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Ulrich Tukur

Como actor interpreta furiosamente el papel del inescrutable. Como músico suele decantarse por los tonos alegres. Como narrador lo que gusta es una buena historia. El talentoso Tukur ha ganado en 2011 la Cámara de Oro al mejor actor.

Janet Schayan

Ulrich Tukur destaca especialmente interpretando personajes ambivalentes. El de los peligrosos que parecen inocentes durante mucho tiempo; el papel del inescrutable es el que mejor saber interpretar. Sin esperarlo, abandona ese papel, cambia meros detalles de su expresión y su cara de niño bueno, que puede resultar conservadora e incluso vulgar, se transforma en diabólica, en maligna. Sin embargo, suele darle a sus personajes un resto de enigma y de contradicción, un rasgo de humanidad en el peor de los caracteres. A Ulrich Tukur le divierte hacer de malo, dice, las disyuntivas son más interesantes. Curiosamente, charlando con él, el actor resulta agradable, amable y, por lo general, relajado. Le gusta llevar una alegre camiseta de rayas debajo del traje y un gesto irónico en la comisura de los labios. Toca animada música de baile, algo más que como hobby, con el grupo “Die Rhythmus Boys”. Lo uno, por supuesto, no quita lo otro. Al contrario, puede que sea necesario para interpretar a los desagradables de forma convincente. Ulrich Tukur está convencido de que: “La interpretación es un timo, pero no hace daño a nadie”.

En su caso, la interpretación es, sobre todo, cuestión de talento. Tukur, nacido en 1957, destacó en la intepretación del teniente de la Stasi falto de escrúpulos, Anton Grubitz, en el drama ganador del Oscar “La vida de los otros”. En “La cinta blanca”, ésta nominada al Oscar, hizo el papel del hacendado que parece displicente, pero que en realidad es autoritario. También encarnó a “John Rabe”, un miembro del partido naconalsocialista, que en 1937/38 salvó la vida a 250.000 personas en China. Tres éxitos internacionales. No obstante, al parecer, la Escuela de Interpretación de Stuttgart no reconoció su talento a principios de los 1980. Los métodos que empleaban para adoptar un papel no le servían de ayuda a Tukur. “Me decían siempre: sé poroso. ¿Qué demonios quería decir eso?”. Aún así hizo el examen de “bachillerato de interpretación” y después aprendió a interpretar haciendo películas y, sobre todo, encima del escenario –a menudo en dolorosas discusiones con el “dios del teatro” y provocador Peter Zadek. Éste dio al joven actor en 1984 el papel del oficial de las SS Kittel en la obra de Joshua Sobol “Gueto”, que fue puesta en escena en el teatro Freie Volksbühne de Berlín. La crítica alabó a Tukur como la nueva revelación del teatro alemán. Los premios se sucedieron unos a otros, casi sin interrupción hasta ahora. Los personajes en los que destaca Tukur suelen ser históricos. “Hay personas, como Ulrich Tukur, que irradian anacronismo con el mayor de los encantos”. Tukur ha colocado esta cita de una crítica en un lugar destacado de su página web. Debe de gustarle. El pasado, la “vertical”, como él suele llamarla, le interesa desde que de joven trepó por los restos romanos de Limes y más tarde estudiara un par de semestres de Historia. Le interesa sobre todo el periodo entre el final de la I Guerra Mundial y 1933, la “celebración de la vida antes del hundimiento”. En su primer libro “Die Seerose im Speisesaal”, Tukur describe el ser actor como un “viaje por la vida de personas fallecidas”. Y Tukur, el mimo inescrutable, es un narrador sorprendentemente virtuoso. Simplemente le gustan las buenas historias. Algo que empieza con su nombre, que viene a ser una verbalización del francés “tout cour” –su nombre verdadero es Scheurlen, un apellido suavo bastante impronunciable– y que se manifiesta también en los escarceos anecdóticos que hace en casi cada entrevista. Pero sus narraciones no tienen un carácter prosaico. En sus historias, Tukur da brillo a la realidad, la estiliza con un halo romántico. Qué bien que una editorial haya convencido a este hombre tan ocupado de que pruebe con la escritura.

Tukur parece incansable: En 2011, ha ganado la Cámara de Oro al mejor actor por su interpretación del inusual detective Murot en la serie televisiva “Tatort”. Él mismo participó en la redacción del guión para este papel, aportándole una profundidad que eleva una serie policíaca a teatro de salón. Hace poco rodó el segundo capítulo en las cercanías de Fráncfort. La nueva película en la que participa se llama “Within the Whirlwind”, un drama sobre los gulags de producción europea, que Tukur protagoniza junto con la británica Emily Watson y que acaba de estrenarse en los cines. En las últimas semanas ha estado trabajando con el director Helmut Dietl en un programa televisivo “grotesco” en Berlín, pero entre medias acude al estudio para grabar con sus “Rhythmus Boys”. Además, acaba de publicar su segundo libro, un volumen de lírica. Da la impresión de llevar un ritmo incesante, pero Tukur conserva sus lugares de retiro, sus refugios de paz, que se hallan en Venecia, donde vive desde hace una década con su mujer, la fotógrafa Katharina John, y un pueblo perdido en los Apeninos, donde posee “un montón de piedras en medio de naturaleza intacta”.

El hecho de ser un multitalento ha impulsado su carrera en más de una ocasión: Ya fue así en el caso de Zadek, para el que en un principio tocó el acordeón. Y el papel junto a George Clooney en la película “Solaris” de Steven Soderbergh, lo consiguió gracias a su inusual maqueta (demo): Tukur cantaba un texto para un casting a modo de tango y otro lo leía a un perro que lo escuchaba con interés. Tukur consiguió el papel. Por tener un perro con tanto talento, fue el argumento dado por Hollywood. Una buena historia. No obstante, la vida en mundos artísticos paralelos también le ha arruinado al menos un éxito: Quentin Tarantino le había prometido el papel del esbirro de las SS Landa en “Inglourious Basterds”, que acabaría recibiendo numerosos premios. Hubiera sido justamente la especialidad de Tukur, puesto q se trataba de interpretar a un “malo” carismático. Pero Tukur estaba de gira con los “Rhythmus Boys” justo durante el periodo de rodaje. Así que Tarantino le dio el papel a Christoph Waltz y éste ganó el Oscar. Eso sí, ésta es una buena historia más para Tukur.////

10.05.2011
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