El departamento de Empedrado en la provincia de Corrientes, en el norte de la Argentina, es una región fascinante. Campos casi infinitos dominan el paisaje. A primera vista todo parece llano, pero si se examina mejor, se observan colinas muy suaves y hondonadas. Son bancos de arena de millones de años de antigüedad. Pero la región no es para nada seca. Hay muchas lagunas, pantanos y charcas. La vegetación se compone principalmente de pastos, combinados con plantas perennes, algunos arbustos y árboles, es decir, es una sabana. La ganadería desempeña el papel económico principal en esta región escasamente poblada. La hierba crece prácticamente todo el año y para el ganado, la mesa está siempre bien servida. “Pero tenemos grandes problemas con la maleza y el pastoreo excesivo”, explica el ingeniero agrónomo Ditmar Kurtz. Y esto no sólo reduce la productividad, sino que también amenaza el futuro de los ecosistemas y de la agricultura. La erosión y los cambios en la vegetación reducen la calidad y la cantidad de los forrajes naturales. A veces los agricultores convierten tierras de pastoreo en zonas de cultivo. Ello es un cambio preocupante desde un punto de vista medioambiental, ya que la pradera alberga una enorme biodiversidad.
El argentino Ditmar Kurtz colabora con otros científicos en la solución de estos problemas. El joven experto es empleado del “Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria” (INTA) de la Argentina. Sin embargo, desde septiembre de 2011 participa como estudiante invitado en el programa de postgrado del Food Security Center (FSC) de la Universidad de Hohenheim, Alemania, para terminar su tesis doctoral, entre otras actividades. En un proyecto anterior, Kurtz estudió las posibilidades de mejorar la gestión de tierras de pastoreo en el norte de la Argentina mediante el uso combinado de datos de imágenes satelitales y análisis del suelo.
Ahora continúa estos estudios en su tesis doctoral. “Si la sabana es bien gestionada, puede ofrecer un buen rendimiento”, sostiene Kurtz. Si bien existen áreas de pastoreo excesivo, también hay otras zonas que se beneficiarían de la ganadería. El ganado vacuno aplasta la hierba seca con sus patas y fija así la biomasa en la tierra. Esto podría aumentar la capacidad de almacenamiento de carbono del suelo, lo cual podría generar fuentes adicionales de ingresos a través del comercio de derechos de emisión.
Estudios de este tipo son también de vital importancia para los objetivos del FSC. Con su enfoque multidisciplinario, el centro fundado en 2010 desea contribuir a la reducción del hambre y de la malnutrición en el mundo y asegurar el abastecimiento de alimentos de forma sostenible. El enfoque de la Universidad de Hohenheim fue galardonado en el concurso “Excelencia universitaria en la cooperación para el desarrollo” del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD). El premio por valor de cinco millones de euros, ha permitido el desarrollo del FSC, que será promovido durante cinco años y otorgará becas.
Los primeros becarios internacionales del FSC han iniciado sus actividades de tres años de investigación en noviembre de 2011 en diversos institutos de la universidad. Después de un año en Hohenheim, llevan a cabo estudios de campo en su país de origen y regresan luego a Hohenheim para la evaluación de sus resultados. En la actualidad trabajan 53 jóvenes científicos de América Latina, África y Asia en el centro FSC. Sin embargo, el programa del FSC se basa en la reciprocidad. También los expertos alemanes se benefician de la experiencia de sus colegas de todas partes del mundo. Es una cooperación internacional genuina e incluye la colaboración con universidades extranjeras. Los problemas por resolver son ahora globales, explica el becario Kurtz.
El FSC y los departamentos de la Universidad de Hohenheim ofrecen a los investigadores una gran variedad de posibilidades. La nutricionista brasileña Roseane Viana, por ejemplo, estudia la eficiencia de proyectos de alimentación escolar para los quilambolas, una población rural afro-brasileña. Estas medidas forman parte de la estrategia de reducción del hambre del Gobierno brasileño, aunque su efecto es, hasta ahora, muy limitado, al menos en la comunidad quilambola. Juliana Gil, experta en medioambiente de São Paulo, estudia los progresos alcanzados y las oportunidades de optimización del programa REDD de las Naciones Unidas (ONU) en la selva amazónica. REDD significa “Reducción de las emisiones debidas a la deforestación y la degradación forestal” y se basa en el principio de “protección de la selva mediante incentivos financieros.” Los propietarios pueden registrar sus tierras forestales y recibir pagos a condición de que éstas permanezcan intactas y puedan seguir almacenando carbono. Esto a su vez beneficia al clima global.
A pesar de algunos éxitos iniciales en Brasil, el programa REDD plantea aún muchas dudas, explica Juliana Gil. ¿Qué sucede, por ejemplo, con el dinero desembolsado? ¿Cómo se benefician de los pagos las comunidades de la región amazónica, los pequeños agricultores y grupos indígenas, y cómo mejorar su participación en las posesiones? Un problema central es la situación muchas veces difusa de la propiedad. “Una mayor claridad de los derechos de propiedad se considera el primer paso para evitar la destrucción de la selva”, sostiene Gil. Por ello, las instituciones gubernamentales deberían participar más en el programa de protección de la selva.
Hasta el momento se han puesto en marcha en Brasil diversos proyectos piloto REDD de forma descentralizada y voluntaria. Lo que se necesita ahora, resalta Juliana Gil, es establecer normas REDD como estrategia nacional. En los próximos años, la becaria del FSC trabajará en el desarrollo de la base científica para estas normas, tanto en Brasil como en Hohenheim.///













