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La ciudad con espíritu investigativo

El campus de las ideas

Más de 200.000 personas de todo el mundo investigan, trabajan y estudian en Berlín. Su creatividad y curiosidad hacen de la capital alemana una de las más polifacéticas regiones de investigación en Europa

Roland Knauer

¿Un centro de la ciencia, la economía y los medios de comunicación como no hay otro en Alemania? “¡Una ideal genial!” Günther Tränkle es director del Instituto Ferdinand Braun de Técnica de Alta Frecuencia (FBH) y se entusiasma cada día de nuevo con el entorno intelectual de su lugar de trabajo: el FBH es parte del Parque Tecnológico Berlín Adlershof. Clusters científicos como éste existen muchos en Alemania. Pero casi ninguno es tan exitoso como el de Adlershof, con sus doce institutos de investigación, dos subinstitutos, seis facultades de ciencias naturales de la renombrada Universidad Humboldt, numerosas empresas y varios estudios cinematográficos. Los físicos llaman a tal concentración de centros de investigación una “masa crítica”, ya que la vecindad facilita mucho la cooperación. De esas cooperaciones surgen nuevas ideas y nuevos productos, que transforman el parque tecnológico en una perla, no sólo para Berlín. Qué resultados produce esa “masa crítica” lo demuestra el FBH de Günther Tränkle. Los científicos del instituto transforman los resultados de sus conocimientos en productos. Para la industria, por ejemplo, son desarrollados diodos de láser de gran potencia, que, además de ser indoloros, hacen superflua la desinfección con productos químicos luego de la extracción de un diente. Los diodos también tienen otras aplicaciones: junto con la empresa Bosch, el instituto desarrolla por ejemplo mecanismos para un encendido exacto en motores de combustión interna. Con la nueva técnica será posible ahorrar pronto un diez por ciento de combustible.

En vista de ese potencial innovador no puede sorprender que el Instituto Ferdinand Braun haya fundado cinco empresas propias en los últimos diez años, de las cuales cuatro desarrollan muy exitosas actividades en el sector privado. “Nos alegramos de estar en el Parque Tecnológico Adlershof. La variedad de disciplinas y el mix científico es sumamente atractivo”, dice Tränkle. Unas 400 empresas con casi 4300 empleados investigan y producen en el ínterin en Adlershof. Son cifras que impresionan. Y, sin embargo, el Parque Tecnológico Adlershof es sólo una pequeña parte de las estructuras de investigación en la capital alemana. “En cuanto a la docencia universitaria y la investigación, Berlín se halla a un altísimo nivel. De ello se puede estar orgulloso”, dice Josef Ackermann, presidente del directorio del Deutsche Bank. Efectivamente, cuatro universidades, 17 universidades de ciencias aplicadas, más de 70 institutos, entre privados y estatales, y más de 20 centros tecnológicos conforman una de las más densas redes de investigación y docencia en Europa. Sólo en la Universidad Humboldt investigaron 29 Premios Nobel, entre ellos Albert Einstein, Otto Hahn y Werner Heisenberg. Gerhard Ertl, Nobel de Química 2007, trabaja también en la capital alemana. Una gran parte de los cerca de 137.000 estudiantes siguen en Berlín carreras técnicas y de ciencias naturales. En la lista de la Iniciativa de Excelencia, lanzada por la Federación y los Länder, Berlín se cuenta entre los ganadores, junto con Baden-Wurtemberg y Baviera. Las universidades de Berlín recibirán fondos para cuatro clusters de excelencia y siete escuelas de graduados. Y desde hace poco, la Universidad Libre de Berlín, la segunda entre las mayores universidades de la región, después de la Universidad Humboldt, ostenta incluso el título de “universidad de excelencia”. De gran prestigio goza también la Charité, la mayor clínica universitaria de Europa. Con 3500 camas, 8000 estudiantes, 15.000 empleados y una facturación de 1800 millones de euros por año, la Charité, gestionada conjuntamente por la Universidad Humboldt y la Universidad Libre, es el segundo mayor empleador en Berlín, después de Deutsche Bahn (Ferrocarriles Alemanes).

