ESTA SALA ES LA más atípica de toda la Bienal de Venecia. Nadie que permanezca en ella durante un tiempo prolongado sale sin haberse emocionado. El pabellón alemán encierra innumerables emociones y mensajes; quien lo visite descubrirá más de un doble fondo. El anhelo de la curación al confrontarse con la muerte es un tema fundamental de la instalación de la sala central del pabellón, que se asemeja a una iglesia católica. Pero, al mismo tiempo, la instalación afirma la futilidad de ansiar la infinidad. Tematiza la caducidad del cuerpo y celebra lo carnal. También trata sobre la presencia de un artista que sólo existe en el recuerdo. Christoph Schlingensief no pudo terminar de diseñar él mismo el pabellón alemán. El multitalento, director de cine, teatro y ópera, considerado un artista accionista y provocador, falleció en agosto de 2010 de cáncer del pulmón cuando no había cumplido ni los 50 años. Sin embargo, Susanne Gaensheimer, la comisaria encargada de la participación alemana en Venecia, se mantuvo firme en su elección incluso tras la muerte del artista durante el periodo de preparativos para la Bienal. Para ella, Schlingensief era “realmente una mente crítica, política e incorruptible”. Tras reflexionar brevemente, la Directora del Museo de Arte Moderno de Fráncfort decidió por ello mostrar a Schlingensief en Venecia sin Schlingensief. De este modo, acercó de manera póstuma al gran público a este artista que creaba imágenes y caricaturas de Alemania como pocos artistas de su generación.
La participación alemana en la Exposición Internacional de Arte de Venecia ha sido puesta en marcha y cofinanciada por el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores en el marco de la política exterior cultural y educativa. La participación de este año aborda numerosas cuestiones y conmueve, además de ser un proyecto artístico que traspasa fronteras. Todos estos elementos impresionaron al jurado de tal manera que otorgaron a Alemania el León de Oro al mejor pabellón. Siguiendo la tradición, los premios de la Bienal, que aún dura hasta finales de noviembre, se entregan al comienzo de la exposición. El pabellón alemán no recibía este galardón desde hacía diez años: en aquel entonces, Gregor Schneider transformó el pabellón –con una fuerte carga histórica por haber sido restaurado en el estilo clasicista nacionalsocialista– en un laberinto de habitaciones.
Venecia ofrece, en 2011, 89 autorrepresentaciones nacionales en los Giardini y en el Arsenale, la curadora Bice Curiger ha seleccionado a 83 artistas para las exposiciones centrales en estos dos lugares. Adicionalmente, tienen lugar otras muchas exposiciones en diversos emplazamientos secundarios. El arte relacionado con Alemania no está representado sólo en el pabellón alemán: entre los artistas internacionales que participan en la Bienal hay unos 20 que tienen su base creativa en Berlín. Además, el alemán Thomas Killper expone para Dinamarca su, sin duda polémico, “Pavilion for Revolutionary Free Speech”.
Un centro de atracción para todos los visitantes es, no obstante, el pabellón alemán, en el que se tratan cuestiones existenciales como prácticamente en ningún otro punto de esta Bienal. Los colaboradores más estrechos de Schlingensief crearon el pabellón de acuerdo con sus ideas. La viuda de Schlingensief, Aino Laberenz, participó activamente en el desarrollo del concepto, que se basa fundamentalmente en la última obra de teatro que dirigió el artista, “Eine Kirche der Angst vor dem Fremden in mir” (Una iglesia del miedo al extraño que hay en mí), que fue estrenada en la Trienal del Ruhr de Duisburg en 2008. El centro lo ocupa una película llena de pathos generado por temas que van desde el catolicismo hasta el “Parsifal” de Wagner. Este centro es interrumpido una y otra vez por utensilios, utilizados de la manera que lo hiciera Joseph Beuys, y por la continua referencia al movimiento Fluxus, que consideraba la vida en sí misma como una obra de arte. Lo que más conmueve al público es la radical franqueza, típica de Schlingensief, con la que éste habla sobre el cáncer que padece y el fracaso de todos los intentos de transcender la enfermedad y la muerte de manera artístico-religiosa: el individuo permanece relegado a sí mismo. En una sala anexa se proyectan películas de Schlingensief que dieron pie a su fama de provocador. En otra se presenta su proyecto de crear un teatro musical en África.
La idea de crear un gran teatro cerca del pueblo de Laongo, en las inmediaciones de Uagadugú, la capital de Burkina Faso, es un proyecto característico de Schlingensief de principio a fin: en un primer vistazo parece irreal, en un segundo, lleno de profundidad y seriedad. El artista mismo colocó en primavera de 2010, junto con Francis Kéré, un galardonado arquitecto de Burkina Faso que vive en Berlín, la piedra fundacional del gran teatro, que es también mucho más que una sala de conciertos. Esta previsto que aloje aulas para impartir música y cine, viviendas, oficinas, un campo de fútbol, superficies cultivables y una enfermería. La idea es que en Laongo se desarrolle todo un poblado operístico. Y esto es lo que sigue ocurriendo tras la muerte de Schlingensief. El proyecto es cofinanciado por numerosas personas e instituciones, entre ellas el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores y el Instituto Goethe. El poblado operístico, la herencia de Christoph Schlingensief permanecerá. ///














