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Entrevista con el Ministro Federal de Relaciones Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier

“El mundo busca un nuevo orden”

Los desafíos de la globalización, las consecuencias del cambio climático, crisis y conflictos en muchas regiones dan su impronta a la discusión política. ¿Qué respuestas puede proporcionar una política exterior previsora? El Ministro Federal de Relaciones Exteriores de Alemania da respuestas en esta gran entrevista de “Deutschland”

Sr. Ministro, la BBC publicó este año un estudio según el cual Alemania ocupa el primer lugar en cuanto a prestigio internacional. La influencia de Alemania sobre la política global es vista más positivamente que la de cualquier otro país. ¿Lo sorprendió el resultado… y cómo se lo explica?

El resultado del estudio naturalmente me alegró. Creo que justamente los dos últimos años fueron muy positivos para nuestra imagen en el exterior. Durante el Mundial de Fútbol 2006 nos presentamos a todo el mundo como país hospitalario, como un país que realmente vivió el eslogan “El mundo entre amigos”. Ello nos hizo ganar muchas simpatías, como pude constatar una y otra vez en numerosas conversaciones que mantuve en el exterior. En el 2007, Alemania asumió la Presidencia de la Unión Europea y la de del G-8. En esas funciones logramos dar impulsos y poner mucho en movimiento. A través de esas presidencias, la política exterior alemana estuvo muy presente en los medios de comunicación. Creo que también ello coadyuvó al resultado positivo en ese estudio.

¿Qué caracteriza una política exterior moderna en el siglo XXI?

Nuestra política exterior continúa siendo, también en el siglo XXI, una política que se orienta por los intereses de nuestro país. Ése es nuestro objetivo y para ello debemos naturalmente observar y analizar detalladamente qué sucede hoy en el mundo. Actualmente experimentamos profundos procesos de cambio: los sistemas de coordenadas se trasladan, surgen nuevas potencias… y con ellas nuevas exigencias y la necesidad de nuevos sistemas de orden y regulación. La Guerra Fría terminó. El cambio climático, la escasez de recursos, el terrorismo internacional, un orden mundial multipolar: ésas son las cuestiones de las que debemos ocuparnos hoy. Nuestro objetivo debe ser conformar activamente el mundo de hoy. Ello significa: anticipar procesos geopolíticos y desarrollar los correspondientes planes de acción. En pocas palabras: actuar “modernamente”, lo cual significa hoy sobre todo “previsoramente”. Justamente en la política exterior.

¿Qué cambios han experimentado las prioridades de la política exterior alemana en los últimos años? Y en relación con las misiones militares: ¿ha alcanzado Alemania un estado de “normalidad”?

Luego de la fundación de la República Federal de Alemania, la política exterior alemana estuvo basada en algunos pilares que continúan teniendo vigencia hasta hoy: integración en Europa e integración ­europea, relaciones transatlánticas y seguridad colectiva. También se cuentan entre ellos la defensa en todo el mundo de la democracia, el Estado de derecho y los derechos humanos, también la ayuda para aquellos Estados y regiones donde los seres humanos se ven amenazados por la violencia, catástrofes naturales o la pobreza. Hoy debemos diseñar la política bajo las condiciones de la globalización. Ello significa que inestabilidades en otras regiones del mundo tienen efectos directos sobre nosotros. Lo que sucede en Georgia o Afganistán tiene importancia también para la seguridad en Alemania. Sobre ese trasfondo debimos aprender –y ello fue un proceso difícil– que pueden ser necesarias misiones en el exterior para proteger la seguridad internacional y nuestra propia seguridad. No sé si el término “normal” es el adecuado. En todo caso es algo que nuestros socios esperan naturalmente de nosotros: la solidaridad en la defensa de la seguridad y la estabilidad en todo el mundo.

¿En qué áreas ha hecho méritos la política exterior alemana, también en la percepción internacional? ¿Cuáles son los grandes desafíos del futuro?

La política exterior alemana fue durante muchos años la política exterior de Willy Brandt y Egon Bahr, Walter Scheel y Hans-Dietrich Genscher. Fue una política que, bajo las difíciles condiciones de la Guerra Fría, apostó decididamente por la distensión. También en relación con los vecinos del Este. Transformación a través de la aproximación: así describió Egon Bahr la tesis central de la “Ostpolitik”. Una política que como ninguna otra contribuyó a derribar los muros en nuestro continente.

