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Ciencia

Impulsor de la protección del clima

La protección del clima es un tema global y el intercambio de conocimientos a escala internacional, una ventaja: Un nuevo programa de becas de la Fundación Alexander von Humboldtpermite a dos jóvenes latinoamericanos expertos en medio ambiente llevar a cabo una investigación prolongada en Alemania

Ariane Rüdiger

“Nunca pensé que un día llegaría a investigar aquí”, dice radiante Kristy Peña Muñoz, de 30 años y procedente de Ciudad de México, acerca de su trabajo en el Instituto para el tratamiento de aguas urbanas, calidad del agua y residuos (ISWA) de la Universidad de Stuttgart. “Como estudiante lo único que asociaba con Alemania era el adjetivo ‘frío’, en todos los sentidos”. Esto cambió ya en su primera estancia en Alemania, en la que realizó un programa de máster. En aquel entonces, los temas que ocupaban a la joven científica eran la gestión medioambiental y los diferentes marcos legales de diversos países. Después la esperaba un trabajo exigente: Planificar toda la gestión medioambiental de una nueva fá­brica del grupo Daimler en México.

La beca Alexander von Humboldt le permitió investigar acerca de los fangos de depuración. “En México se depositan en cualquier sitio sin ningún tipo de protección”, explica la ingeniera medioambiental. “Esto tiene que cambiar, por motivos ecológicos y porque el fango es un recurso”. Actualmente, Peña Muñoz investiga los procesos de fermentación de los fangos de depuración, en los que se forman dos gases: hidrógeno, apreciado como combustible libre de emisiones, y el gas metano, de efecto invernadero. La relación entre los gases generados varía dependiendo de cómo se conduzca el proceso químico. En los procesos conocidos actualmente se producen prácticamente dos tercios de metano y sólo un tercio de hidrógeno. “Quisiera optimizar el proceso para que genere la mayor cantidad de hidrógeno posible y la mínima de metano. Y esto sin olvidar que el proceso tiene que ser fácil de aplicar, respetuoso con el medio ambiente y asequible”, explica ella.

Por el momento, la científica mejicana está evaluando los conocimientos existentes y preparando series de experimentos. Para ello, colabora estrechamente con la comunidad internacional del Instituto. Por ejemplo, cuenta con el apoyo de su compañero Iosif Mariakakis, que ya lleva un año investigando en este área. Cuando vuelva a México dentro de unos meses, a Peña Muñoz le estará esperando impaciente su antigua empresa, especializada en instalaciones para el tratamiento de aguas residuales. En esta mediana empresa, ella aprendió cómo se construyen y diseñan depuradoras de aguas residuales. A su jefe le gustaría ahora desarrollar instalaciones para el tratamiento de fangos de depuración basadas en el proceso mejorado por Peña Muñoz.

El deseo de la mejicana de aplicar sus conocimientos de la forma más práctica posible se ajusta perfectamente al perfil que busca el programa de becas para la protección del clima de la fundación Alexander von Humboldt. Las becas, otorgadas por primera vez en 2010, van destinadas a jóvenes expertos de países en vías de desarrollo. “Con este programa no fomentamos sólo la labor de científicos, sino también de profesionales de ONGs, de la política o de empresas”, aclara Georg Scholl, portavoz de la fundación. A la hora de realizar la selección, además de los requisitos de tener suficiente experiencia científica o profesional, contacto con alguna institución alemana asociada que desee trabajar con el candidato y un proyecto atractivo, se tiene en cuenta la personalidad de los solicitantes. “Queremos apoyar a gente joven con potencial directivo, que probablemente se conviertan en buenos multiplicadores”, explica Scholl. La protección del clima es un problema global que exige una cooperación internacional. Con frecuencia, en los países de los becarios existen numerosos datos específicos sobre el país, pero carecen de métodos o tecnología para desarrollar teorías científicas o indicaciones para actuar de forma práctica. Quienes obtienen la beca de un año, reciben 2400 euros mensuales y pueden traerse a su familia. Además, los becarios pasan a ser “Humboldtianer”, calificativo otorgado a los miembros de esta comunidad científica mundial formada por 24.000 científicos de más de 130 países. “El trato con la fundación es muy personal y sencillamente perfecto”, alaba Peña Muñoz.

Esto lo confirma el otro participante latinoamericano, Armas Ángel, peruano y de 31 años de edad. Trabaja para el Ministerio de Medio Ambiente de su país y se dedica a estudiar cómo detener la desforestación de la cuenca del Amazonas o al menos frenarla. La selva primaria en torno al Amazonas es uno de los “lavaderos” de carbono más importantes del mundo y desempeña un papel decisivo para la estabilidad del clima mundial. En su proyecto, Ángel coopera en el Centro para la Investigación del Desarrollo de Bonn (ZEF) con compañeros alemanes que ya se han ocupado de temas similares en América Central. “Se cuenta con muchos más datos de América Central o Brasil que de Perú. Allí, como en muchos otros países del sur, estamos algo atrasados en cuanto a métodos y modelos”, comenta Ángel, que desea contribuir con su trabajo a cambiar esta situación.

En concreto, el experto peruano quisiera averiguar dos cosas: En primer lugar, qué regiones son particularmente vulnerables y, por lo tanto, deben ser protegidas con mayor urgencia. En segundo lugar, si el pago de compensaciones a los habitantes de la selva podrían tener como efecto que buscaran una forma de ganarse la vida que no radique en la tala y la quema de la selva tropical. Ángel investiga, además, ­quiénes son los que más destruyen la selva. “Prácticamente no se ha investigado este tema”. El científico desea volver a Perú con sugerencias concretas y políticamente viables. Con los resultados de su proyecto desea ayudar a evitar que se siga destruyendo la selva tropical; una meta que concuerda totalmente con las pretensiones del nuevo programa de becas para la protección del clima de la fundación Humboldt. ////

21.01.2011
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