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Cultura

Activo diálogo literario

La presencia de la Argentina como invitado de honor de la Feria del Libro de Fráncfort en octubre de 2010 ha intensificado el intercambio cultural de este país con Alemania. La Argentina está presente literariamente en Alemania como hacía tiempo que no lo estaba.

Antje Weber

La editora Leonora Djament estaba hace unos meses en Buenos Aires sentada en el café de la librería derrochando elogios sobre Fráncfort del Meno. “Sé que no a todo el mundo le gusta, pero a mí me encanta esa ciudad“. La directora de la editorial argentina “Eterna Cadencia” ya ha estado cinco veces en Fráncfort, en la mayor feria del libro del mundo. Huelga decir lo que hará este otoño, al fin y al cabo, la Argentina es invitado de honor de la Feria del Libro de Fráncfort. “Para la literatura argentina”, dice Leonora Djament, “es muy importante”. Y lo más decisivo no es que el país haya podido presentarse en su propio pabellón durante la feria a principios de octubre y que en cada rincón y stand hubiera autores argentinos leyendo y conversando; los efectos de la invitación son a largo plazo y se perciben desde hace meses. El intercambio cultural entre la Argentina y Alemania, ya de por sí intenso, ha recibido un impulso aún mayor.

Este año, la Argentina, que ha celebrado 200 años de Independencia, está presente en Alemania como hacía tiempo que no lo estaba. La Feria del Libro de Leipzig en marzo ya puso un acento en la literatura argentina. La conferencia de escritores “Botenstoffe” reunió en marzo en Berlín a autores de ambos países, y en junio, un coloquio internacional se dedicó en Leipzig al icono Jorge Luis Borges. Desde hace meses hay autores argentinos recorriendo Alemania: leyendo en festivales y librerías o pasando algún tiempo con becas en Alemania.

Como Pablo Ramos, de Buenos Aires. El escritor de 43 años estuvo en Berlín en 2009/2010 como invitado del programa para artistas del DAAD. Su primera novela de éxito “El origen de la tristeza” trata de una infancia difícil en un barrio periférico pobre de Buenos Aires en los años ochenta, cuando el país sufría las

consecuencias de la dictadura militar. Este tema es muy importante para Ramos, y por ello Alemania le interesa especialmente: quiere que sus novelas lleguen hasta el público alemán, dice, “porque Alemania ha vivido la experiencia de la II Guerra Mundial y ha reflexionado sobre ella“.

La traducción de su primera novela al alemán no es atribuible sólo a la editorial Suhrkamp, sino también a Litprom, la Sociedad para la Promoción de la Literatura de África, Asia y América Latina. Esta asociación, financiada por el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores y la fundación cultural suiza Pro Helvetia, ha fomentado traducciones de autores argentinos con mayor intensidad en los últimos años, con un total de 43 hasta ahora. El Estado argentino también ha iniciado un gran programa de traducción con motivo de la Feria del Libro de Fráncfort: según lo indicado por la embajadora argentina Magdalena Faillace, se han traducido recientemente 147 obras de 123 escritores argentinos a 21 idiomas, la mayoría de ellos al alemán.

Las nuevas publicaciones tratan de los temas más diversos, desde fútbol a superación de la historia, desde antologías de la literatura de autores jóvenes a clásicos como “El túnel” de Ernesto Sabato. El fuerte vínculo entre ambos países queda patente una y otra vez: el autor argentino Adrián Pais, por ejemplo, describe la escena nocturna berlinesa de los años 1990 en su novela “Estar en las nubes”. El escritor Ariel Magnus de 35 años, oriundo de Buenos Aires, se presenta por primera vez a los lectores alemanes con la divertida novela “Un chino en bicicleta”. Magnus tiene antepasados alemanes, estudió en Heidelberg y Berlín y ha hecho un análisis de Alemania en sus libros, aún sin traducir, “La abuela” y “Muñecas”. De Osvaldo Bayer, un intelectual argentino también vinculado estrechamente a Alemania, aparece en otoño en alemán la obra “La Patagonia rebelde“.

La Argentina, cuya historia está marcada por diversas olas de inmigración, ha dirigido siempre su mirada hacia Europa, más que ningún otro país de Sudamérica. Miles de inmigrantes procedían de Alemania. Hasta hoy sigue habiendo en Buenos Aires asociaciones culturales, escuelas y librerías alemanas. Jorge Luis Borges, por ejemplo, aprendió alemán para poder leer a Schopenhauer en original. Muchos jóvenes alemanes siguen compartiendo hoy el entusiasmo por la cultura alemana: un excelente ejemplo es la autora de 38 años María Cecilia Barbetta, de Buenos Aires, que vive en Berlín desde 1996, escribe incluso en alemán y obtuvo el premio Aspekte-Literatur 2008 por su primera novela “Taller de arreglos Los Milagros“.

En la escena literaria también existen paralelos germano-argentinos. La vida literaria en Buenos Aires es comparable con la de ciudades como Berlín y Múnich. En cada calle hay al menos una librería, en cada segunda, una editorial; con lo que volvemos a Leonora Djament que dirige en el barrio de moda de Palermo la pequeña, pero exquisita editorial “Eterna Cadencia”. En los próximos años le gustaría publicar autores como Ulrich Peltzer, Tilman Ramm­stedt o Nora Bossong. El intercambio literario entre Alemania y la Argentina no acaba, por lo tanto, con la Feria del Libro de Fráncfort, sino que, con suerte, empieza de verdad.

19.08.2010
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