Otra constante de nuestra política exterior fue y es sin duda nuestro accionar a favor de la unidad de Europa. A la imagen del “motor germano-francés” se continúa recurriendo aún hoy, incluso en la Europa de los 27. Y si los europeos podemos vivir hoy pacíficamente y con lazos de amistad, sin fronteras que nos separen, con una moneda común y la posibilidad de desempeñar un importante papel en el mundo global, ello es un mérito de todos nosotros, pero también un mérito alemán. ¿Quién hubiera pensado hace 50 años que Europa –entonces en ruinas después de dos guerras mundiales– iba a ser hoy un ejemplo para muchas regiones del mundo?

¿Cuáles son las cuestiones a las que debemos dar hoy una respuesta? Ya hablamos de ello: la protección del clima, un abastecimiento energético seguro, distensión y seguridad en un mundo multipolar, desarme y no proliferación armas de destrucción masiva. También debemos reflexionar acerca de cómo debe verse un nuevo orden internacional, que tenga en cuenta las nuevas realidades e incluya confiablemente a los próximos pesos pesados de la política y la economía internacionales. Ello supone un enorme programa de trabajo para todos nosotros…

Alemania está presente en Afganistán en el marco de la comunidad internacional para la reconstrucción y la seguridad de ese país. ¿Qué progresos se registran y cuáles son los desafíos futuros?

La misión en Afganistán es una prueba para toda la comunidad internacional: ¿logramos darle un futuro a un país que luego de 30 años de guerra, guerra civil y régimen talibán estaba prácticamente destruido? Yo digo: en interés de nuestra propia seguridad debemos hacer todo lo posible para lograrlo. La situación de partida no es para nada sencilla, tampoco siete años después del comienzo de la reconstrucción. Pero advierto de ver todo negativo: quien hoy viaja a través de Afganistán puede ver los progresos de la reconstrucción: desde la caída de los talibanes han sido construidos más de 13.000 km de carreteras y 3.500 escuelas, además de ser capacitados 30.000 maestros. El 80% de la población dispone nuevamente de asistencia médica básica. En 32.000 aldeas de Afganistán se han llevado a cabo desde entonces proyectos de desarrollo. Naturalmente, la situación de seguridad continúa siendo difícil y exige que continuemos presentes militarmente. Pero justamente por ello es importante redoblar los esfuerzos para la reconstrucción. Y naturalmente debemos preguntarnos una y otra vez si nos hallamos en la senda correcta. También por ello nos reunimos en junio con ocasión de la Conferencia sobre Afganistán en París. ¿Qué hemos alcanzado? ¿Dónde hay que hacer más? Pero además de realizar un inventario crítico, fueron importantes sobre todo dos cosas: la comunidad internacional de Estados aseguró que continuará con su apoyo. Paralelamente, los afganos se comprometieron a asumir paulatinamente mayor responsabilidad propia. Nuestro objetivo es ponerlos lo más rápidamente en condiciones de poder velar ellos mismos por la seguridad en su país. Por ello redoblaremos nuestros esfuerzos en la capacitación de la Policía y las Fuerzas Armadas.

La política exterior alemana acompaña desde hace años los esfuerzos a favor de la paz entre israelíes y palestinos. ¿Qué aporte realiza Alemania?

Creo que no debemos sobrestimar nuestras posibilidades en esa cuestión. ¡Pero tampoco deberíamos subestimarlas! Existen sin duda espacios de maniobra para nosotros y para un papel europeo con miras a solucionar el conflicto. Nosotros apostamos –eso lo sabe usted– por una amplia solución política en el Oriente Próximo. Nuestro objetivo es el fin de la violencia y una convivencia pacífica de israelíes y palestinos sobre la base de la solución de los dos Estados. Durante la Presidencia alemana del Consejo de la UE en 2007 pusimos gran empeño en reanimar el Cuarteto de Oriente Próximo e incluir a los Estados de la región en los esfuerzos internacionales. Finalmente se logró retomar el hilo de las conversaciones, que desembocaron en la Conferencia de Annapolis.

El papel de Alemania y Europa en ello lo veo en el adecuado acompañamiento político del proceso que comenzó en Annapolis. Ése es el objetivo principal de nuestra “Estrategia de Acción de la UE” común. Queremos demostrar a la población de la región que ya sólo el camino hacia la paz –por más dificultoso que sea– vale la pena. Ello da apoyo a los negociadores de ambas partes y fortalece a las fuerzas moderadas. Y ello significa: reconstrucción económica. Pero también: apoyo a la Policía y la Justicia en los Territorios Palestinos. Mucho falta aún: edificios judiciales, vehículos policiales y talleres para mantenerlos. En ese marco podemos realizar tareas muy prácticas.

