Steffi Jones, que también fue una jugadora de categoría mundial, la compara con la superestrella argentina Lionel Messi. Mayor elogio, imposible. Aun así, Fatmire Bajramaj no se sume en reverencia, sino que suelta una gran carcajada antes de formular, con el debido respeto, que, por supuesto, le halaga que pronuncien su nombre en conexión con el mejor jugador del año 2009. Fatmire Bajramaj, a sus 22 años, aún está en los comienzos de su carrera, pero ya es campeona del mundo, campeona de Europa y ganadora de una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos. “Lira crea alarma cuando el contrario ya está cansado”, dice la entrenadora de la selección alemana, Silvia Neid. Así fue en los Juegos Olímpicos 2008 en Pekín, cuando en el partido por el tercer puesto contra Japón aseguró con dos goles la medalla de bronce para Alemania tras entrar en el campo en el minuto 62.
Fatmire Bajramaj es una joven extraordinaria. A los cinco años huyó con su familia del actual Kosovo y llegó a Alemania. Los comienzos fueron difíciles. La pobreza era una constante. En la guardería, nadie quería jugar con ella. Pero Fatmire Bajramaj, a quien su madre llama sólo Lira, supo encontrar su camino. Jugando al fútbol. Al principio en contra de la voluntad de su padre (“Yo era su princesa y él hubiera preferido verme actuar, cantar o bailar”), más adelante con todo su apoyo (“Él es hoy mi mayor fan y al mismo tiempo mi mayor crítico”). Su excepcional talento le llevó a jugar en la Bundesliga con el FCR 2001 Duisburg. Fue campeona de Europa Sub-19 y debutó a los 17 en la selección mayor, convirtiéndose en la primera jugadora nacional alemana musulmana.
Los medios se abalanzan sobre ella porque combina el talento deportivo con el atractivo femenino. Quieren saber más sobre la antigua refugiada política, que ahora está sirviendo como soldado en un grupo de fomento deportivo del Ejército alemán en Warendorf. Fatmire Bajramaj quiere de este modo devolver algo. En su autobiografía publicada en 2009 “Mein Tor ins Leben – Vom Flüchtling zur Weltmeisterin” (El gol de mi vida – de refugiada a campeona del mundo) intenta dar ánimos a otros refugiados y emigrantes “que no han tenido tanta suerte como yo. Quiero mostrarles que se puede llegar a ser algo si uno cree en sí mismo y tiene una voluntad firme”.
El fútbol fue lo que le trajo el reconocimiento. Después de cuatro subcampeonatos, una Copa DFB y una Copa de la UEFA Femenina con el FCR 2001 Duisburg, Lira Bajramaj cambió al 1.FFC Turbine Potsdam en la temporada 2009/2010, con el que quiere llegar a ser campeona de Alemania y ganar la Copa de Europa. Junto con su mejor amiga, Anja Mittag, también jugadora nacional, juega como delantera del Turbine y vive en Potsdam, por primera vez separada de sus padres y hermanos, que viven cerca de Mönchengladbach. Muchos la califican de paradigma de integración y muchas jóvenes la toman como ejemplo a seguir. En Lira Bajramaj hay depositadas muchas esperanzas para la Copa Mundial Femenina 2011. En 2010 está actuando como embajadora del Año Europeo de la Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social. “Voy a colegios donde hay muchos niños extranjeros. Muchos niños que han huido de Kosovo han vivido cosas peores que yo. Quiero enseñarles que no deben pensar en categorías falsas, sino escuchar a su corazón”. //














