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Una historia de éxito en provincia

Las dos vidas de Dietmar Hopp

Primero llevó a la empresa de software SAP al liderazgo en el mundo, ahora logró que el club de la aldea de su niñez ascendiera a la Bundesliga. Un retrato

Martin Orth

Dietmar Hopp en el suelo. El exitoso empresario se halla sentado sobre el césped del estadio de fútbol. Pero sus manos señalan hacia arriba. Hopp, que viste la camiseta azul del club, dirige el himno: “Olé, olé, súper TSG“. Ese día de mayo, el TSG Hoffenheim asciende a la primera división del fútbol alemán. En menos de dos décadas, el “club de aldea” pasó de una de las últimas ligas de amateurs a la Bundes­liga. Hopp festeja alegremente con “sus” muchachos. Pues Dietmar Hopp es el padre del éxito.

¿Quién es Dietmar Hopp? Un multimillonario y un mecenas. Pero también alguien con raíces en su aldea, un apasionado del fútbol y un empresario siempre ávido de éxitos. Nacido en 1940 en Heidelberg, pasa su niñez en la aldea de Hoffenheim, de 3300 almas, entre Heidelberg y Heilbronn. La casa de sus padres se halla aún hoy en el centro del pueblo. De joven jugó como delantero en el TSG. “Siempre lo arriesgaba todo”, dice un ex compañero de equipo. Los goles eran premiados con salchichas que donaba el carnicero local. “Muchacho, estudia para maestro”, le dice la madre. “Mamá, seré millonario”, le replica el hijo.

Y Hopp sabe cómo se lo logra. Con talento, ideas… y mucho trabajo. Sus estudios de informática los financia cosechando remolacha, distribuyendo carbón y recogiendo caracoles de viña para vendérselos a los restaurantes. Su carrera profesional la comienza como desarrollador de software de IBM. Luego da el paso decisivo: con cuatro colegas funda en 1972 en Wall­dorf la empresa de software SAP. Hopp cree en el éxito de SAP y lleva a la empresa a la bolsa de valores. “Desde ese momento crecimos rápidamente”, dice Hopp. Hoy, “su” empresa es, con más de 50.000 empleados, el mayor oferente del mundo de software para empresas. Y Dietmar Hopp es multimillonario.

En determinado momento piensa: “Ahora es suficiente. Mi familia está asegurada.” Poco a poco se retira de la empresa y comienza una “segunda vida”, esta vez como mecenas. Quiere devolverle algo a la sociedad que le posibilitó ese ascenso. Invierte entonces dinero en jóvenes empresas de biotecnología, que investigan terapias contra el cáncer y la enfermedad de Alzheimer. Y con sus millones –que en el ínterin ha traspasado en gran parte a la Fundación Dietmar Hopp– apoya sobre todo a universidades, hospitales, escuelas, asilos para ancianos… y al deporte. Siempre con la mirada puesta en la región Rin-Neckar. “Quiero dar impulsos allí donde vivo y donde yo mismo he jugado al fútbol. Si distribuyo dinero con la regadera, se evapora”, dice Hopp.

Hopp construye el estadio cerrado SAP-Arena en Mannheim, financia clubes de hockey sobre hielo y balonmano, funda el club de golf St. Leon-Rot e invierte en “su” club de fútbol, el TSG Hoffenheim. A la historia de éxito que comenzó con la donación de un par de pelotas de fútbol le sigue pronto un plan de acción. Hopp aplica en el club principios empresariales, crea estructuras profesionales, contrata a los mejores entrenadores, apuesta por la juventud y refuerza el equipo. Con gran esfuerzo personal y mucho poder de convicción. “Perseguí a Ralf Rangnick durante cuatro semanas”, dice Hopp. Al entrenador que llevó al Schalke 04 a la Liga de Campeones lo logra contratar finalmente para su club de provincia. Más exactamente, para la tercera división.

El plan es exitoso. Dos años después, el TSG Hoffenheim juega en la Bundesliga y comienza la nueva temporada como líder en la tabla de posiciones. Por doquier en la región surgen centros de alto rendimiento para jóvenes, donde éstos no sólo son entrenados futbolísticamente, sino también asesorados en los estudios, el aprendizaje de una profesión y personalmente. La Asociación Alemana de Fútbol (DFB) da en 2008 al TSG Hoffenheim el título de escuela de élite del fútbol. Y Ralf Rangnick declara que no recurrirá a ningún jugador mayor de 25 años.

Pero el modelo no sólo tiene admiradores. A menudo son hechas comparaciones con mecenas que invierten millones en un club, pero pronto también se marchan. Ello enfada a Dietmar Hopp. Porque no va con él. Su modelo vive efectivamente de la idea de la sostenibilidad. “No entiendo a la gente que opina que sólo los clubes tradicionales tienen derecho a existir. Si se aplicara ello en la economía, hoy no existirían ni Microsoft, ni Google ni SAP”, dice Hopp.

En la terraza de su club de golf en St. Leon-Rot, Dietmar Hopp planea ya el futuro. En Sinsheim, cerca de la autopista A6, se construye actualmente el estadio Rhein-­Neckar-Arena, que quedará terminado a comienzos de 2009 y ofrecerá lugar a 30.000 espectadores. Se planea que con el estadio, el club se autofinancie a más tardar en el 2010, el año en que Dietmar Hopp cumple los 70. ¿Un regalo? No, un cálculo. “Espero que se autofinancie”. Es que Dietmar ­Hopp no ha olvidado que también es un empresario.”

09.09.2008
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