Con nuestra iniciativa “Un futuro para Palestina” exigimos la realización de proyectos concretos y que puedan ser implementados a corto plazo en los Territorios Palestinos, con el objetivo de que traigan rápidamente mejoras tangibles en las condiciones de vida. Y con la gran conferencia sobre seguridad en Palestina realizada en Berlín, Europa proporcionó una clara señal de que desea desempeñar un papel líder en la creación de la Policía y la Justicia palestinas.

Parte de la prevención de crisis es la lucha contra el hambre y el fomento del desarrollo económico como factor de estabilización. ¿Qué proyectos de la cooperación alemana para el desarrollo cree usted que son más promisorios, también en relación con el logro de los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas?

Willy Brandt dijo ya en 1980 muy correctamente: “Donde reina el hambre no puede haber paz”. Si queremos evitar que se produzcan crisis, debemos ocuparnos de las causas estructurales de los conflictos. Parte de ello es también la lucha contra el hambre y la pobreza y el fomento del desarrollo económico. La falta de perspectivas y una desigual distribución del bienestar aumentan el riesgo de que los conflictos sean dirimidos violentamente. Viceversa, las crisis y los conflictos agudos les quitan a la población sus bases de existencia y hacen que el hambre y la pobreza aumenten. Por ello, la prevención de conflictos violentos sigue siendo un objetivo central de la política exterior alemana.

Una prevención duradera de crisis sólo puede lograrse –de ello estoy convencido– si elegimos un enfoque amplio. Un enfoque que incluya todas las áreas de políticas: es decir, además de las políticas exterior y de seguridad, también las políticas económicas y de desarrollo, y también la política ambiental. La seguridad y el desarrollo están íntimamente relacionados, lo uno no es posible sin lo otro. Por ello, el Gobierno alemán fomenta el desarrollo económico, como medio para impedir crisis y hacer más segura la paz. Además es necesario conformar la globalización de tal forma que los desequilibrios existentes no continúen profundizándose: también ello es una importante condición para el desarrollo económico y social.

En la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas en el otoño del 2000, Alemania y los Estados del mundo se fijaron como objetivo reducir hasta el año 2015 a la mitad el porcentaje de seres humanos que viven en extrema pobreza en el mundo. Como usted sabe, a nivel nacional aprobamos para ello el “Programa de Acción 2015”, en cuya implementación trabajamos enérgicamente.

El estudio Bertelsmann Transformation Index 2008 comprueba que si bien en los últimos años el número de democracias ha crecido, un número cada vez mayor de esos países se transforma en “autocracias veladas”. ¿Cómo acomete la política exterior alemana esa tendencia?

El primer paso para la formulación de una política exterior es observar detalladamente los procesos políticos en todo el mundo, analizarlos y, basándose en ello, desarrollar estrategias y planes políticos. Entre las tareas más esenciales de las representaciones diplomáticas en el exterior se cuenta informar periódicamente sobre la situación de los derechos humanos y las condiciones marco legales en los respectivos países anfitriones. ¡Yo le puedo asegurar que observamos todo ello con gran atención! Hablamos con los Gobiernos y las autoridades, pero también con representantes de la sociedad civil: periodistas, abogados, activistas pro derechos humanos o fundaciones políticas. Si observamos tendencias que ponen en peligro los principios del Estado de derecho y la democracia, lo tematizamos e intentamos influir para contrarrestarlas. Lo hacemos bilateralmente o en el marco de la Unión Europea y las Naciones Unidas, en todo caso en estrecha coordinación con nuestros socios europeos e internacionales. Usted sabe que hemos desarrollado para ello un variado instrumental. Menciono los diálogos sobre derechos humanos y el Estado de derecho, que hemos iniciado bilateralmente o a nivel europeo con países como China, Rusia y muchos otros. Traigo a la memoria también la iniciativa para el Estado de derecho que lanzamos en calidad de Presidencia del G-8. Quien desee asegurar duraderamente los derechos humanos, debe ocuparse también del entorno social en que deben ser garantizados. Y para ello deben ser mencionados claramente los déficits. Pero también se necesitan paciencia y perseverancia para eliminar esos déficits. En ello trabajamos con mucho ahínco y lo seguiremos haciendo en el futuro.

La defensa de la democracia y los derechos humanos es un sobreentendido para Alemania. Pero algunos países ven la exigencia de respetar los criterios y los valores occidentales como una intromisión o reprimenda. ¿Qué posibilidades concretas tiene la diplomacia en ese ámbito?

