Pase en profundidad. Un día después de que Alemania perdiera frente a España en la semifinal del Mundial de fútbol, la Oficina Federal de Estadística presentó cifras que hicieron que el campeón mundial en exportaciones desde hace años volviera a soñar, al menos en el terreno económico. El comercio exterior alemán registró, según los últimos datos, el mayor ascenso de los últimos diez años. Las exportaciones aumentaron casi un 30 por ciento en comparación con mayo de 2009. “El comercio exterior ha hecho un sprint con todas sus fuerzas para salir de la crisis”, destaca también Anton F. Börner, Presidente de la Federación de Exportadores, Importadores y Mayoristas Alemanes (BGA). “El comercio exterior ha vuelto a asumir su función de motor de la economía alemana”.
La exportación contribuye de forma decisiva a que Alemania sea una de las naciones líderes económicamente. Después de que la República Federal ostentara el título de campeón mundial en exportaciones de 2003 a 2008, en 2009 fue sobrepasada por China. El país más poblado del mundo es también el socio de exportación más dinámico para Alemania, es el mayor comprador, entre otras cosas, de máquinas alemanas, y al mismo tiempo es el segundo socio más importante de importación. El ejemplo de China muestra, además, que Alemania no sólo es campeón del mundo en exportación e importación, sino que, desde 1999, Alemania es el principal inversor europeo en la República Popular. Unas 2500 empresas alemanas tienen inversiones en China. Impresionante es la fábrica Volkswagen en Shanghai, que previsiblemente en 2010 producirá más de un millón de coches y se convertirá así en la mayor fábrica de coches del mundo. En Nanjing, el gigante químico alemán BASF tiene su mayor fábrica de alta tecnología en Asia, una joint venture con la petrolera china Sinopec.
Alemania es un inversor apreciado en todo el mundo. En el Estado de Río de Janeiro, el grupo de materiales y tecnología ThyssenKrupp inauguró en junio una planta ultramoderna que ha costado 5200 millones de euros, la primera gran fábrica de acero construida en Brasil desde los años 1980. Igualmente en Brasil, São Paulo es la mayor ciudad industrial alemana en todo el mundo con unas 1000 empresas alemanas. La Deutsche Bahn AG está construyendo la red ferroviaria del emirato de Qatar, el mayor encargo en la historia de la empresa. Y en el Estado americano de Carolina del Norte, Siemens está creando un nuevo centro global para la fabricación de turbinas de gas y vapor y de generadores que satisfagan las exigencias ecológicas del sector.
Alemania también apuesta por las innovaciones en su propio país e invierte un 2,53 por ciento del producto interior bruto en investigación y desarrollo; por encima, por lo tanto, de la media de la OCDE del 2,28 por ciento. El gasto en innovación de la economía alemana ascendió en 2008 a 128.000 millones de euros. En torno a una cuarta parte de esa suma fue invertida por el sector de ingeniería automovilística, un símbolo de la calidad de los productos industriales alemanes, reconocida en todo mundo.
Que Alemania tiene aún más que ofrecer queda de manifiesto, por ejemplo, a través de la evolución positiva de la economía en el área de la cultura y la creatividad, ésta incluye sectores como la música, la literatura, el cine, la radio y televisión, la publicidad y el diseño. La economía creativa da trabajo actualmente a más de un millón de personas en Alemania y tiene una importancia significativa para la economía nacional. Además, adquiere una función modélica en el camino del país hacia una economía basada en el saber. Este camino queda claro también observando el desarrollo sectorial del mercado laboral alemán. Así, por ejemplo, el porcentaje de trabajadores en el sector de servicios ha pasado desde 1991 de casi un 60 a un 73 por ciento.
La elevada cualificación de la población activa alemana es uno de los puntos a favor de Alemania para los inversores internacionales. En un estudio actual de la agencia de consultoría Ernst & Young, los directivos extranjeros destacaron también la calidad de vida, la infraestructura y la calidad de la investigación y el desarrollo. Unas 45.000 empresas internacionales tienen una sede en Alemania, entre ellas las 500 mayores del mundo. A modo de ejemplo, la empresa española de telecomunicaciones Telefónica O2 Europe invirtió 3000 millones de euros entre 2007 y 2010 para desarrollar la infraestructura de telefonía fija y móvil del país.
Entre las empresas alemanas que invierten en el extranjero destaca Siemens. El grupo cuenta con 32.500 investigadores y desarrolladores en más de 30 países y es considerado una fuente de innovación de la economía alemana. Éste es uno de los motivos por los que Siemens ocupa el respetable puesto 47 en el ranking de las 100 mejores marcas internacionales de Interbrand. Un puesto aún más superior lo ocupa la empresa de software SAP (puesto 27) y las de automóviles BMW (puesto 15) y Mercedes-Benz (puesto 12).
En los últimos años, Alemania también ha cobrado renombre en importantes sectores con futuro, por ejemplo, en tecnología medioambiental. Con una potencia instalada de casi 26.000 megavatios, Alemania es un líder en energía eólica, sólo por detrás de Estados Unidos. En materia de energía solar, Alemania es la número uno indiscutible con casi 10.000 megavatios de potencia instalada, 3800 de ellos añadidos el año pasado. La apuesta por las tecnologías verdes merece la pena: casi una de cada cinco células fotoeléctricas y casi cada tercera bomba eólica procede de Alemania. Es precisamente la predisposición a una innovación constante la que mantiene en marcha el motor de la exportación, y toda la economía se beneficia de ello.













