Quien en un día de tormenta en altamar mire hacia el horizonte, sentirá la amplitud, la profundidad y esa colosal fuerza. Las rugientes aguas parecen algo interminable, casi amenazadoras; devoran buques, destrozan costas maltratadas. Pero los océanos son también el origen de la vida y fuente de alimentación para miles de millones de personas. Pese a todo, los océanos, aparentemente tan vastos y poderosos, son vulnerables. Con sus gigantescos buques pesqueros de arrastre, el hombre sale a la caza de los peces. Arroja desechos, venenos y miles de toneladas de fertilizante al mar; penetra en sus profundidades, en busca de petróleo y gas. El cambio climático afecta ese hábitat global. Científicos de todo el mundo están tratando de averiguar qué sucede en el mar. Se trata de un gran reto, ya que la vida marina es muy diversa y compleja. Es obvio que sólo se puede entender el océano si cooperan especialistas de diferentes disciplinas. Los biólogos llevan registros de especies de peces y sus poblaciones. Los economistas saben qué valor tiene cada pescado en el mercado mundial. Sólo en estrecha colaboración podremos llegar a saber cómo se puede llegar a salvar las especies que son víctimas de sobreexplotación.
Es justamente esta visión la que ha llevado a científicos alemanes a unirse en una singular cooperación de investigación: el clúster de excelencia “El futuro de los océanos”. Expertos marinos, geólogos y economistas, así como médicos, matemáticos, abogados y sociólogos intentan juntos desde 2006 conocer mejor los mares. Trabajan en centros situados en la ciudad de Kiel, sobre el Mar Báltico, en la Universidad Christian-Albrechts-Universität (CAU), en el Instituto de Ciencias Marinas (IFM-GEOMAR), en el Institut für Weltwirtschaft (IfW) y la Escuela Superior de Arte Muthesius Kunsthochschule. Estos clústers de excelencia, creados por iniciativa del Gobierno Federal de Alemania y de los Estados federados, han sido establecidos en centros y facultades de varias universidades. En Kiel, hoy un total de 240 científicos se han propuesto entender mejor cómo los océanos responden al cambio climático y a otras amenazas, y de cómo protegerlos mejor en el futuro. La pregunta central es: ¿Cómo podemos utilizar el océano sin destruirlo? “Queremos encontrar caminos que nos lleven a una gestión sostenible de los océanos”, resalta Martin Visbeck, catedrático de oceanografía física en IFM-GEOMAR y portavoz del clúster de excelencia. IFM-GEOMAR es actualmente probablemente la única institución que se dedica científicamente a estudiar los mares de forma tan diversa e interdisciplinaria. Ya han creado 13 cargos de los llamados “profesores junior”, a fin de atraer a más especialistas jóvenes al proyecto. Sólo así será posible estudiar el océano en toda su profundidad.
Martin Quaas, por ejemplo, se incorporó a la CAU como economista medioambiental, con la misión de analizar la actividad pesquera a escala mundial. Trabaja en estrecha colaboración con biólogos marinos de GEOMAR. “Los biólogos determinan las especies y las poblaciones de peces existentes en los océanos y calculan qué cantidad puede ser pescada de manera que el nivel de población se mantenga”, explica Quaas. “Sin embargo, esto no es suficiente si se desea alcanzar una gestión futura sostenible.” La política de explotación pesquera debe cambiar radicalmente, puntualiza Quaas. Como economista, Quaas sabe qué hacer y, sobre todo, cómo crear incentivos para una nueva actividad pesquera mejor. En primer lugar hay que establecer máximos mucho más bajos para las cantidades permitidas de captura. De lo contrario, se reducirá el número de animales en edad de reproducción, lo cual merma las crías. Ello es fatal y debe cambiar. “Hoy en día, las cuotas de pesca anuales se reparten por peso. Cada empresa recibe un porcentaje de peso. “Sería mejor especificar un número máximo de animales para crear el incentivo de pescar solo peces grandes”, dice Quaas.
