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Fatih Akin

Impetuoso, directo y melancólico: tanto la crítica como los cinéfilos alaban al cineasta Fatih Akin. Un retrato del director estrella alemán

En la conferencia de prensa de este año en Cannes, feliz y aliviado por los entusiasmados aplausos para su filme Del otro lado, respondiendo con alegría a todo interés y chapurreando en inglés sin reparar ni en puntos ni en comas, Fatih Akin se ganó el corazón de todos. El director alemán de origen turco se ve en Cannes como un simpático cuerpo extraño. Su presencia no va con el patetismo a veces afectado de algunos cineastas. Tampoco sus respuestas, rebosantes de excursos y confesiones personales (“¡Hey, Scorsese was my man!”) compaginan con algunas preguntas de los periodistas. Quizás no debiera compararse la mentalidad de un director con el carácter de sus películas. No obstante, sí existen un par de cualidades que caracterizan tanto al director Fatih Akin como a su cine: la vivacidad, la honestidad y la pasión. Tanto en su debut como director, el filme Corto y con filo, como en el melodrama Contra la pared, el documental Crossing the Bridge sobre el mundillo musical de Estambul y su nueva película Del otro lado, Akin siempre buscó la senda directa hacia sus personajes, sus conflictos y sentimientos. E igual que en el caso de su colega Quentin Tarantino, ese cine surgió de un anterior voraz consumo de películas.

Precursor del nuevo cine germano-turco

Akin, de padres turcos, estudió en la Universidad de Bellas Artes de Hamburgo, pero su verdadera escuela fue la videoteca de su primo. Allí se sumergió ya de niño en spaghetti westerns y películas de acción, descubriendo el cine de su gran modelo, Martin Scorsese. La Little Italy de Akin fue el barrio de Altona, en Hamburgo. En las calles de ese barrio multicultural rodó en 1998 su primera película como director, el filme de género Corto y con filo.

“Scorsese y los otros ítaloamericanos necesitaron 70 años para comenzar a rodar filmes. Los franceses del Magreb precisaron 30 años para su cinéma beur. Nosotros somos más rápidos. ¡Comenzamos ya!”, dijo Akin orgulloso cuando Corto y con filo comenzó a exhibirse en los cines alemanes. Delante de la puerta de su propia casa compuso la historia de una fraternal amistad entre un turco, un serbio y un griego. La vivaz descripción de un barrio, sus pequeños gángsteres, chulos y jefecillos surgió entre bares nocturnos, sofás turcos y bodas serbias. Corto y con filo se transformó en una lúcida expresión de un nuevo cine germano-turco, que irrumpió con fuerza a fines de los años 90. Significativamente, las más convincentes películas de Akin tienen aún el espíritu de barrio de Altona, mientras que el “road movie” En julio (2000) y la historia familiar germano-italiana Solino (2002) se ven extrañamente anémicas.

El mayor encanto de su filme Contra la pared, que catapultó a Akin a la escena internacional y le valió el Oso de Oro de la Berlinale y el Premio de Cine Europeo, es la desfachatez, sin un ápice de “political correctness”, con que Akin describe el mundillo germano-turco de su barrio natal. Como a su heroína, Sibel, la propia familia, con sus conceptos morales tradicionales, le impide hacer realidad sus sueños, aviene a casarse en una boda arreglada. Su esposo fingido, también proveniente de Turquía, un fracasado de nombre Cahit, alcohólico y cocainómano, vive en un pequeño departamento rebosante de latas vacías de cerveza. Y no obstante, Contra la pared es en primer lugar una historia de amor, gran cine de sentimientos, que se distancia conscientemente de los filmes problemáticos germano-turcos de los años 70 y 80. “Búsqueda de identidad entre las culturas, es algo que ya ni quiero oír”, dice Akin, “porque esos clichés no tienen nada que ver conmigo ni con mi generación”.

No obstante, Akin ha tomado posición una y otra vez. Por ejemplo con respecto a tendencias antiislámicas luego del 11 de septiembre. O con respecto al ingreso de Turquía a la Unión Europea, que comenta con un impertinente acento hamburgués: “de pronto todo lo que uno dice o hace es utilizado en contra de uno mismo.” A los tiempos que corren, Akin no reacciona ni con amargura ni con ignorancia. Su respuesta fue viajar directamente al corazón de lo “extraño” y rodar un documental sobre la increíblemente vivaz, polifacética, híbrida y cosmopolita escena musical de Estambul: Crossing the Bridge. El título puede ser interpretado también como el programa temático y estético de su cine, que desde un principio incursionó como un pirata entre las culturas.

Mezcla de afecto y respeto

Su nuevo filme, Del otro lado, que en Cannes se llevó la Palma de Oro al mejor guión, no es sólo una sorprendentemente calma reflexión acerca de los mundos que lo han marcado. En él también relata una historia de casualidades y destinos, muerte y víctimas. Akin relaciona entre sí las metrópolis de Estambul, Bremen y Hamburgo. Y hace convergir biografías que serán transformadas por esos encuentros. Una joven alemana se enamora de una opositora política turca y muere en Estambul. Su madre, cuyo papel asume Hanna Schygulla, el icono de Rainer Werner Fassbinder, trata de reconstruir los últimos pasos de su hija. Un viudo turco “compra” en Alemania una prostituta turca como pareja. Cuando la mujer muere, su hijo, un profesor de filología alemana, trata de hallar en Estambul a la hija de ésta. Del otro lado une a todos esos personajes a través de coletazos del destino. Del otro lado significa también: los deseos, las ideas y los planes de otros seres humanos deben ser respetados y continuados también después de su muerte. La gran virtud de este reservado melodrama es la actitud con la que Akin trata a sus personajes. Es una mezcla de afecto y respeto. Los personajes sufren los mayores dolores y experimentan las más amargas pérdidas. Pero en su puesta en escena, Akin renuncia al gran dramatismo. Confía en gestos, miradas y abrazos, en otras palabras, en sus actores, a los que a veces simplemente los deja callar, porque el rostro y el cuerpo lo dicen todo. Cuando, por ejemplo, Hanna Schygulla es asaltada en un cuarto de hotel en Estambul por el dolor que le produce la pérdida de su hija, la cámara se retira a una esquina de arriba del cuarto, como para no violentar su intimidad.

Reflexiones germano-turcas

En Del otro lado, Akin plantea por primera vez, y muy conscientemente, cuestiones políticas. Analiza la actual política turca y los problemas de Alemania como país de inmigración. Akin define su cine como una especie de crónica germano-turca: “En Corto y con filo había todavía gángsteres y ladrones turcos, en Contra la pared relaté la vida de proletarios turcos, ya había sido dado el paso de la ilegalidad a la legalidad, y en mi nueva película hay incluso un profesor turco de filología alemana. Todos esos filmes reflejan la historia de los inmigrantes turcos en Alemania.” Participación en los concursos de Berlín y Cannes, Oso de Oro y premio al mejor guión: ¿no se le suben a la cabeza tantos éxitos? En la fiesta de estreno en una villa sobre las colinas de Cannes, Fatih Akin se mostró alegre y retozón, puso discos de hits turcos y besó una y otra vez a los miembros de su equipo: “¡Es todo como en el cine!” Sin duda, Fatih Akin no puede perder la cabeza, ya que nunca ha salido del barrio de Altona, en Hamburgo.

Katja Nicodemus

16.07.2007
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