Durante cinco días de octubre, la ciudad de Francfort es la capital literaria. No hay casi otra cita sectorial que atraiga más intelectualidad a la ciudad como la Feria del Libro de Francfort, la más grande y la más internacional del mundo. Como un imán, la Feria atrae a Alemania a autores, editores, lectores, periodistas, responsables de marketing, agentes literarios y cazadores de talentos de todo el mundo. Y ello desde hace 60 años. Unos 400.000 títulos se exhiben, tantos como ningún ser humano podría ver ni mucho menos. La feria del Libro de Frankfurt significa largos días bajo la luz de neón en 13 plantas y cinco pabellones, filas infinitas de concurridos puestos, en los que más de 7000 editoriales de más de 100 países presentan sus libros de ficción y no ficción, literatura infantil, libros auditivos, mapas, calendarios, revistas, novelas, CDs, películas y ofertas en Internet. En el fondo se debería llamar Feria de los Medios o los Contenidos. Si bien se trata básicamente de material escrito entre dos tapas, desde los años 80 del siglo pasado la Feria es mucho más. En 2008 en la Feria del Libro se habla del “e-book” en el “Digital Market Place” del Pabellón 4 o de lo que significa financieramente el lector digital para el mercado de libros y las editoriales. En ningún otro sitio se evidencia más el difícil balance entre los conceptos del libro como mercancía o como vehículo de cultura. El libro, en el fondo, es un negocio, pero no funciona si el contenido no existe.
Durante la Feria del Libro se ofrecen mucho más presentaciones de libros, charlas literarias, diálogos con autores, debates, entrega de premios y firmas de autógrafos de lo que una persona normal puede llegar a presenciar. Más de dos mil quinientos eventos están previstos en el programa. También fuera del recinto de la feria todo gira en torno a la Feria del Libro. El país invitado de este año, Turquía, es homenajeado en casi todos los museos, teatros y salas de concierto. Las editoriales invitan a fiestas y recepciones, los restaurantes están invadidos hasta la última mesa, y la diversidad idiomática es aún mayor en esta ciudad multicultural que lo normal.
Cualquiera puede ver este mundo abierto al público dentro y fuera de la Feria del Libro. Pero existe también un universo paralelo, imperceptible al público dentro de los pabellones y alrededor del recinto ferial. Y aquí está en plena marcha el motor real de la Feria de Libro: el mercado mundial de derechos y licencias. La “Fiebre de Francfort” denominó el semanario “Spiegel” esta caza anual del gran negocio literario por parte de agentes. Para ellos, la Feria de Libro es una mezcla de “speed-dating”, fiebre consumista y cita literaria. También en la era digital, el negocio de derechos y licencias se realiza entre personas. Y se trata de sumas gigantescas. Según expertos del ramo, un 70 por ciento de los contratos de licencia para editoriales se inician en ferias de este tipo, y la mayor parte en la Feria de Francfort. En la tercera planta del pabellón 6, muy cerca del Centro de Prensa, la Feria del Libro ofrece el “Literary Agents & Scouts Centre (LitAg)”. Para 2008 se han apuntado unas 300 agencias y más de 500 agentes. Como nunca antes, y el número aumenta cada año. Es otra prueba de que continúa creciendo firmemente la importancia del mercado de licencias y derechos.
Y también para el sector editorial alemán este negocio es cada vez más importante: 9225 contratos de licencia han sido firmados por las editoriales alemanas en 2007 con socios extranjero: “Hasta hace diez años era menos de la mitad”, comenta Tobias Voss, responsable de la “Sección Internacional” de la Feria del Libro. Porque la internacionalidad de la Feria del Libro no se pone de manifiesto solo en los cinco días de la Feria del Libro en octubre. Desde 2006, los responsables de Francfort organizan, junto con la Asociación de Editoriales de Sudáfrica, una Feria del Libro en Ciudad del Cabo en junio de cada año, y desde 2007 colaboran con socios de la International Book Fair de Abu Dabi, en marzo. También el resto del año, la Feria del Libro abre las puertas de los mercados mundiales a editoriales alemanas: “Ofrecemos a las editoriales posibilidades de participar en pabellones comunes en alrededor de 25 ferias internacionales del libro y mantenemos cinco oficinas de información fuera de Alemania”, señala Tobias Voss. Esas oficinas se llaman German Book Office (GBO) o centros alemanes del libro (BIZ en sus siglas en alemán) y son financiados como “Public Private Partnership” y por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania en partes proporcionales.
El primer BIZ nació hace 15 años en Moscú, en la entonces efervescente época política y de gran interés por el mercado literario occidental. Después siguieron Bucarest, Varsovia y Pekín, el German Book Office en Nueva York y en febrero de 2009 el más recientemente inaugurado GBO en Nueva Delhi, habiendo cerrado a cambio el BIZ de Varsovia. Ello es comprensible habida cuenta de que el polaco es desde 2005 el idioma más importante en el mercado alemán de licencias. Los dos a tres empleados que trabajan en cada BIZ o GBO, cuyas oficinas siempre están situadas en las instalaciones de los centros del Goethe Institut, se dedican sobre todo a la tarea de promover el libro alemán con marketing sectorial.
Los libros más vendidos y los autores galardonados apenas necesitan la ayuda de las oficinas en el extranjero. Pero el mercado editorial alemán es uno de los más diversificados del mundo. Con unos 95.000 títulos nuevos cada año queda suficiente trabajo que hacer. En realidad, es demasiado. ¿Quién puede conocer realmente todo lo que existe? Por eso, los GBO y BIZ son también guías y embajadores de la literatura alemana, difunden las publicaciones nuevas más interesantes, ofrecen colecciones de libros especialmente seleccionadas para los respectivos mercados en el extranjero, traducciones de prueba y listas de derechos, desarrollando redes locales de contacto con lectores de editoriales. Los senderos y los contenidos de esta diplomacia literaria pueden ser muy diversos. En Bucarest se ofrecen muchos talleres de capacitación, en Pekín la amplia y actualizada oferta en Internet desempeña un papel muy importante. En Europa Central y Oriental funcionan muy bien los libros de autoayuda alemanes, pero en Estados Unidos, en cambio, no existe ningún interés por ellos.
La labor de la GBO de Nueva York es en sí más compleja, ya que las editoriales norteamericanas apenas compran literatura del extranjero. De Alemania interesan sobre todo libros que giran alrededor del tema nacionalsocialismo, pero muy poco novelas de reciente publicación. Son muy pocas las excepciones. En 2007 se vendieron en Estados Unidos solo 190 títulos de autores alemanes, mientras que en Francia fueron más de 530, en Italia 630 y en Polonia 700. La GBO organiza cada año círculos de trabajo para lectores de editoriales estadounidenses, a fin de favorecer el contacto con sus homólogos alemanes. “En cada viaje surgen unos 500 contactos. Despertamos así mucho el interés”, dice Tobias Voss. “Pero la medición del éxito concreto es difícil, porque a veces demora años el proceso hasta que un libro se publica realmente en el extranjero.” Y entonces puede suceder que el círculo se cierra en Francfort, cuando la editorial internacional presenta con orgullo la traducción en la Feria del Libro.













