Quien quiera hacerse una idea de las caras que dominan el cine alemán actual comprando una sola entrada que vaya a ver “Baader-Meinhof-Komplex”. En la nueva película de Uli Edel aparecen casi todos: desde Martina Gedeck hasta Moritz Bleibtreu, Johanna Wokalek, Alexandra Maria Lara y Hannah Herzsprung pasando por Heino Ferch y Jasmin Tabatabai. Y quien a continuación se ponga el DVD de “Las partículas elementales”, entenderá en seguida por qué Martina Gedeck es considerada una de las mejores y más versátiles actrices alemanas. Ya sea como terrorista o como profesora liberal obsesiva, Martina Gedeck es el camaleón del cine alemán. Cambia de género (película para televisión, cine, teatro) y de papel al parecer sin ningún problema, pero con una preparación meticulosa. Interpreta la esposa maltratada, la camarera dulce y seductora en “Rossini”, la cocinera ambiciosa en “Deliciosa Marta”, la actriz inestable en “La vida de los otros”. Con tal intensidad, con tal realismo que un crítico la calificó de “versátil hasta la abnegación”.
Igual de versátil es Nina Hoss, quien también sabe evitar con inteligencia el valerse de clichés en sus papeles o el caer en la rutina. En general, las mujeres son más fuertes que nunca en el cine alemán, especialmente las jóvenes de veintitantos a treinta y pocos años. Esto se debe en parte a la excelente formación que ofrecen las escuelas de interpretación alemanas. Julia Jentsch se hizo famosa con su obstinada interpretación en el papel de la miembro de la resistencia “Sophie Scholl”; Hannah Herzsprung se transformó en una asesina traumatizada en “Cuatro minutos”; Alexandra Maria Lara, el rostro más dulce del cine alemán, cautiva ya internacionalmente en el papel protagónico de la película “Juventud sin juventud” de Francis Ford Coppola; Karoline Herfurth, la bella y pelirroja “chica de las ciruelas” de “El perfume” empezó a actuar a los 15, ahora, con 24, muestra todo el alcance de su talento en la nueva película de Caroline Link “Im Winter ein Jahr”. La crítica la elogia, pero ella afirma: “Yo soy una actriz, no una estrella”. Declaración modesta y típicamente alemana. Los alardes de vanidad en medio de una lluvia de flashes son una excepción. Estas jóvenes se caracterizan por la gran seriedad de su trabajo, parecen buscar los papeles difíciles, también en el teatro, y tienen fuerza como para llevar el peso de toda la película. Un ejemplo es la conmovedora e intensa interpretación de Anna Maria Mühe (“Novemberkind”) o Johanna Wokalek (“Hierankl”, “Nordwand”) y muchas otras jóvenes actrices.
¿Y los hombres? Por supuesto están Otto Sander y Armin Mueller-Stahl en las generaciones veteranas, tipos tan distintos como el versátil Sebastian Koch, el seductor Til Schweiger, la fiera de la pantalla Ben Becker y el sutil Ulrich Matthes en las intermedias, pero los jóvenes se quedan un poco cortos. Excepciones: Moritz Bleibtreu y Jürgen Vogel, rostros carismáticos que, desde el tipo cool hasta el patán, interpretan prácticamente cualquier cosa, divertida o dramática. “Good Bye, Lenin!” le dio la fama a Daniel Brühl, quien entre tanto participa en producciones internacionales. Puede que sea una compensación justa: La mayoría de los directores de éxito son hombres, pero ante la cámara, en estos momentos, las mujeres ocupan el primer plano.













