energético”. El documento prueba la eficiencia energética de la vivienda o el edificio en cuestión. Pero la tendencia va más allá: a la vivienda ecológica. Justamente familias jóvenes se deciden cada vez más por conjuntos habitacionales ecológicos, con casas de bajo consumo e incluso con superávit energético. Esos proyectos surgen sobre todo en las aglomeraciones urbanas de regiones económicamente fuertes, como Stuttgart, Hamburgo y Múnich. También hay varias urbanizaciones ecológicas en la ciudad pionera de la energía solar, Friburgo,

Parece ser todo muy sensato. Los sueños habitacionales de los alemanes, sin embargo, tienen también visos mucho más aventureros. El portal inmobiliario immowelt.de constató en un sondeo realizado en 2010 que el 25 por ciento de los encuestados soñaba con una casa flotante, al 21 por ciento le gustaría vivir en una finca rural solitaria e incluso un tres por ciento busca la gran libertad en un semirremolque habitable. Lo cual no suena justamente a diván y ciclamen.////

12.11.2010
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