La Puerta de Brandeburgo, en Berlín; la catedral de Colonia; la calle Reeperbahn, en Hamburgo: los turistas extranjeros que vienen a Alemania visitan sobre todo las grandes ciudades. Los germanistas extranjeros, por el contrario, prefieren una pequeña ciudad en la región de Suabia: Marbach, donde nació Friedrich Schiller. Por el valle fluye el Neckar, sobre las laderas se recuestan casas de entramado de madera y en el Archivo Literario Alemán (DLA), sobre la colina “Schillerhöhe”, más de 1200 legados bibliográficos están a disposición de los filólogos y estudiantes de germanística de todo el mundo. Ese paraíso de la filología alemana está abierto a todos: el DLA concede generosamente becas a candidatos a magister, máster y de exámenes de Estado, y cada dos años invita a participar en una Academia Internacional de Verano. El Consejo de la Ciencia califica al programa de becas de “ejemplar” y tampoco los becarios escatiman alabanzas: “La de Marbach es la mejor biblioteca en la que he trabajado hasta ahora”, dice Carly McLaughlin. Y agrega: “Pero lo que es más importante: es un maravilloso lugar de encuentro para germanistas de todo el mundo”. La irlandesa de 29 años, que trabaja como asistente científica en la Universidad de Bamberg, se doctoró en el Queen Mary College de Londres con una tesis sobre el poeta alemán de comienzos del siglo XX Richard Dehmel. Con una beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) pudo pasar muchas horas en la sala de lectura del archivo y en la terraza de la residencia para invitados… y conversar sobre literatura alemana con científicos, doctorandos y estudiantes de Nueva Zelandia, China y Togo. En Marbach, la supuesta crisis de la filología alemana brilla por su ausencia.
Ya en 1968 hubo quien quiso eliminar la filología alemana de los planes de estudio. “¡Muerte a la germanística, tiñamos la flor azul de rojo!”, entonaban los estudiantes en Berlín. La flor azul de Novalis, el motivo central del Romanticismo, era para los estudiantes de entonces sinónimo de una literatura y una filología empolvadas y anticuadas. Hoy, la discusión es dominada nuevamente por los temores: ¿está la filología alemana a la altura de la nueva era de la información? ¿Capacita bien a quien la estudia?
Son cuestiones que deben tomarse en serio, ya que, si bien una y otra vez la filología alemana se dio por perimida, los estudiantes le han permanecido fieles: primero como estudiantes de magister y docencia, ahora en las nuevas carreras de bachelor y máster. Tampoco la espantosa imagen del estudiante de germanística que debe trabajar como taxista para sobrevivir ha impedido que elijan esa materia: en las universidades alemanas están matriculados actualmente unos 80.000 estudiantes de filología alemana. Detrás de economía de empresas, construcción de máquinas y derecho, es el cuarto mayor grupo de los 1,7 millones de estudiantes universitarios. Entre los estudiantes extranjeros, la germanística ocupa, después de las ciencias económicas, incluso el segundo lugar: 12.800 jóvenes extranjeros estudiaron alemán y literatura alemana en el semestre de invierno 2008/2009 en universidades alemanas, según datos de la Oficina Federal de Estadísticas.
Sandra Richter, profesora de Nueva Literatura Alemana en la Universidad de Stuttgart, no entiende las dudas. “En un mundo globalizado y multilingüe, la conciencia de la lengua y la literatura alemanas deben ser conservadas con vida. Ésa es nuestra tarea”, dice Richter, de 36 años. Su enfoque, orgulloso, pero también cooperativo: salir de la torre de marfil y de la soledad profesoral, redoblar la cooperación institucional y a nivel internacional. Con ese objetivo fundó hace dos años la red binacional de promoción “Internacionalización en la Ciencia y la Literatura desde la Modernidad Temprana”, fomentada por el DAAD y en la que participan el Archivo Literario Alemán, de Marbach; el Instituto de Historia de la Medicina de la Fundación Robert Bosch y el King’s College, de Londres. La cuestión de cómo se interrelacionan la ciencia y la literatura y cómo determinados tipos de texto contribuyen a la creación de ciencia es para la profesora de Stuttgart de máxima importancia en un mundo globalizado.
