Para los científicos, la cooperación internacional es un sobreentendido. En Alemania, numerosas instituciones cultivan en parte desde hace décadas exitosos contactos con socios científicos en todo el mundo, también en América Latina. Particularmente intenso es el intercambio con México, Brasil, Argentina y Chile. Especialistas de las más diversas disciplinas desarrollan juntos nuevos conocimientos e innovaciones.
Eduardo Arzt es uno de esos especialistas. Este biólogo molecular de la Universidad de Buenos Aires es un experto en la investigación de enfermedades cerebrales y director designado del nuevo Instituto de Biomedicina, socio de la Sociedad Max Planck, que será inaugurado oficialmente en Buenos Aires a fines de octubre de 2011. “La ciencia de hoy necesita este tipo de cooperación”, subraya Arzt. “Se trata de una verdadera situación win-win. Nos beneficiamos de las más modernas tecnologías y los conocimientos de nuestros colegas de la Max Planck y aportamos jóvenes científicos altamente motivados y muy cualificados”, agrega. En el foco de las investigaciones del nuevo instituto estará la búsqueda de nuevas sustancias activas contra determinadas causas de depresiones a nivel biológico molecular. Este proyecto germano-argentino tiene como objetivo, además de la investigación práctica, también el fomento del intercambio científico en general. “Queremos difundir la filosofía Max Planck en la región.”
En Chile desarrollan actividades tanto la Sociedad Helmholtz, la mayor organización científica de Alemania, como también la Sociedad Fraunhofer, especializada en la investigación aplicada. La Sociedad Helmholtz investiga las consecuencias del cambio climático en Santiago de Chile, una metrópoli de seis millones de habitantes. La Sociedad Fraunhofer construye actualmente en Santiago un “Centro de Biotecnología de Sistemas”. Allí trabajarán científicos alemanes y chilenos, entre otras cosas, en el desarrollo de pruebas de diagnóstico para el reconocimiento precoz de enfermedades en la cría del salmón.
Un proyecto muy diferente desarrolla la Universidad Técnica (UT) de Freiberg en Bolivia. Al borde del desierto de Atacama se halla allí uno de los mayores lagos de sal del mundo, el Salar de Uyuni, del que se extrae el metal liviano litio. Los expertos alemanes pudieron proporcionar una decisiva ayuda para ello: con el cono de evaporación intensiva de Freiberg, un dispositivo patentado para la evaporación a bajo costo de soluciones salinas y la obtención de litio. La idea surgió en cooperación con el ingeniero minero Jaime Claros, de la Universidad Autónoma de Potosí. Claros estudió y se doctoró en la UT Freiberg. “Freiberg cultiva estrechas relaciones con Potosí desde hace décadas”, dice el experto en mineralogía Gerhard Heide. En 2009 fue fundada la “Iniciativa de litio de Freiberg”. El objetivo de esta cooperación germano-boliviana es la investigación de los yacimientos de litio y el desarrollo de nuevos procedimientos de extracción y tecnologías de utilización, sobre todo en baterías de iones de litio, importantes para el futuro de los automóviles eléctricos.
La cooperación es intensa también en la protección ambiental y la conservación de los recursos naturales. Desde hace más de diez años, científicos financiados por la Fundación Alemana para la Investigación Científica (DFG) desarrollan en las montañas del sur de Ecuador nuevas estrategias para usar sosteniblemente la tierra y proteger al mismo tiempo la biodiversidad. La región del valle del río San Francisco es un lugar de extraordinaria biodiversidad. Los científicos alemanes trabajan estrechamente junto con colegas ecuatorianos en la investigación del ecosistema bosque y su reforestación. De ello se benefician tanto la naturaleza como los campesinos y quienes usan el bosque.













