En esta escuela superior está permitido soñar, y se fomenta la invención de historias. Y si todo sale perfecto, al fin se transforma en realidad, al menos en la pantalla grande. Ludwigsburg no suena precisamente a Hollywood. Sin embargo, hace muy poco, en 2007, un joven director recibido en Ludwigsburg obtuvo el Oscar para estudiantes. Esos premios son un incentivo, también para Martin Busker. Primera cámara a los once años, realizador de cortometrajes en las vacaciones, formado en composición de imágenes y sonidos, asistente del conocido director alemán Rosa von Praunheim – y ahora estudiante de dirección en la Academia de Cine, a punto de obtener su diploma. “Al principio no me animaba a ser director, pensaba que solo servía para técnico, para alguien que solo sabe de cámaras y de montajes.” Pero con sus cortometrajes “HerzHaft” y “Höllenritt” demuestra lo contrario. Ambas películas se proyectarán por la televisión alemana en 2009. Y “Höllenritt” se podrá ver en febrero en la Berlinale. Allí donde el séptimo arte es grande y la alfombra roja espera.
Hasta entonces el estudiante de 28 años busca nuevos desafíos. Martin Busker trabaja en su primer largometraje de 90 minutos, junto con sus dos compañeros, un guionista y una productora. Nunca había hechouna película tan larga, exigente y costosa, reconoce Busker, con algo de temor. Pero se siente bien preparado gracias a su formación. En Ludwigsburg se trata no solo de sueños, sino también de conocimiento y oficio sólido para el competitivo negocio de la cinematografía.
“Curso estudios de cinematografía en Ludwigsburg.” Por esta frase eran probablemente objeto de burlas los primeros 25 estudiantes de la academia en 1991. En aquella época solo se estudiaba cinematografía en Berlín, Potsdam o Munich, pero no en un provinciano distrito cerca de Stuttgart. Unos 18 años después, la Academia de Cine ha cumplido la mayoría de edad y se ha convertido en uno de los centros principales de enseñanza cinematográfica de Alemania. Ha adquirido prestigio internacional, sus egresados ganan muchos premios en festivales internacionales conocen la fábrica de sueños de Hollywood asistiendo a un taller en Los Ángeles. Ludwigsburg, la cinematografía provinciana, eso fue ayer.
Hoy, los aprox. 450 futuros profesionales que estudian alguna de las 14 carreras de la Academia de Cine conocen todo el mundo del séptimo arte: desde dirección y guión, pasando por producción y cámara, hasta banda sonora y animación. El campus ofrece todo aquello que se necesita para hacer películas: estudios, talleres de trabajo, oficina de selección de elenco, y almacén técnico; incluso hay una sala propia de cine y el café estudiantil se llama “El ángel azul”, en memoria de la famosa película de Marlene Dietrich. En los edificios uno puede pasar por innumerables carteles de películas de producción propia, encontrarse con estudiantes portando cámaras o a un equipo que está preparando el plató para el próximo rodaje. El patio a veces se transforma en un pequeño estudio de cine, en el que estudiantes practican la dirección de la cámara sobre una grúa. “Estamos muy orientados a la práctica, trabajamos con más de 300 docentes provenientes del sector de cinematografía y medios y producimos unas 200 películas al año, es decir, muchas más cintas que otras universidades”, afirma el profesor Thomas Schadt, director de la academia. El concepto de formación es solicitado. De 800 a 900 solicitudes de admisión recibe la Academia de Cine cada año, de las cuales se eligen solo a unos 100 estudiantes. Schadt: “Son varias las aptitudes que debe reunir un futuro realizador. Determinación, imaginación, paciencia y capacidad para trabajar en equipo son algunas de ellas. Pero también atrevimiento para la subjetividad y el deseo de desarrollar el carácter.”
Y sin talento es imposible. Daniela D. König, 30 años, es capaz de contar historias emocionantes y le gusta escribir. Lo demostró ya en el examen de admisión. “Entregué un borrador de guión para una salvaje historia de misterio. Pensé que la academia me tomaría por loca.” Pero su imaginación fue premiada con una plaza de estudios. En sus dos primeros años de ciclo básico, Daniela König cursó, como todos los otros estudiantes, un programa interdisciplinario de seminarios. Asistió a cursos teóricos sobre historia del cine y normas legales, dirigió obras, aprendió a manejar la cámara y a rodar vídeo clips. Actualmente está escribiendo su trabajo práctico final, consistente en un concepto y un guión para una serie de televisión. Esta vez no es una historia de misterio sino una comedia.
El héroe de historietas Batman como muñeco de goma y el maléfico de ciencia ficción Darth Vader como su compañero de cartón pintado. Bienvenidos al mundo de los dibujos animados y los efectos especiales, en el Instituto de Animación. Efectos Visuales y Postproducción Digital. Con su competencia, el Instituto ya ha colaborado con el director estrella Roland Emmerich en su gran éxito cinematográfico “Independance Day” y ganó el Oscar por los mejores “Efectos Visuales”. Son estudiantes muy aficionados a ordenadores de alta capacidad, a sofisticados programas informáticos de animación y, claro está, al cine. Como Peter Hacker, estudiante de 24 años. “Lo bueno de los estudios de animación es que uno puede ser juguetón”, dice el admirador de “La Guerra de las Galaxias” e “Indiana Jones”. “Me gustan las películas que impresionan visualmente, en las que los espectadores aplauden de entusiasmo, el cine brillante, el cine que gana premios.”
Cuando se trata de su próximo y exigente proyecto fílmico, el estudiante de dirección Martin Busker no solo piensa en premios cinematográficos sino también en veladas de debate con el guionista en el piso estudiantil compartido. Hasta el inicio del rodaje antes del verano de 2010 deberá haber terminado la trama de la película, asegurado la financiación y encontrado el equipo de trabajo, incluyendo actores y sitios de rodaje. Mucho trabajo espera aún a Busker. Pero el talentoso joven se muestra resuelto. Quiere que el sueño de su primer largometraje se haga realidad, en lo posible en la pantalla grande.