En primer lugar: los derechos humanos, tales como fueron definidos por ejemplo hace 60 años en la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, son universales e indivisibles. No son valores “occidentales”. Por ello los defendemos tan decididamente y por ello también opino que el principio de derecho internacional de no intromisión llega claramente a sus límites en casos de evidentes violaciones de los derechos humanos. También es tarea de la diplomacia llamar la atención sobre ese contexto objetivo y dejar claro que no se puede recurrir a conceptos religiosos o culturales para cuestionar estándares universales. Ya mencioné el instrumento de los diálogos sobre derechos humanos: también los utilizamos para tratar esas cuestiones fundamentales. Y como usted pregunta por el ­papel de la diplomacia: ésta se necesita también allí donde se trata de solucionar casos concretos individuales en los que se viola los derechos humanos. Naturalmente, también debemos dejar clara nuestra posición públicamente. Pero cuando se quiere ayudar concretamente a seres humanos, tampoco debe renunciarse a los medios de la “diplomacia silenciosa”, es decir, el insistente accionar detrás de bambalinas para posibilitar soluciones.

“El arte y la cultura adquieren cada vez más importancia en la política exterior, porque llegan a los seres humanos allí donde los medios diplomáticos clásicos no surten efecto”, dijo usted recientemente en una entrevista. ¿Dónde ve usted específicamente la eficacia de la cultura en la política exterior?

Vivimos en un mundo que se transforma dramáticamente ante nuestra vista. Nuevas fuerzas, nuevos actores entran en escena, que promueven sus propias ideas y valores. Eso quiere decir que ya no podemos dar por sobreentendidos en todos lados nuestros propios valores e ideas, que durante muchas décadas parecieron ser la medida de todas las cosas. También nosotros debemos promoverlos, convencer y hacernos entender. Por otra parte, sólo podemos comprender muchos procesos y desarrollos si los valoramos teniendo en cuenta el respectivo trasfondo cultural. Por ello digo: debemos crear oportunidades en las que pueda desarrollarse la comprensión mutua, en las que crezca la tolerancia, que tanto necesitamos en el mundo interrelacionado de hoy. Ello se puede lograr sólo muy limitadamente con los medios clásicos de la diplomacia. El arte, la cultura, la educación: ésos son puentes sobre los que los seres humanos se pueden aproximar. La política cultural exterior es por ello con razón el tercer pilar de nuestra política exterior. Y, ya sea a través de nuestros colegios en el exterior o asociados, nuestros 134 Goethe-Institute en el exterior o en el marco de nuestra política científica exterior, que este año queremos fomentar particularmente, el inter­cambio cultural y las actividades educativas crean un fundamento que también sostiene nuestras relaciones políticas.

Alemania es el tercer mayor contribuyente de las Naciones Unidas y Estado sede de muchas secretarías e instituciones de las Naciones Unidas. ¿De qué forma persigue actualmente Alemania el objetivo de una reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, incluida su ampliación?

Aún cuando el tema no aparece en titulares tanto como hace algunos años: sin una reforma del Consejo de Seguridad, la reforma de las Naciones Unidas quedará fragmentaria. El Consejo de Seguridad representa en su composición el mundo después de 1945. Hoy nos confrontamos con realidades geopolíticas completamente diferentes. Y si se quiere conservar la autoridad y la credibilidad del Consejo, deben llevarse a cabo reformas. Usted sabe que Alemania presentó en 2005 propuestas al respecto, junto con Brasil, la India y Japón. Y aún cuando entonces existía para ello un amplio apoyo, esas propuestas no se pusieron a votación, como tampoco otras propuestas de resolución. Hoy llevamos adelante un debate sobre “soluciones intermedias”, es decir: una reforma que rija por un periodo limitado y a cuyo término deba realizarse una conferencia obligatoria de revisión. Estamos abiertos a esa idea y participamos activamente en las discusiones en curso. El objetivo es comenzar pronto un proceso de negociaciones, que podría desembocar en una reforma concreta. Dos cosas son esenciales en ello: primero, nosotros queremos una verdadera reforma estructural del Consejo de Seguridad, que tenga en consideración al mundo de hoy. Y segundo, la propuesta debe estar formulada de tal manera que posea el potencial como para contar con la necesaria mayoría de dos tercios en la Asamblea General.

Sr. Ministro, muchas gracias por la entrevista.

El Dr. Frank-Walter Steinmeier

es desde 2005 Ministro Federal de Relaciones ­Exteriores y desde 2007 también Vicecanciller de la República Federal de Alemania en el Gabinete de la Canciller Federal Angela Merkel. Steinmeier, nacido en 1956, socialdemócrata, estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad de Giessen y fue de 1999 a 2005 Jefe de la Cancillería Federal.

21.07.2008
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