“En Recife pasan tantas cosas que nos pasamos horas escuchando a Augusto Miranda, Secretario de Presupuesto Participativo de Recife, hasta que comprendimos en qué consiste esta participación”, recuerda Alexander Koop de la Fundación Bertelsmann. Recife fue, tras La Plata en la Argentina y Belo Horizonte en Brasil, la tercera ciudad sudamericana que visitó el equipo de la fundación de Gütersloh en busca de ejemplos internacionales merecedores del premio a una participación política ejemplar. Bajo el título “Revitalizar la democracia – reforzar la participación política”, la Fundación Bertelsmann, una de las más destacadas de Alemania, buscaba por primera vez en todo el mundo instituciones estatales que hubieran conseguido con éxito que los ciudadanos participasen en decisiones políticas y fueran así merecedoras del premio Reinhard Mohn 2011.
Recife había presentado su concepto de presupuesto participativo y era una de las 123 instituciones y municipios candidatos al premio. La ciudad de dos millones de habitantes, situada al noreste de Brasil, está marcada por los contrastes entre bloques de caras viviendas con vigilante para las clases media y alta y los barrios pobres que crecen sin planificación, sin sistema de alcantarillado y en el que vive la otra mitad de la población. “La primera impresión es la de una zona turística con sus paseos a pie de playa llenos de palmeras”, describe Alexander Koop. Pero lo que más le impactó fue otro lado de la ciudad: aquí, la Administración se acerca al ciudadano para motivarlo a participar políticamente. Incluso Augusto Miranda se toma tiempo para hablar con los ciudadanos, repartir volantes o convocar a reuniones en el barrio correspondiente. “En otros lugares, la Administración invita, pone quizás autobuses a disposición para el desplazamiento, pero, en Recife, entra en las casas de la gente”, cuenta entusiasmado Koop. “Esto hace que los obstáculos para la participación sean mucho menores”. Fue así como Recife convenció al jurado de la Fundación Bertelsmann y a los ciudadanos alemanes que participaron, a través de Internet, en una votación para elegir, entre siete finalistas, al ganador del premio Reinhard Mohn 2011.
El presupuesto participativo se instauró en Recife en 2001. Este tipo de presupuesto ciudadano se inventó en el sur de Brasil a finales de los años 1980. Desde entonces, unos 70 municipios brasileños han adoptado la idea, que fue galardonada por las Naciones Unidas. En Alemania también aumentan los casos de presupuesto participativo. El portal de Internet “buergerhaushalt.de” muestra actualmente más de 200 ciudades y municipios en su mapa de presupuestos participativos de Alemania. En Recife, en 2011, votaron más de 130.000 ciudadanos acerca de lo que debía pasar en su barrio: dónde debían repararse calles, construirse escuelas o limpiarse canales –éste es el récord de participación hasta ahora. El principio es el siguiente: cuando al menos diez habitantes consideran importante un proyecto, éste entra en la selección a presentar en los plenos de las “microrregiones”. Las diez ideas más votadas son implementadas sucesivamente –mientras alcance el dinero. El Alcalde de Recife, João da Costa, pone a disposición un diez por ciento de su presupuesto para financiar los proyectos votados por los ciudadanos y no tiene problemas en dejar que los más jóvenes también decidan en las escuelas: quienes no pueden escribir su propuesta, la dibujan.
Los primeros años reinaba la desconfianza por ambas partes. Los políticos no estaban acostumbrados a someter sus prebendas a críticas y participación. Los ciudadanos no creían que pudieran tener algo que decir ante los políticos, a quienes suponían corruptos. Hasta el día de hoy, la mayoría de los habitantes de las favelas bajan la cabeza cuando hablan con las autoridades y llaman “doctor” a los superiores en señal de respeto. Impensable que un habitante de las favelas pueda decirle a un “doctor” lo que hay que hacer. Por eso Giselda da Silva Guimarães, de 55 años, primero observó cómo se transformaba una colina de su favela Corre do Bartolomeu. La peligrosa pendiente de barro, que amenazaba con deslizarse con las fuertes lluvias fue asegurada y dotada de escaleras con el presupuesto participativo. Giselda lo observó y desarrolló un proyecto similar para su propio vecindario.
“Estamos viviendo la fase democrática más prolongada de la historia de Brasil: 22 años”, dice Augusto Miranda, Secretario de Presupuesto Participativo de Recife. “El pueblo brasileño no tuvo prácticamente nada que decir en los últimos 500 años. Ahora estamos trabajando en la creación de una cultura política completamente nueva”. El premio de Alemania supone para él una motivación y una legitimación más de su trabajo: “Porque la concesión se decidió al más alto nivel y de forma extremadamente seria”.
Keila Pessoa de Oliveira tiene catorce años y la participación ciudadana es algo que ella da por hecho. Tenía nueve años cuando se convirtió en diputada de su escuela. Desde entonces ha luchado con éxito para que, por ejemplo, su escuela en el humilde barrio de Linha do Tiro tenga una biblioteca y una sala de computación. “Al principio era difícil motivar a los niños a recoger de vez en cuando la basura de la calle”, recuerda ella. “Decían: No, me da vergüenza, no lo hago. Ahora todos se toman en serio nuestros proyectos”. Para Keila fue estupendo poder viajar a Alemania para la entrega del premio. “Fue un honor poder representar nuestro proyecto”, dice Keila entusiasmada, “¡y un reconocimiento increíble de nuestro trabajo!”. Y eso que aún no sabe que el miembro de la fundación Alexander Koop está negociando actualmente con cinco municipios alemanes para que apliquen el ejemplo de participación ciudadana de Recife en las escuelas.///