También los hallazgos empíricos de la investigación del cerebro plantean nuevos desafíos a la filología alemana. En la Universidad Ludwig Maximilians, de Múnich, elegida en 2006 por el Consejo de la Ciencia como una de nueve universidades alemanas de élite, el filólogo Karl Eibl investiga sobre “biopoética” y aboga por una ciencia literaria de orientación empírica: Eibl explica el “surgimiento de la poesía” con argumentos de la biología de la evolución.
En el interfaz con la informática aplicada se ha desarrollado una tercera nueva área de trabajo de la germanística: bajo el título “digital humanities” se analiza cómo la nueva técnica puede ser usada para la investigación en las humanidades. El King’s College de Londres es líder en esa área en el espacio anglohablante. En Alemania, sobre todo los equipos del filólogo informático Fotis Jannidis, de la Universidad de Wurzburgo; Gerhard Lauer, de la Universidad de Gotinga, y Jan-Christoph Meister, de la Universidad de Hamburgo, se dedican a crear ediciones digitales, bancos de datos especializados y archivos, a los que pueda recurrirse sin limitaciones temporales ni espaciales. El objetivo: fomentar la cooperación interdisciplinaria.
¿Queda junto a los nuevos temas de la teoría del conocimiento y la biopoética, la filología digital y las “digital humanities” tiempo para leer a Schiller o Goethe e interpretar poesías? La profesora de literatura Sandra Richter dice: “Claro. En el bachelor y los primeros semestres para el profesorado en enseñanza media se enseña en forma clásica. Se transmiten conocimientos básicos y se practica la interpretación. La especialización viene más tarde”. Richter piensa que ése es el único camino posible, pues sólo así se asegura que todos los estudiantes obtengan una visión amplia y profunda de la materia.
El ranking del Centro de Desarrollo Universitario (CHE), publicado desde 2005 en cooperación con el semanario “Die Zeit”, da una orientación acerca de qué universidades responden mejor a los nuevos desafíos de la materia. Sopesados son factores como la organización de los estudios, el equipamiento de las bibliotecas y la investigación, pero también las opiniones de más de 250.000 jóvenes sobre las condiciones de estudio en su universidad y la reputación de las cátedras entre los profesores de cada una de las materias. El ranking CHE renuncia conscientemente a mencionar una “universidad de punta”. Cada usuario puede formarse su propio juicio acerca de la importancia de cada uno de los indicadores. No obstante, en el ranking de filología alemana puede constatarse que las universidades de Tubinga, Gotinga y Friburgo ocupan excelentes puestos en casi todas las áreas evaluadas, y que también Bamberg y Constanza logran resultados superiores al promedio. Pero también en otras altas casas de estudio la realidad es alentadora, según el ranking: muchas universidades apuestan en los estudios de germanística no sólo por la investigación innovadora, sino también por una mayor relación con la práctica.
Desde octubre de 2007 existe por ejemplo en la Universidad de Heidelberg la materia “La germanística en la sociedad”, que ofrece a los jóvenes ya en los estudios básicos la posibilidad de informarse sobre las perspectivas profesionales. La universidad también invita a participar en veladas de discusión a representantes de la gestión cultural y de personal, el marketing, la distribución, la comunicación y el asesoramiento de empresas. En la Universidad de Bayreuth, módulos de derecho y economía de empresas complementan los estudios de filología alemana. En Bamberg se echa un vistazo al derecho editorial y de derechos de autor.
Numerosas carreras de máster forman también especialistas para profesiones concretas, en lugar de graduados sólo con conocimientos generales: el programa MA “Germanística intercultural: Alemania-China”, de la Universidad de Gotinga, prevé que los estudios se realicen en partes iguales en Gotinga y en una de las dos universidades asociadas, Nankín o Pekín. Los graduados se cualifican así como intermediarios culturales simultáneamente para los mercados laborales de los dos países. Una clara orientación práctica tiene también la carrera “Alemán como idioma extranjero” (DaF), que hoy se ofrece en más de 50 universidades alemanas y a menudo lleva hasta el título de máster. La capacitación DaF es interesante para muchos aspirantes a profesor de alemán provenientes del exterior. Entre Marbach y Gotinga, la “nueva” germanística 2010 se muestra abierta al mundo y extremadamente variada… muy a gusto entre Schiller y la cultura digital. //
Eva Jost













