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Respeto por la vida

La Ley de Células Madre limita fuertemente la investigación en Alemania. Para la ley es esencial la protección de la vida. Actualmente la discusión gira en torno a si los científicos pueden trabajar en Alemania con células madre embrionarias generadas después de la fecha definida en la ley, el 1 de enero de 2002. ¿Por qué es decisiva esa fecha?
Hay que diferenciar. En la Ley de Células Madre, esa fecha es tan importante porque no se quieren crear incentivos para producir células madre embrionarias propias o comprarlas en el exterior. Si se cambia la fecha, que de cualquier manera formula una excepción, se la haría movible. Y con ello se abrirían las puertas a la arbitrariedad. Pero existen objeciones fundamentales a esa excepción, ya que la producción de células madre embrionarias y el trabajo con ellas presuponen la muerte del embrión. Por ello, la Iglesia Católica rechaza todo tipo de fecha. Tampoco aprobamos el 1 de enero de 2002. Si el embrión es en esencia un ser humano, hay que respetar su dignidad humana y proteger su vida. Una intervención que mate al embrión –y ello es indiscutible– nos está prohibida. El precio de la vida es demasiado alto. Eso es lo decisivo. Lamentablemente, ese punto central es a menudo eludido, olvidado o callado.

 

El objetivo de la investigación con células madre es curar enfermedades que provocan mucho sufrimiento humano. ¿Cómo resuelve usted la contradicción derivada de que una interpretación demasiado estricta de la Ley de Células Madre impide quizás una investigación que pueda salvar vidas?
Ello no puede transformarse en una “contradicción”. La “investigación que salva vidas” no puede pagarse con la muerte de otro ser humano, que también tiene dignidad humana y derecho a la vida. Ésa es la verdadera contradicción. Espero que enfermedades hasta ahora incurables puedan ser curadas con el desarrollo de la investigación en los próximos años y décadas. Pero no existe garantía alguna de que ello pueda lograrse a través de la investigación con células madre embrionarias. Se promete demasiado, de lo cual, por lo menos hasta ahora, nada se ha cumplido. Y a los afectados se los engaña con esas promesas. En este caso, lamentablemente se recurre a menudo a una ética equivocada del curar y de la compasión. Debemos continuar buscando soluciones por todos los medios de la investigación éticamente defendibles. No puede apostarse sólo por una dirección. Sé que para los afectados ello no es ninguna respuesta satisfactoria, pero una promesa de esperanza infundada lo es menos aún.

 

Representantes de la Iglesia han comparado la investigación con células madre con los experimentos humanos de los nazis. ¿Es adecuada una polarización de ese tipo en la discusión?
Yo personalmente rechazo decididamente toda comparación directa entre la investigación de células madre actual con los experimentos humanos nazis. Pero los crímenes de entonces debieran sensibilizarnos justamente a nosotros en relación con muchas formas de destrucción de la vida humana. Los diminutos seres vivientes en estado embrionario casi no se ven a simple vista. La rutina científica también puede debilitar el respeto por la vida. La satisfacción de realizar descubrimientos no es fácil de detener. Justamente en vista de las actuales posibilidades, para no caer en esas tentaciones la ciencia necesita una gran disciplina, que en esencia se basa en una fuerte ética. Yo confío en la disciplina de los científicos de hoy, después de las experiencias de las últimas décadas. Pero justamente por ello son necesarios un control mutuo y objetivo y una gran cautela dentro de la comunidad científica. Pues sólo entonces tienen efecto realmente las leyes y regulaciones.

Cardenal Karl Lehmann
El obispo de Maguncia fue, hasta febrero de 2008, durante veinte años presidente de la Conferencia Permanente de los Obispos Alemanes. Lehmann está considerado un teólogo abierto al mundo y liberal.

28.01.2008
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