Heidegger osó formular la tesis de que sólo se puede filosofar en alemán o en griego. Creía además en el vínculo entre la lengua de Platón y la suya. Al parecer, a Víctor Farías, su antiguo alumno de Chile, le preguntó si “Sein und Zeit” (Ser y tiempo) era siquiera traducible al español. Más tarde, Farías en su libro “Heidegger y el nazismo” expone sin contemplaciones la conexión entre el filósofo del ser y el funesto capítulo de la historia alemana. Hoy en día nadie sería tan ingenuo como para decir que sólo se puede filosofar en alemán o en griego antiguo.
Antes de este exceso, el alemán fue durante más de un siglo un medio importante para quienes deseaban participar en el trabajo de los filósofos, en concreto en la lectura de textos importantes y en su discusión. Christian Thomasius sería quien dejara de impartir clases en latín, como era habitual, para hacerlo en alemán en 1694 en la Universidad de Halle. Pero Immanuel Kant fue quien consiguió que el alemán fuese reconocido en otros países, próximos y lejanos, como una lengua con la dignidad que corresponde a la filosofía. No necesito comentar el resto de las contribuciones. Fichte, Schelling, Hegel, pero también Marx, Nietzsche, Husserl, Max Weber y, por último, la del mencionado Heidegger. Sus grandes textos han fomentado la difusión de la lengua alemana entre los filósofos en el resto del mundo, pero también la creencia equívoca de que en alemán es como mejor se filosofa.
Adorno, por el contrario, dice precisamente de este comienzo kantiano: “Su pensamiento se centra en el concepto de autonomía, de la autorresponsabilidad del individuo razonable en lugar de las dependencias ciegas como lo es la supremacía irreflexiva de lo nacional. La generalidad de la razón, según Kant, sólo se realiza en los individuos.” Desgraciadamente, “la supremacía irreflexiva de lo nacional” también dominó en la reflexión sobre la lengua. Pero según esta tradición kantiana de la Ilustración, destacada por Adorno, ninguna lengua ocupa una posición aventajada frente a las demás. No existe algo así como una lengua privilegiada para la actividad filosófica. Se puede decir todo en cualquier lengua. Lo que se dice en japonés se puede reproducir sin problema en alemán. Después de todo el escarnio llevado a cabo por los filósofos con la lengua alemana, esta conclusión es saludable.
Pero hay que ir con cuidado: por muy legítima que sea esta idea, igualmente escasa es la capacidad de imponerse del universalismo lingüístico, puesto que cuando éste ignora el valor intrínseco de la vida de una lengua, puede caer rápidamente en otro exceso, en un falso universalismo. A lo largo de los siglos, cada tradición filosófica y lingüística nacional adquiere un tinte inconfundible, por así decirlo: estilo, actitudes o costumbres que también tienen repercusiones a nivel lingüístico. Se podría hablar tranquilamente de dialectos filosóficos, si bien, al contrario que en las clases de idiomas, no hay una lengua culta o “Hochsprache”. El dialecto no se realiza sólo en los modismos, sino también en la forma de argumentar. La creación retórica es lo que otorga concisión y plausibilidad a la argumentación. Y ésta sólo convence en un contexto. Una tradición en la discusión es un contexto, en concreto, uno articulado en la lengua nacional. Quien crea que se pueden medir diversos estilos con un mismo rasero y que el inglés también puede y tiene que imponerse como lengua de los filósofos, quien crea esto, subestima la resistencia de un dialecto, al menos en la filosofía. Hoy en día, como filósofos, tenemos que cuidarnos de dos excesos, la “supremacía de lo nacional” de la que hablaba Adorno, pero también del universalismo falso. A fin de cuentas, los trabajos de los filósofos necesitan retroalimentarse de la opinión pública nacional y ésta vive, con todos los impulsos que recibe desde el exterior, en definitiva, en la lengua nacional. Y sólo con ella pueden los filósofos de lengua alemana tocar su parte en el “concierto internacional” (Habermas). ¿Cómo dijo Adorno? La generalidad de la razón sólo se realiza en los individuos.













