Profesor Behrendt, usted es director del Centro de Innovación Energética (IZE), en el que convergen todos los conocimientos de la Technische Universität Berlín sobre el tema. ¿Cuáles son las prioridades en la investigación?
Actualmente trabajamos en 50 campos interdisciplinariamente en cinco clusters de investigación: turbinas de gas eficientes, técnica fotovoltaica, redes y almacenamiento, uso del calor de baja temperatura y edificios y ciudades de alta eficiencia energética.
Una cuestión central para el futuro es el almacenamiento de energía...
Ello está relacionado con la cuestión de las redes. Las redes actuales están construidas para ser alimentadas en algunos pocos puntos por grandes centrales energéticas. Hasta ahora funcionan de tal forma que cuando la demanda se reduce se generan menos electricidad o calor. Pero con la introducción en gran escala de las energías renovables tenemos muchos puntos descentralizados de alimentación y el volumen de energía que pueden aportar por ejemplo las instalaciones eólicas son de difícil predicción. Sólo eso es ya un desafío técnico. Pero ¿qué hacemos cuando la corriente que se produce no es demandada localmente y no puede ser transportada a otro lugar? Antes, la energía estaba almacenada en el combustible. Hoy debemos reflexionar acerca de otras formas de almacenamiento.
¿Se perfila ya una solución?
Definitivamente no se perfila una solución para todos los sectores. A pequeña escala el camino a seguir es el de la pila de iones de litio, en tanto se superen algunos problemas técnicos. Para soluciones a mayor escala una opción es el hidrógeno. Se podría transformar corriente por electrólisis en hidrógeno y luego volver a transformar éste en corriente en una célula de combustible, para alimentar con ella la red cuando se necesite. El grado de eficiencia en ese proceso es actualmente de sólo el 35 al 40 por ciento. Se pierde mucha energía. Es decir, tenemos que continuar desarrollando la electrólisis y mejorar la célula de combustible.
¿Qué investiga su cluster con respecto a la “eficiencia energética de edificios y ciudades”?
Las tecnologías necesarias para edificios ya existen en su mayor parte. Pero los sistemas de incentivos para utilizarlas no funcionan todavía. Cuestiones interesantes plantea el tema “ciudades de mayor eficiencia energética”. Una de las razones de la gran necesidad de transporte actual es que antes la gente no quería vivir al lado de su lugar de trabajo, por ejemplo una fábrica humeante. En la sociedad de servicios de hoy habría que reflexionar sobre formas de aproximar nuevamente las viviendas y los lugares de trabajo. De esa forma se podrían reducir los viajes al trabajo y con ello también las emisiones de CO2.
Los automóviles son, después de los edificios y las centrales eléctricas, los terceros mayores emisores de CO2. ¿Qué avances se registran en ese sector?
En ese sector existen considerables déficits. Poniendo en relación el combustible consumido con el transporte que se logra, se llega a grados de eficiencia de alrededor del 20 por ciento. Ello es inaceptable. Por ello es necesario hallar soluciones para reducir considerablemente el consumo de energía del automóvil como sistema. En el cluster de estudios sobre calor a baja temperatura reflexionamos acerca del uso de la energía contenida en los gases de escape. Ello puede causar extrañeza. Pero más de un tercio de la energía que contiene el combustible sale por el caño de escape en forma de calor. Allí hay algo que no funciona como debiera. Debemos por lo tanto hallar una forma de recuperar parte de ese calor, por ejemplo a través de una transformación termoeléctrica, ya sea para la propulsión o para generar electricidad para el automóvil. Los gases de escape alcanzan, cuando salen del motor, una temperatura de 900 grados centígrados. Allí existe un considerable potencial.
Se aspira a que en el 2020, el 20 por ciento de la energía primaria provenga de fuentes renovables. ¿Una meta realista?
El Gobierno Federal se ha planteado ya metas incluso más ambiciosas. Los científicos debemos advertir de no partir de supuestos poco realistas. Si vemos, por ejemplo, que para producir un litro de etanol de maíz de Iowa, en los Estados Unidos, se necesitan, desde el campo de cultivo hasta el producto final, unos 4500 litros de agua, debemos tener cuidado de no pasar de mal a peor. Pero hacemos frente a los desafíos.
Un 20 por ciento de energías renovables significa simultáneamente que el 80 por ciento proviene de otras fuentes…
Efectivamente, ese aspecto se olvida a veces en la discusión. Debemos esforzarnos por alcanzar ese 20 por ciento de energías renovables en la energía primaria. Pero también debemos esforzarnos por optimizar el aprovechamiento de las energías fósiles, es decir continuar aumentando la eficiencia de las centrales energéticas. Pues, en vista de los volúmenes que allí se procesan, cada medio punto por ciento más de eficiencia supone un ahorro de combustible de muchos millones de euros. Y en el caso de los portadores fósiles de energía ello se traduce también en una considerable reducción de las emisiones de CO2. La mejor forma de reducir las emisiones de CO2 es aumentar la eficiencia.













