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El nuevo servicio de voluntarios en la cooperación para el desarrollo – Tres retratos

Hacia el mundo, en América Latina

“Weltwärts” (“Hacia el mundo”) es el nombre de un nuevo programa que fomenta el compromiso social de jóvenes alemanes en la cooperación para el desarrollo, también en países latinoamericanos

Susanne Sporrer

Ayuda en las tareas escolares

”Quería conocer el otro lado de la vida, ayudar a otros, a quienes no les va tan bien como a nosotros”, dice Greta Bader. Por eso, esta alemana de 20 años, después del bachillerato recaudó donaciones para ir a Nicaragua como voluntaria de ­EIRENE, un servicio internacional cristiano para la paz. “Descubrir el programa ‘Weltwärts’ supuso para mí un gran alivio”, recuerda Greta Bader, quien en enero viajó al extranjero como uno de los primeros voluntarios alemanes. El programa financia sus gastos de mantenimiento, y las donaciones se destinan a la Asociación para el Desarrollo Integral Comunitario (ADIC) en Matagalpa.

En Matagalpa, ciudad situada en el norte de Nicaragua, Greta Bader ayuda a niños de familias humildes en las tareas escolares, habla con ellos de cómo ­protegerse de abusos sexuales y explica a los cafeteros los peligros de la tala de árboles. “En este trabajo aprendo muchísimo, puedo probar cosas nuevas y comprobar qué deseo hacer en el futuro”, comenta la joven sus experiencias en Matagalpa.

”¿Hay televisores en Alemania?”, le ­preguntaron los niños con curiosidad en el primer encuentro. Al igual que era ­ignota para los niños la patria de la ­alemana, también Greta Bader se sintió extraña durante las primeras semanas en América Central. “Pese a todos los preparativos, no tenía una idea concreta de lo que iba a enfrentar. Yo llamaba siempre la atención, la gente me miraba asombrada, y la pobreza me chocó.” Hoy la alemana de Friburgo ya tiene amigos nicaragüenses y su español ha mejorado tanto que pueden contar chistes en este idioma.

Un año y medio permanecerá en total Greta Bader en Nicaragua; después piensa estudiar ciencias políticas y trabajar tal vez como cooperante para el desarrollo. Ya después de medio año de voluntaria nota cambios en su personalidad: “Soy más abierta, y la cultura alemana no es ya para mí el único punto de referencia de todo.”

El cóndor y el puma como vecinos

Desde la ventana de su nueva casa, Patrick Illiger contempla el glaciar La Paloma, a más de 5000 metros de altura; a veces, con suerte, ve volar algún cóndor sobre las cumbres. Sólo su nuevo vecino, el puma, no ha estado todavía al alcance de su vista. Tras terminar la carrera de geografía, este alemán de 25 años, de Jena, se mudó en abril al Santuario Natural Yerba Loca en los Andes chilenos. “Aquí puedo realizar justamente lo que pienso hacer después en mi profesión”, afirma Illiger.

Y el voluntario del programa “Weltwärts” tiene mucho que hacer: después de cada lluvia debe arreglar los caminos y renovar la señalización de las rutas senderistas. Illiger espera con alegría recibir en primavera a turistas extranjeros y explicarles el mundo andino: “Cómo surgieron las montañas, por qué hay tantos terremotos aquí, en fin, todo lo que aprendí en mis estudios." Por ahora ofrece sus conocimientos a escolares de un pueblo de la sierra. Patrick Illiger imparte clases de inglés. ”A cambio, los niños me quieren enseñar a esquiar”, señala el alemán. Patrick Illiger pasa los fines de semana en la casa de una familia anfitriona en la capital Santiago. En el resto del tiempo comparte una humilde habitación con otros dos compañeros en una cabaña de troncos. Es la única casa en un radio de 30 kilómetros, y sólo hay electricidad algunas horas al día. La soledad y la vida austera son nuevas experiencias para el geógrafo: ”Es bueno ver qué poco se necesita para vivir.” Y algo compensa todas estas privaciones. ”La naturaleza es aquí extraordinaria y la gente es extremamente hospitalaria. Me siento feliz aquí”, resume los primeros meses en Chile. Un año durará la misión que le ha conseguido la organización Experiment e.V. Pero de algo está seguro Patrick Illiger ya hoy: “Ésta no será mi última estancia en Sudamérica.”

Fomentar talentos con la danza

Con calzado de ballet y bolas de malabares en su equipaje llegó Marie Graf en marzo pasado a Bolivia. La danza y la acrobacia, que eran para ella un hobby en su ciudad natal de Soest, se transformaron en instrumentos de trabajo en Santa Cruz, Bolivia. “Muchos niños desconocen aquí el ballet”, cuenta la joven de 20 años. Ella se los enseña. Graf visita escuelas en barrios pobres de la ciudad, baila y hace malabarismo frente a la clase, para motivar a los alumnos a descubrir sus propios talentos. Le ayuda la fundación SEPA, para la que trabaja Marie Graf durante un año en Bolivia.

Juntos con sus colegas bolivianos, la joven imparte cursos en los que los niños crean una obra de teatro referida a protección medioambiental y prevención de la violencia. La intención es educar a los niños para que desarrollen una personalidad fuerte y defiendan sus derechos. “Me causa gran placer trabajar con los niños. Veo cada día sus progresos”, dice Marie Graf. Al principio tenía dificultades para comunicarse, aunque ya había aprendido español en la escuela. “La gente de Santa Cruz habla muy rápido”, cuenta. “Pero las personas son tan amables y abiertas, y pronto me hice amigos.” También la familia anfitriona ha contribuido a que se sintiera bien desde el principio. “Yo quería conocer otras formas de pensar y ampliar mis horizontes”, explica la bachiller sus motivos para presentarse como voluntaria del Servicio Alemán de Cooperación Social-Técnica (DED). “Además me podría imaginar trabajar en el futuro como cooperante para el desarrollo.” Graf comprueba cada día que mucha gente necesita ayuda en esa inmensa ciudad. “La diferencia entre ricos y pobres es enorme. Todo se puede comprar, pero hay muchos niños viviendo en la calle.”

09.07.2008
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