En América del Sur han hallado vías alternativas de explotar pescados y mariscos de modo más sostenible. Las poblaciones de otras y equinoideos fueron colocados bajo la responsabilidad de los pescadores locales. Más responsabilidad personal significa que los pescadores se cuidan de pescar solo la cantidad máxima de frutos de mar para que también en la próxima temporada haya suficiente pesca. Con la combinación en un clúster de conocimientos biológicos pesqueros y know-how comercial, se ha llenado un vacío en Alemania, asegura Quaas. Ahora, el clúster de excelencia puede ofrecer recomendaciones a los políticos para medidas concretas, que sean sostenibles pero a la vez económicamente viables a largo plazo.
Fascinante biodiversidad
Quaas no estima niveles de población, pero realiza simulaciones en computadora para establecer la rapidez con que están desapareciendo ciertas especies y cómo afecta la actividad de pesca a los peces. Rainer Froese le apoya en este cometido. El experto en fauna marina es desde hace mucho tiempo miembro del equipo de investigadores de IFM-GEOMAR del clúster de excelencia. Su especialidad es el análisis sistemático de la exposición al riesgo de la biodiversidad marina. Junto con investigadores de Filipinas creó el sitio www.fishbase.org, una de las enciclopedias más grande sobre peces.
Expertos de todo el mundo pueden comunicar a Fishbase especies recientemente descubiertas de peces o también nuevos resultados de investigaciones sobre áreas de distribución u otros detalles. Froese y sus colegas analizan los resultados y los incorporan a la base de datos. El investigador está orgulloso de que Fishbase sea constantemente citado como fuente fiable por otros científicos. “Nuestros datos figuran ya en más de 1.000 publicaciones de primer orden”, señala Froese. Este es ciertamente un motivo de satisfacción. En 2010, los biólogos han lanzado un nuevo servicio en Internet. La plataforma www.aquamaps.org contiene las áreas de distribución actuales de alrededor de 11.000 animales marinos mediante ilustrativos mapas. Incluye todos los mamíferos marinos y la mitad de todas las especies de peces conocidas. AquaMaps es el resultado de una ardua labor. En el archivo de fauna marina se han incorporado cientos de miles de observaciones de numerosos científicos marinos, también conocimientos enciclopédicos de cientos de publicaciones científicas, sobre las áreas origen de los organismos, temperaturas del agua preferidas y grados de salinidad.
Froese ha vinculado los mapas de distribución con las predicciones climáticas del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), y el resultado es aterrador. Si el calor de la Tierra sigue aumentando según las previsiones, muchas especies de peces ya tendrán problemas para sobrevivir hacia mitad de este siglo, sobre todo los peces del Ártico y la Antártida, adaptados a las aguas frías. Incluso un aumento de la temperatura del agua de solo dos grados puede ser fatal para ellos. También para los peces tropicales las temperaturas pueden ser demasiado calientes. Pero el clúster de excelencia no desea difundir solo malas noticias, sino sobre todo ayudar a que cambien las cosas, por ejemplo con el servicio de Internet Seafoodguide, que Froese realiza dentro de un proyecto de la UE. En el sitio www.seafoodguide.org, los aficionados al consumo de pescados y mariscos pueden consultar en cuestión de segundos con mensajes de texto si el pescado que tiene ahora en el congelador fue capturado de forma sostenible o no y si lo pueden comer sin cargos de conciencia.
De recursos marinos vivos bien diferentes se ocupan los médicos Thomas C.G. Bosch y Philip Rosenstiel que también participan en el clúster de excelencia. Con ayuda de criaturas ancestrales, como poríferos y medusas, los investigadores intenta comprender mejor las enfermedades autoinmunes del ser humano, en especial las enfermedades que surgen en el punto de intersección con el mundo exterior, es decir, en la piel, la superficie de los pulmones o el intestino, como la dermatitis atópica, el asma o la enfermedad de Crohn. Hoy se sabe que hay bacterias que desempeñan un papel importante en estas dolencias, pero que a la vez son beneficiosas para el ser humano, por ejemplo las bacterias intestinales que controlan la digestión. En algunos casos, la afinada comunidad de bacterias se enloquece y el ser humano se enferma. Es sorprendente que criaturas tan sencillas como medusas y poríferos sean tan útiles a los investigadores. Pero, en realidad, los sistemas inmunológicos de estas criaturas arcaicas y la del hombre son sorprendentemente similares. Los investigadores esperan que estos organismos primitivos les permitan entender mejor las reacciones inmunológicas, y, en última instancia, sanar a pacientes humanos. Algo que sorprende es que las criaturas submarinas no sufren trastornos del sistema inmune. En otros proyectos, los médicos buscan en organismos marinos nuevos agentes terapéuticos. Desde hace varios años se comercializan analgésicos y medicamentos contra el cáncer extraídos de conchas y poríferos.
