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Cultura

Berlín, espacio libre para el arte

El programa de Berlín para artistas del DAAD invita cada año a unos 20 artistas de todo el mundo a la capital alemana. Entre los becarios actuales se hallan dos artistas plásticos de México. Dos visitas a atelier en Berlín

Martin Reischke

En el atelier de Abraham Cruzvillegas, en Berlín-Schöneberg, reina un caos ordenado. Mientras que las botellas de cerveza vacías desaparecen perfectamente ordenadas en la sala de elevados techos, diferentes objetos están dispersos junto a la entrada: un cajón de frutas vacía al lado de un conglomerado de contenedores, un poste de madera pende en posición vertical de una patineta y una cesta de plástico espera su destino. Esta mezcla heterogénea es el inventario que Cruzvillegas necesita para su trabajo: el artista mexicano recicla objetos de uso cotidiano, con el fin de crear nuevas esculturas e instalaciones. Autoconstrucción llama Cruzvillegas a este método, que el artista ha traído de su ciudad natal de Ajusco. Allí, sobre las estériles piedras de un volcán al sur de la capital mexicana, la familia Cruzvillegas, junto con un sinnúmero de otros recién llegados, ocupó en la década de los 1960 un pedazo de tierra y construyó con trabajo comunitario un asentamiento propio, el cual no obedecía a ningún plan, sino que recurría a elementos que los nuevos residentes tenían a mano.

Por eso, el cajón de frutas vacía y todas las otras cosas que se hallan dispersas en la entrada del atelier de Berlín, son probablemente algo así como una memoria de la casa paterna de Cruzvillegas. Desde junio de 2010, el artista mexicano vive y trabaja en Berlín, como becario del programa de Berlín para artistas del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD). Como los otros alrededor de 20 artistas internacionales, de las ramas del cine, la literatura, la música y las artes plásticas, Cruzvillegas recibe por el plazo de 12 meses, no sólo una beca, sino también un apartamento y, como artista plástico, un atelier para su trabajo.

“Es un programa fantástico, porque no tengo obligaciones por un año y nada se exige de mí”, dice Cruzvillegas. Quién es becado en el campo de las artes plásticas, ha sido propuesto por un jurado. Pero los artistas también puedan postularse a otras áreas del programa.

Los apartamentos y lugares de trabajo que ocupan los artistas durante su estancia como becarios, están situados en diferentes barrios de la capital, aunque en el Este de la ciudad no vive ninguno de los artistas. Un hecho que también recuerda la historia del programa de artistas. Creado en 1963 por la Fundación Ford de EE.UU. para una estancia en Berlín Occidental, el programa de un año fue más tarde asumido por el DAAD y financiado hasta la fecha por el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores y el Senado de Berlín. Desde entonces, alrededor de 1000 artistas han contado con este apoyo, entre ellos escritores de renombre mundial como Ingeborg Bachmann, Susan Sontag o el premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa. “Fuera de Alemania, nuestro país es admirado por la actitud visionaria al apoyar un programa de este tipo”, afirma Kasha Bittner, encargada dentro del programa de artistas de Berlín de la división de artes plásticas. “Estos programas son un componente fundamental de la política cultural ex­terior alemana.”

Un intercambio que a menudo se traduce en un enriquecimiento cultural para ambas partes. “Muchos de nuestros colegas se terminan enamorando de la ciudad, algunos de ellos se quedan más tiempo en Berlín”, cuenta Bittner. Otros se inspiran en la ciudad o hacen de Berlín y Alemania el objeto de su producción. Como la artista estadounidense Susan Hiller, quien en 2002 exploró en forma fotográfica el pasado judío-alemán con el “J. Street Project”. Abraham Cruzvillegas ha aprovechado las libertades que ofrece el programa primeramente ­para conocer la ciudad. “Yo vine sin un plan concreto a Berlín”, confiesa el artista. “La ciudad está llena de historia y yo quiero conocerla.” Incluso después de medio año, Cruzvillegas sigue siendo un vagabundo coleccionista en busca de nuevas ideas. Tal vez de las ideas surja un libro, o quizás desarrolle un proyecto artístico para los “spaces in between”, los espacios intermedios y vacíos en la ciudad que a él le resultan interesantes. Cruzvillegas se encoge de hombros. Todavía es demasiado pronto para tomar una decisión al respecto. Entonces, el artista nos habla de un viaje a San Francisco que hizo recientemente. Al entrar a Alemania, el funcionario le preguntó por su domicilio particular y él contestó “Berlín”, pero parece que el funcionario no entendió, recuerda Cruzvillegas. Los organizadores del Programa de Artistas de Berlín estarían muy contentos con esa declaración, probablemente más que los funcionarios de frontera estadounidenses.

A la pregunta sobre su domicilio privado poco puede responder Mariana Castillo Deball. En los pasados diez años, esta mexicana de 35 años de edad ha vivido la mayor parte del tiempo en Europa, trabajó en París y Maast­richt, Ámsterdam y Berlín, aunque últimamente vivió en São Paulo. “Me siento en casa en muchos lugares”, dice Castillo Deball. Desde hace algunas semanas es uno de los primeros becarios del nuevo año 2011 en Berlín. La mexicana, que llegó al arte plástico desde la filosofía, trabaja en el punto de enlace entre la ciencia y el arte. “Me interesa saber cómo funcionan los sistemas y cómo se construye la realidad.” Con sus pequeñas intervenciones, la joven mexicana quiere causar irritación. Por ejemplo envió, como personaje ficticio, cartas y fotos a hogares holandeses en nombre de un supuesto Instituto de la Casualidad y esperó sus reacciones.

“Mi trabajo no está orientado hacia resultados”, comenta Castillo Deball. “Creemos que todo lo que hacemos debe tener un resultado. Pero sólo si no tenemos expectativas podemos sorprendernos a nosotros mismos.” En su año de estancia en Berlín, Deball tiene oportunidad de plasmar una vez más sus ideas.////

31.01.2011
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