Wim Wenders
Palermo Shooting
Un músico que se transforma en actor: un cambio de papel temido por críticos y espectadores. Sin embargo, Wim Wenders ha decidido arriesgarse. Y ha ganado. Delante de la cámara, en esta meditación fílmica sobre la crisis del sentido de la vida, está Campino, el cantante de la banda alemana de rock punk “Die Toten Hosen”. Y el cantante sabe cómo moverse como protagonista, y cómo expresar mucho con poco texto. La cámara siempre busca su rostro, intentando atrapar su expresión y mímica. Al principio es depresivo pero después su carácter se suaviza. Una combinación maravillosa: nunca antes un filme de Wenders se había centrado tanto en un rostro. Incluso para los aficionados más acérrimos de Wenders hay mucho que descubrir en este filme. Pero también está lo conocido y familiar. Como la elaborada banda sonora de 27 títulos seleccionados por el director de 62 años, desde Nick Cave y Portishead hasta Lou Reed. Son la muralla de protección detrás de la cual se suele esconder Finn (Campino), un fotógrafo de modas de Dusseldorf. Solo con los auriculares pegados a los oídos halla paz. En su descapotable corre de un compromiso a otro, de noche se despierta bañado en sudor, torturado por sus pesadillas. El casi accidente con un coche que venía a contramano precipita al hombre de vida vertiginosa hacia una crisis de sentido, de la que desea huir yendo a Palermo, en Sicilia. En busca del sentido de la vida pasea con su vieja cámara por las calles de la pintoresca ciudad. Allí le espera una bella restauradora (Giovanna Mezzogiorno), de la que él se enamorará. Podría ofrecerle la felicidad a Finn, siempre y cuando él estuviera dispuesto a entusiasmarse de nuevo por la vida. Sin embargo, el buscador de sentido también es perseguido. Un hombre misterioso, de capucha, le sigue de cerca los pasos. Una y otra vez apunta al fotógrafo con un arco y una flecha. Es la representación humana de la muerte, interpretada por Dennis Hopper. El amor, la vida y la muerte: Wenders ha vuelto a rodar un “road movie” filosófico. Pero esta vez invita al espectador a un viaje interior. Es un maestro de la captación de ambientes. En “Palermo Shooting” es posible gozar de imágenes como en muy pocas otras películas en cartel. Imágenes de fría estética en el decadente mundo de la moda y a la vez vivaces debajo del sol de Italia. Un punto débil de la película son sus diálogos, que suelen caer en lo banal. Por ejemplo cuando Finn, después de ver el mensaje de su móvil “23 llamadas en ausencia” discurre sobre cuándo fue la última vez que estuvo presente. Para sus espectadores, las películas de Wenders nunca han sido fáciles, pero ello es justamente lo que lo destaca.
Uli Edel
Baader-Meinhof-Komplex
Pocas películas alemanas han sido tan discutidas ya antes del estreno como “El complejo Baader-Meinhof”. ¿Puede llevarse a la pantalla grande el terrorismo de izquierda de la Fracción del Ejército Rojo (RAF), que tuvo en vilo a Alemania en los años 1970? ¿Y todo ello en un filme repleto de escenas de violencia y con un elenco de estrellas sin precedente en el cine alemán? Sí, se puede, afirman tanto el productor Bernd Eichinger como el director Uli Edel. Ambos abordaron de nuevo ese sombrío capítulo de la historia alemana de posguerra. El producto es impresionante, está lejos de cualquier romanticismo revolucionario y muestra todos los horrores del terrorismo. Este dúo, que ya había producido películas como “Yo, Cristina F.” y “Última salida, Brooklyn“, decidió tomar otro camino que las anteriores películas sobre la RAF. En ellas, los terroristas solían estar en primer plano, mientras que en “El complejo Baader-Meinhof” la atención se centra en las propias acciones terroristas. Con autenticidad y sin tapujos, el filme describe lo que significa el terrorismo para sus víctimas. El guión – basado en las ideas e investigaciones de Stefan Aust, ex director del semanario “Der Spiegel” – renuncia a cualquier tipo de ficción y comprime diez años de terrorismo por orden cronológico en dos horas y medias de cine. El filme incluye material original, que el director Edel ha esparcido con mano sabia dentro de la trama. Del mito de la RAF nada queda después de esta película.
