Si bien actualmente el que tema domina las relaciones germano-polacas es cómo recordar las consecuencias de la II Guerra Mundial, no hay razón para caer en pánico. En Polonia se informa sobre Alemania mucho más detalladamente de lo que muchos suponen. Para Polonia, Alemania 2009 es también un país amenazado por la crisis económica e inspirado por la apasionante Bundesliga. Desde hace poco, es conocido también por la prima por chatarrización de automóviles y una creciente tasa de nacimientos. El interés por diversos temas alemanes nunca fue tan grande como hoy en Polonia. Yo nací en 1972 y recuerdo los tiempos en que la imagen de Alemania en Polonia estaba mucho más marcada que hoy por la Segunda Guerra Mundial. Cuando pienso en mis años escolares, veo ante mí viejos libros de texto y diversos filmes. Los alemanes se veían en ellos por lo general siempre igual: uniformados y armados. Ahora el problema ha sido reconocido en ambos países y se pone más atención a los libros de texto. Además está planeada la edición de un libro de historia germano-polaco.
Igualmente me pregunto por qué las viejas heridas se abren tan fácilmente. ¿Cómo hubiera sido si la República Federal de Alemania hubiera desarrollado en las primeras décadas después de la Segunda Guerra Mundial otra política en relación con Polonia y no se hubiera negado un cuarto de siglo a reconocer la línea Oder-Neisse como frontera común? ¿Habríamos superado ahora mejor el debate sobre los expulsados? El fin de la era glacial, que Willy Brandt inició en 1970 con el reconocimiento de la frontera occidental de Polonia, no sólo posibilitó el inicio de relaciones diplomáticas, sino que supuso cambios positivos para la gente en ambos países. Gdansk y Bremen crearon en 1976 la primera de las en el ínterin 400 hermandades entre ciudades alemanas y polacas. Cuando en 1981 fue proclamado en Polonia el estado de guerra, millones de alemanes enviaron paquetes de ayuda a familias polacas: para muchos polacos, un motivo para cuestionarse la imagen que tenían de Alemania.
Tanto más sorprende cómo se desarrolla hoy más de un debate sobre la cultura del recuerdo, en ambos países. Basta echar un vistazo al año 1989. A pesar de que sólo han transcurrido 20 años, pocos alemanes se acuerdan de lo que sucedió antes de la caída del Muro. Cuando polacos conscientes de su historia recuerdan con orgullo su aporte, muchos de sus amigos alemanes no comprenden a qué se refieren. Una y otra vez se constata en conversaciones que algunos alemanes piensan que primero cayó el Muro y luego colapsó el Bloque Oriental. En los polacos, ello desata extrañeza y por esa razón el país ha pasado últimamente más que antes a la ofensiva. La Embajada de Polonia en Berlín responde por ejemplo con grandes carteles, en los que se lee: “Todo comenzó en la Mesa Redonda”.
Esa acción provoca naturalmente preguntas. Pero en tiempos de paz, la historia es para los seres humanos “sólo” historia y la gente se interesa más por el presente que por el pasado. Una pequeña pausa de la historia no tiene por qué hacer daño a la convivencia. Cuando jóvenes polacos y alemanes traban amistad, luego pueden hablar mucho más fácilmente sobre la historia. Al fin y al cabo, desde hace años se escucha decir a los políticos que actualmente vivimos el mejor capítulo de la historia común polaco-germana desde hace casi mil años.













