Dr. Graumann, ¿qué características tienen las comunidades judías hoy en Alemania?
Visto a nivel de toda Alemania, nuestras comunidades están conformadas en un 90 por ciento por personas venidas de Europa Oriental en los últimos 20 años. Todo el mundo habla de integración. Nosotros la practicamos. No conozco a nadie que lo logre tan bien, a pesar de todas las imperfecciones. En el este de Alemania existen comunidades compuestas en un cien por cien por inmigrantes. Los inmigrantes deben superar dos desafíos: integrarse en la sociedad alemana, muy diferente a la rusa o la ucraniana; e incorporarse al microcosmos de la comunidad judía. Por ello, las comunidades se están transformando enormemente: construimos una comunidad judía completamente nueva.
¿Cuál es el mayor desafío?
Permanecer unidos. El gran número hace que la comunidad sea mucho más heterogénea y que crezca el peligro de desunirnos políticamente. Las fuerzas centrífugas adquieren cada vez más fuerza. Hay incluso quienes explícitamente buscan que nos desunamos. Ello es un gran desafío: políticamente queremos hablar con una sola voz, como comunidad judía plural, pero unida.
Luego de su elección se subrayó a menudo que usted es el primer presidente del Consejo Central que no vivió el Holocausto, que con usted tiene lugar un cambio generacional…
Así es. Por primera vez encabeza el Consejo Central alguien que no vivió la Shoá. Pero más de 65 años después, ello es inevitable, ya por razones numéricas. Por lo tanto no es nada sensacional. Ni tampoco es del todo correcto, ya que alguien de la segunda generación, como yo, está muy marcado por la Shoá. Crecimos con las pesadillas, heridas y lesiones de nuestros padres. No puede decirse que cerremos un capítulo. Todo lo contrario. Las historias y los traumas han pasado directamente a nosotros.
Su nombre es en realidad David. En la escuela se lo cambió por Dieter, para que nadie notara de inmediato que era judío. ¿Es pensable algo así hoy?
Creo que no. Nombres bíblicos, como Sara, Aarón, Miriam y otros nombres muy hermosos, están de moda, sobre todo entre no judíos. Y además hoy no sería necesario esconderse. Entonces yo era el único niño judío en la escuela. Hay que verlo en el contexto de la época.
En algún momento, sin embargo, usted se decidió por reconocer su judaísmo. ¿Qué lo llevó a ello?
En cuanto al compromiso político, me influyó mucho Ignatz Bubis. Nos mostró a los judíos en primer lugar que debemos defender lo que nos es importante, también ofensivamente y con coraje en los debates y controversias. Y que si lo hacemos, no nos quedamos solos. Ignatz Bubis desarrolló y conquistó la legitimidad de un compromiso judío valiente en Alemania. Yo siempre estuve muy cerca y me impresionó mucho. Quien sólo sonríe siempre amablemente, no es respetado. Hay que saber morder también.
¿Usted también lo puede hacer?
Sí, si es necesario. Pero sonreír es mucho más hermoso.
¿Cuáles son sus objetivos como presidente del Consejo Central?
No quiero mencionar un indicador rígido y tener que correr después detrás de él. Quiero darle al judaísmo en Alemania una perspectiva fresca y un fuerte futuro. Deseo un judaísmo consciente de sí mismo y sus fortalezas, despabilado y no atrapado en la rutina argumentativa judía, que intervenga abierta y ofensivamente en muchos debates sociales que interesan a toda la población de Alemania. Y también deseo una sociedad en la que seamos aceptados como judíos y en la que no se nos margine. Queremos ser una fuente de inspiración y de nueva confianza, a pesar de todas las catástrofes.////
Entrevista: Janet Schayan
Dr. Dieter Graumann
Economista, nació en 1950 en Israel, creció en Fráncfort del Meno. A fines de 2010 fue elegido presidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania.