Philipp Stölzl
Nordwand
Un argumento emocionante, excelentes actores y fantásticas imágenes; y cuando el gélido viento sopla por la montaña, nos sentimos congelados incluso sentados en la tibia butaca de la sala de cine. En pocas palabras, “Nordwand” es excelente cine de aventuras. La película cuenta el primer intento de ascensión de la cara norte del Eiger en los Alpes, la peligrosa “cara de la muerte”. El director Philipp Stölzl ya se había hecho un nombre con videoclips de música, por ejemplo para Madonna, y con cortos publicitarios. Pero con su segundo largometraje, este alemán de 41 años sacó pasaporte para el gran mundo del cine. La historia, inspirada en la historia de los dos alpinistas alemanes Toni Kurz y Andreas Hinterstoisser, interpretados por Benno Fürmann y Florian Lukas, se desarrolla en 1936, en el mismo año de los juegos olímpicos instrumentalizados por Hitler en Berlín. En su camino a la cumbre, ambos compiten con un equipo austriaco, pero un repentino cambio del tiempo y una lesión hacen de los hasta entonces adversarios un grupo que lucha por la supervivencia. La dramática película de Stölzl, que tiene también un tono documental, fue realizada con grandes esfuerzos y empleando en parte material original, como borceguíes de clavos, guantes de lana y cuerdas de cáñamo. Naturalmente, un tema de esta película es también el nacionalsocialismo, para el cual la ascensión de la cara norte era un proyecto de prestigio. A la vez, con recursos de estética moderna, el filme revive una temática muy popular en Alemania de los años 1930: el filme de montaña. Una empresa arriesgada. Y Stölzl se centra también en la explotación ideológica del alpinismo de esa época. Sin embargo, la ambientación histórica se antoja un poco simplista cuando intenta mostrar a los dos alpinistas como simpáticos críticos del régimen nazi y un reportero sensacionalista, magníficamente interpretado por Ulrich Tukur, como personaje opuesto por su cercanía a los nazis. Pero el tema central de Stölzl es la lucha del ser humano contra las fuerzas elementales de la naturaleza. Y finalmente, la historia del cruel fracaso destroza toda ilusión de heroísmo y lo transforma en su antípoda. Stölzl no deja espacio para patetismos.
Christian Schwochow
Novemberkind
Esta película es una ópera prima, un trabajo de fin de carrera en la Academia de Cine de Baden-Wurtemberg. Sorprende ver con qué seguridad y sobriedad, intensidad de imagen y excelentes actores Christian Schwochow ha logrado poner en escena la historia. Se trata de la división alemana en la República Democrática Alemana y la República Federal de Alemania y, en especial de sus consecuencias. El propio Schwochow nació en la parte oriental de Alemania y se crió en la parte occidental, “con una socialización media oriental y media occidental”, como él mismo afirma. Junto con su madre escribió el guión de “Novemberkind” (hijo de noviembre), en el que Anna Maria Mühe representa un doble papel: Anna abandona a su hija Inga en la RDA para huir a la parte occidental. Inga se cría con los abuelos en una aldea de Mecklemburgo y cree que su madre murió ahogada en el Mar Báltico. Eso le han contado sus abuelos. Solo al llegar a la juventud se entera de la verdad y con la ayuda del extraño profesor de literatura Robert (Ulrich Matthes) recorre toda Alemania en búsqueda de su madre. El filme de Schwochow es una trágica historia de carretera, una obra que trata de grandes hipocresías, de secretos y de la represión de sentimientos de culpa. La película, en cartelera en los cines alemanes desde noviembre, fue laureada con dos premios del público en el festival de cine Max Ophüls de Sarrebruck y el festival de cine de Schwerin.