La buena fama de las forjas de académicos en la capital alemana atrae a cada vez más estudiantes del extranjero a toda la región de Berlín-Brandeburgo. El 40 por ciento de los estudiantes de la Universidad Europea Viadrina, en Fráncfort del Oder –la universidad más oriental de Alemania– y el 25 por ciento de los de la Universidad Técnica de Cottbus provienen del exterior. En promedio, el 15 por ciento de los estudiantes de Berlín no tienen pasaporte alemán. Y las universidades están interconectadas en red con otras universidades de todo el mundo a través de 1500 cooperaciones.

Las posibilidades de los graduados universitarios de hallar trabajo en la región son buenas. Fuera de las universidades y universidades de ciencias aplicadas trabajan 50.000 científicos en instituciones privadas y públicas de investigación, representando aproximadamente el 15 por ciento de todas las personas que se desempeñan en el sector científico en Alemania. En Berlín están presentes institutos de investigación de las sociedades Fraunhofer, Max Planck, y las comunidades Leibniz y Helmholtz. Unos 1800 millones de euros se dedican por año a la investigación y la ciencia en Berlín. Las inversiones valen la pena: el 13 por ciento de todos los registros de patentes en Alemania provienen de la región capitalina.

Muchas de esas inversiones recaen en el sector de ciencias de la vida. En esa área de investigación, la región de Berlín y Brandeburgo ocupa el primer lugar en Europa. Unas 370 empresas de los sectores farmacéutico, biotecnológico y de técnica médica, así como un sinnúmero de institutos trabajan junto con la Charité en el desarrollo de nuevos conocimientos científicos. Por ejemplo en la investigación nutrigenómica, en cuyo marco se investigan las enfermedades relacionadas con la alimentación y se desarrollan productos para su prevención, diagnóstico y terapia. En ella participan también el Instituto Alemán de Investigaciones sobre la Alimentación, los Institutos Max Planck de Fisiología Molecular Vegetal y de Genética Molecular, así como sociedades de Bayer y BASF, Bayer Bioscience y Metanomics. El Dr. Arno Krotzky, director ejecutivo de Metanomics, no puede imaginarse un lugar mejor para sus actividades: “La región Berlín-Brandeburgo ofrece para este tipo de investigación y desarrollo un entorno prácticamente ideal, único a nivel internacional desde los puntos de vista científico y técnico.”

De la misma opinión son numerosos representantes de la industria solar. El cluster de productores, abastecedores y empresas de servicio que más rápidamente crece en Europa surgió en la capital alemana. Unas 4000 personas investigan y producen esa energía limpia, con tendencia a aumentar. La empresa alemana Conergy invirtió 250 millones de euros en la producción de wafers de silicio más moderna del mundo. First Solar Manufacturing está construyendo la mayor fábrica de módulos solares de capa fina. De lo que es capaz la tecnología solar de Berlín quedó demostrado en la fachada del Instituto Ferdinand Braun de Técnica de Alta Frecuencia, en Adlershof: una pared solar de ocho por ochenta metros absorbe energía solar y genera con ella corriente eléctrica. El instituto no se adorna naturalmente con células solares tradicionales, que emiten reflejos azules. En el FBH, la energía solar es atrapada por paneles de una mezcla de cobre, indio y azufre. Esos paneles solares son considerablemente más baratos que los tradicionales y es probable que dentro de algunos años hagan competitiva la técnica fotovoltaica, hoy aún muy cara. La pared solar fue fabricada –a quién puede sorprender– también por una empresa del Parque Tecnológico Adlershof: Sulfurcell. Esa empresa surgió a su vez en 2001 del Instituto Hahn-Meitner, cuyo departamento de Técnica Fotovoltaica desarrolló la nueva mezcla de materiales para transformar la energía solar en corriente eléctrica. El director del FBH, Günther Tränkle, tiene razón: la creación del cluster de alta tecnología Berlín Adlershof fue efectivamente una idea genial.

26.11.2007
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