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Entrenando para los Juegos Paralímpicos

La natación es la natación

El deporte con una discapacidad: al principio suele tratarse de un estímulo, luego se convierte en diversión y, en algunos casos, en ambición. Los mejores participan en los Paralímpicos

Torsten Haselbauer y Peter Himsel (foto)

Es temprano. Nikolai Willig ha preparado la bolsa de natación y se va al entrenamiento como todos los días. Tan sólo tiene que cruzar el patio del internado. Los recorridos son cortos en el centro federal de alto rendimiento deportivo de Hohenschönhausen, en Berlín. El entrenador ya le está esperando. Nikolai Willig, estudiante de Bremen de 17 años, es siempre uno de los primeros. El día comienza para él con tres horas de entrenamiento en el gimnasio y en el agua. Después toca ir a clase. “Este año, el entrenamiento es más largo”, comenta el nadador antes de meterse en el agua. Nikolai Willig nada 50 metros en estilo libre en menos de 30 segundos. Con un brazo. Los mejores nadadores alemanes necesitan casi 23 segundos, con dos brazos. Nikolai está en plena preparación para los Juegos Paralímpicos. Serán sus primeros juegos olímpicos para discapacitados, para los que ya se ha clasificado con su excelente registro.

Nikolai perdió su brazo izquierdo a los diez años al recibir una descarga de alta tensión. Después de una larga estancia en el hospital y el consiguiente periodo de rehabilitación, empezó a nadar. “Por supuesto que el hacer deporte es para los discapacitados al principio una forma de sobrellevar el destino y de reforzar la autoestima”, explica Matthias Ulm, el entrenador de natación del centro de Hohenschönhausen.En la mayoría de los casos no pasan de disfrutar del movimiento mientras practican uno de los más de 40 deportes que incluye el programa de la Asociación Alemana de Deportes para Discapacitados (DBS), desde fútbol para ciegos hasta rugby en silla de ruedas. En total son casi 400.000 personas con discapacidad las que practican deporte en uno de los 4700 clubes deportivos para discapacitados de Alemania. En el deporte de base se trata, sobre todo, de tener encuentros y experiencias comunes. Aunque el deporte, por supuesto, también mejora el rendimiento y la salud. El aumento de la autoestima y los contactos sociales también tienen un efecto positivo en la integración de las personas con discapacidad. Pero algunos quieren algo más. Como Nikolai. “Entonces se convierte en un duro deporte de competición”, concluye el entrenador. La natación es la natación.

Nikolai Willig se halla al comienzo de su carrera deportiva. La participación en los Juegos Paralímpicos de Pekín debería ser su primer punto álgido. Para ello, entrena duro. Semana tras semana nada al menos 20 horas y hasta 80 kilómetros. “Quien quiere estar en la vanguardia internacional no puede trabajar menos”, comenta él con profesionalidad. Nikolai Willig ha tenido algo de suerte en su mala suerte. En Hohenschönhausen puede combinar fácilmente el deporte y los estudios. “Este sistema es el modelo de futuro del deporte para discapacitados”, afirma Matthias Ulm. Hace unos tres años se apuntó por primera vez el apellido Willig. En aquel entonces, Nikolai aún entrenaba en Bremen, en un club de natación junto con personas no discapacitadas. Sus marcas eran siempre un poco peores que las de sus compañeros, pero no mucho. “Yo sabía que podía nadar rápido. Pero también me di cuenta de que en Bremen no podía superarme mucho más”, recuerda Nikolai. A Ulm no le costó mucho convencer a Nikolai y a sus padres de que se trasladaran al Centro de Entrenamiento Olímpico (CEO) de Berlín. Berlín es un núcleo del deporte para discapacitados: casi 40 deportistas discapacitados que compiten a nivel paralímpico se han trasladado a la capital porque el CEO, las escuelas de elite y el reciente Club Deportivo Paralímpico ofrecen excelentes condiciones para el deporte de alto rendimiento. Para Nikolai, el motivo fue el poder compaginar sin problema los estudios, el deporte y el encontrar después un trabajo. Tras los Juegos Paralímpicos, el nadador empezará en Berlín su formación de técnico en comercio exterior y mayorista en una academia privada de formación profesional, que será subvencionada por el Estado Federado de Berlín.

A unos 50 kilómetros entrena Marianne Buggenhagen en el Centro Federal de Alto Rendimiento de Kienbaum, cerca de Fráncfort del Oder. La atleta berlinesa de 55 años vuelve a utilizar durante estos meses su silla de lanzamiento. Delante de ella está la silla de ruedas desde la que se ha subido sola a su otra silla de unos 75 centímetros de altura. Una y otra vez, la plusmarquista mundial lanza el disco hacia la hierba que tiene delante, rozando la marca de los 20 metros. Y a esa distancia más o menos está su entrenador Bernd Mädler, quien critica hasta el más pequeño fallo en los movimientos de la que probablemente es la más conocida y exitosa deportista discapacitada de Alemania. Él siente que Marianne Buggenhagen quiere volver a demostrar de lo que es capaz. En Kienbaum se prepara con tanta seriedad como ambición para los Juegos Paralímpicos de Pekín.

Serán sus quintos Juegos Paralímpicos y, como ella sabe, los últimos. Buggenhagen está en silla de ruedas desde 1976, cuando quedó parapléjica. “Al principio era como un pato, totalmente desvalida”, recuerda la esbelta y atlética deportista. En la RDA, donde ella creció, no se promovía excesivamente el deporte para discapacitados. Pero la joven desarrolló un verdadero e inagotable afán por practicar deporte. Primero baloncesto, luego atletismo, con el que ya consiguió 15 medallas de oro desde los Juegos Paralímpicos de Barcelona de 1992. “Para mí, el deporte es sin duda una ayuda vital. A través de él he aprendido a ponerme y quitarme sola un pantalón. Nadie me ha enseñado a hacerlo”, comenta tras un lanzamiento. Empezó a practicar deporte de alto rendimiento en 1989, cuando cayó el Muro en Alemania, y no tardó en convertirse en una de las atletas más exitosas a nivel internacional. Pero Marianne Buggenhagen, que además ha estudiado enfermería, es también un ejemplo para muchas personas con discapacidad: “No importa si se trata de un deporte de alto rendimiento o de base, el deporte siempre es bueno”, afirma rotundamente. ¡No hay que venirse abajo! En su opinión, lo mejor sería que ya en las clínicas de rehabilitación se pusiera más énfasis en recomendar la amplia oferta de deportes para discapacitados. “De este modo se resolvería al mismo tiempo el problema de la falta de jóvenes deportistas discapacitados en Alemania”.

La Asociación Alemana de Deportes para Discapacitados apoya la preparación para los Juegos de Pekín de Marianne Buggenhagen, Nikolai Willig y muchos otros atletas. No obstante, no en todas partes hay centros federales de alto rendimiento deportivo adaptados a las personas con discapacidad, como en Kienbaum, o centros de entrenamiento olímpicos, como en Berlín; éstosse concentran en el este de Alemania. La DBS financia los campos de entrenamiento, y los atletas también reciben apoyo financiero de la fundación Sporthilfe. “Aunque sólo sirva para llenar dos veces el depósito de gasolina”, dice Buggenhagen. “Pero, si vuelvo a ganar una medalla en Pekín, eso me da igual”. Y esta vez lanza el disco más allá de los 20 metros.

26.05.2008
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