Sr. Kosslick, con el estreno mundial, en 2008, del filme de Martin Scorsese “Shine a light”, sobre los Rolling Stones, usted presentó una verdadera “bomba” como película de apertura de la Berlinale. ¿Habrá en 2009 un golpe de efecto similar?
Bueno, no es tan fácil repetirlo, pero lo intentaremos. En 2008 tuvimos un comienzo en clave de rock. Uno de los temas principales en las series generales fue la música: películas de y sobre músicos, la música como expresión de los cambios sociales. Además de los Stones también estuvieron presentes Patti Smith, Neil Young y Madonna. La selección de los filmes para 2009 se cerrará a mediados de enero. Pero una película tiene para mí ya una particular importancia: “Food Inc.”, que muestra a través de dramáticas imágenes escandalosos hechos en la producción de alimentos. Desde hace dos años, la Berlinale se ocupa en la serie Culinarias de cuestiones ecológicas y de salud que giran en torno al tema alimentación y alimentos.
¿Son el número de estrellas sobre la alfombra roja una medida de la calidad de un gran festival de cine?
Un festival como la Berlinale presenta naturalmente también a grandes estrellas internacionales, pero no por ello nos olvidamos del arte del cine. El verdadero secreto de un festival internacional es presentar un programa amplio, pero con perfil propio. Las estrellas son parte de él, pero no lo único.
Para la Berlinale deben ser vistas 5000 películas. ¿Qué es lo más difícil en el proceso de selección?
Para echar una primera mirada a esa enorme cantidad de filmes tenemos diversos comités en cada una de las secciones. Luego, los directores de sección miran esa preselección. Yo lo hago para los filmes presentados a competición, es decir, que al final veo unas 200 películas. El desafío para hacer el programa es su composición correcta. El programa de una competencia internacional debe tener una dramaturgia. En ello son importantes factores formales, estéticos, de contenido y culturales, pero también tener en cuenta la heterogeneidad del público, compuesto por periodistas, representantes del sector cinematográfico y espectadores normales. Se trata de un acto de equilibrio algo complicado.
¿Qué importancia tiene el “European Film Market” que se lleva a cabo durante la Berlinale?
El European Film Market es un instrumento vital para la industria cinematográfica internacional. En el EFM son ofrecidas unas 700 películas, de las cuales el 75% son estrenos, es decir que son filmes presentados en Berlín por primera vez a potenciales compradores. Ello hace que el EFM sea muy atractivo, aquí son comercializados los filmes que el público verá en los próximos uno a dos años. El EFM ha sido increíblemente exitoso. Desde que se mudó al hermoso edificio Martin-Gropius-Bau, en 2006, el mercado ha crecido enormemente. Con la modestia debida podemos decir que en los últimos tres años nos hemos transformado en el tercer mayor mercado cinematográfico del mundo y seguimos creciendo.
La creación del Berlinale Talent Campus fue idea suya: ¿Qué esperaba de él?
Tener a 350 jóvenes cineastas de más de 120 países en la ciudad transmite al festival una enorme energía. En sus casi seis años de historia, el Campus no sólo ha satisfecho nuestras expectativas, sino que las ha superado ampliamente. Como plataforma joven de la Berlinale, tiene una positiva resonancia y se ha transformado en modelo de fomento de directores jóvenes en todo el mundo. La idea del Campus fue copiada ya en otros festivales y es organizada junto con nosotros, por ejemplo también en Sudáfrica, India y Argentina. Allí se organizan todos los años eventos similares con apoyo desde Berlín. El Festival de Cine de Sarajevo tiene desde el 2007 también un Talent Campus, con el foco puesto en el Sudeste de Europa. También el Festival de Cine de Jerusalén está interesado en tener un Talent Campus. Naturalmente nos alegra mucho que el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministro Frank-Walter Steinmeier apoyen el Campus.
¿Cuál es el estado actual del cine alemán?
Yo creo en nuestros cineastas y la calidad de los filmes alemanes. La situación del cine alemán se ha estabilizado a alto nivel. Existe un gran potencial de jóvenes cineastas, que trabajan en una gran diversidad de géneros. Ello se toma en cuenta también a nivel internacional. Incluso Hollywood ha descubierto esos talentos y realiza ofertas. Las películas alemanas conquistan una y otra vez premios, no sólo en la Berlinale, sino también en otros festivales. También el público mira ahora más cine alemán y Alemania se ha transformado en un solicitado lugar de producción.
Muchas de las películas últimamente exitosas tratan temas de la historia contemporánea. ¿Es una tendencia general o algo específicamente alemán?
En los últimos años ha aumentado fuertemente el interés por temas actuales que marcan nuestra vida. Muchos cineastas analizan el mundo que los rodea. Ello lo demuestra también el gran éxito actual de los documentales. Creo que los directores alemanes han sido también impulsores de esa tendencia, que ahora constatamos en todo el mundo.
¿Va a menudo al cine en su vida privada?
Naturalmente. La magia del cine está intacta, aún cuando hoy las posibilidades de la recepción audiovisual parezcan ilimitadas. La experiencia en conjunto, la sala de cine y la agradable sensación que surge cuando se corre el telón y comienza la función no pueden ser sustituidas por nada.
Entrevista: Janet Schayan