Aprendiendo del mar
Se sospecha que miles de otros prometedores fármacos se esconden en el fondo de los océanos. El clúster ayudará a descubrir nuevos medicamentos. Los médicos de Kiel emplean al efecto costosos equipos de laboratorio, con los que pueden buscar, por ejemplo, genes en el genoma de las bacterias marinas que contienen el diseño de la estructura molecular de prometedoras sustancias proteicas. “La cooperación con médicos es muy valiosa”, afirma el portavoz de clúster Visbeck. “Sus conocimientos enriquecen enormemente los estudios de biólogos marinos, y no sólo en cuanto a aspectos médicos.” También examinan en detalle el impacto de los cambios ambientales sobre los organismos marinos, en ciertas células y en el metabolismo. Un aspecto importante es la acidificación del mar. Debido a la absorción de dióxido de carbono de efecto invernadero proveniente de los gases atmosféricos, el mar se acidifica, como agua mineral a la que se le infiltra gas. Los científicos de Kiel desean comprender mejor qué sucederá en el futuro con los organismos marinos.
El dióxido de carbono y el cambio climático son unos de los temas más candentes de nuestro tiempo. Ello se refleja en muchos proyectos del clúster de excelencia. Los geólogos de Kiel se ocupan del almacenamiento geológico profundo de dióxido de carbono en el suelo marino. La idea es interceptar el dióxido de carbono ya en la central eléctrica de gas o de carbón y, a continuación, licuarlo y transportarlo por gasoductos o buques de dragado al fondo del mar. Gracias a la proximidad a los biólogos marinos en Kiel, en la actualidad se puede estudiar con bastante precisión los impactos que podría tener esto sobre el entorno submarino. A los geólogos también les interesa la explotación de otros recursos naturales valiosos, del mineral de los fondos marinos o los nódulos de manganeso que desde hace miles de millones se hallan en el fondo del Pacífico. Aún no está claro cómo estas materias primas se pueden explotar. Aún falta la tecnología necesaria. Este es otro de las cuestiones que investiga el equipo de Kiel.
Además, el Derecho marítimo es otro tema del clúster. Si bien existe con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar desde hace varios años un régimen jurídico global para los océanos, siempre se producen conflictos entre las naciones. En los continentes los límites son claros, poro no tanto así en las superficies submarinas, que son patrimonio común de la Humanidad. ¿A quién pertenecen los recursos genéticos, los futuros medicamentos o las bacterias y poríferos que se encuentran latentes en las profundidades? ¿Cómo debemos repartir las grandes reservas de gas y petróleo que se hallan debajo del hielo marino en el Ártico y que en un futuro quedarán al descubierto por derretimiento de las masas de hielo? El jurista Alexander Proelß se ocupa intensamente de estos conflictos marítimos, para los que a menudo no hay casos precedentes.
En algunos casos, los investigadores de Kiel han presentado peritajes, ahora reconocidos internacionalmente, por ejemplo en el caso de un conflicto acerca de un experimento de fertilización con hierro en el Océano Austral. Un equipo de investigación compuestos de India y Alemania intentó averiguar si el hierro estimula el crecimiento de algas en territorios marinos pobres en nutrientes. Las autoridades ambientales y ONG intervinieron y los científicos tuvieron que suspender sus estudios. El buque de investigación “Polarstern” deambuló un tiempo por el Atlántico Sur. Cada día los investigadores esperaban la autorización. En muy poco tiempo, los científicos de Kiel presentaron un informe al respecto, en el que se concluía que, de acuerdo a las convenciones actuales, no se justificaba la prohibición de esa investigación y el experimento pudo reanudarse. “Hay casos como éste, que dejan claro que el derecho marítimo todavía se enfrenta a nuevos desafíos”, comenta Proelß, quien más tarde aceptó un cargo de catedrático en la Universidad de Tréveris. “Esto pone manifiesto cuán estrechamente interconectadas están las diversas disciplinas y la importancia del trabajo interdisciplinario, así como el que practicamos en el clúster.”////














