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La doctrina de la creatividad

La empresa de propiedad familiar Voith, fabricante de maquinaria líder mundial en su sector, apuesta por la creatividad. Un experimento notable y visionario

Dirk Böttcher

Es un poco como jugar a la ruleta. No es que se apueste todo a un número. Las posturas son pequeñas y están diversificadas. Pero sumándolas, el volumen es considerable y en juego está el propio futuro. El juego de azar como analogía de la propia filosofía empresarial es explicado por Hermut Kormann, el presidente del directorio y ex jefe de auditoría de Voith, una de las empresas familiares con más tradición en Alemania. El pasado de la empresa está expuesto en el Deutsches Museum, en Múnich, en forma de enormes turbinas, construidas en 1886. Y con máquinas Voith se fabrica un tercio de todo el papel que se comercia en el mundo. A ello se agregan locomotoras, generadores para centrales hidroeléctricas, frenos casi exentos de desgaste y hélices de barco bastante atípicas.

Su futuro, sin embargo, la empresa Voith lo ve en productos que nadie sabe hoy cómo son ni si se venderán. Apasionadamente se trabaja en el desarrollo de novedades, siguiendo la doctrina de la creatividad, que ha proclamado Hermut Kormann. El objetivo es asegurar a la sólida empresa, que el año pasado facturó 3700 millones de euros, crecimiento desde adentro. Voith es un floreciente experimento de creatividad, un modelo industrial de cómo funciona la creatividad y de cuáles son sus ventajas.

Según el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, profesor emérito de la Universidad de Chicago, la creatividad se basa en tres elementos. Primero: el dominio magistral de una disciplina. Segundo: un entorno que permite que la creatividad se desarrolle. Y tercero: individuos que experimentan satisfacción a través de una actividad creativa. La definición de creatividad de Hermut Kormann, es, por el contrario, mucho más simple: “innovación es cuando nuestros clientes sustituyen un producto viejo por uno nuevo”. La interpretación pragmática de la creatividad de Kormann es la verdad última para una empresa como Voith. Pues Voith fabrica desde hace 140 años productos para la eternidad. Las máquinas de producción de papel de Voith funcionan impecablemente cien años sin parar, si no se las apaga y saca de circulación. El papel brillante sobre el que fue impreso el más reciente informe comercial –en el que se registran ganancias por 246 millones de euros– fue producido con “una Voith” de 1904.

Es decir, la empresa podría ahorrarse el departamento de ventas por una o dos generaciones, si no fuera porque Voith se autoimpone siempre nuevas metas. El año pasado invirtió 182 millones de euros en investigación y desarrollo. Los resultados de esos esfuerzos innovadores quedan documentados en más de 10.000 patentes, que Voith ha acumulado hasta ahora. Y cada año se suman otras 400. Pero también se ven reflejados en las máquinas. El progreso técnico las ha transformado en verdaderas catedrales, de más de 250 metros de largo y muchos metros de alto. Para fabricarlas se necesitan 18.000 toneladas de acero –suficiente para construir dos torres Eiffel– y circuitos electrónicos que se corresponden con los de cinco aviones Airbus. Y ni qué hablar de la “inteligencia” de las máquinas: más que necesaria para que el coloso de chapa y acero transforme una mezcla de 99 por ciento de agua y uno por ciento de fibra en un fino papel blanco, que atraviesa la máquina a una velocidad de 120 km/h, en un proceso que incluye el cribado, el laminado y el secado.

Markus Woehl, director del departamento de relaciones públicas de Voith, ha acompañado el desarrollo de la doctrina de la creatividad desde un principio. Ésta consta de tres elementos: “secure”, “build up” y “create”. El primero es una especie de creatividad básica, un trabajo de ingeniería nada presuntuoso, que asegura a la empresa el pan de cada día. El segundo consiste en desarrollar nuevas ideas que permitan ganar más participación en el mercado, en áreas de negocios ya existentes. Un ejemplo de ello es la nueva técnica de secado “Atmos”, con la que una máquina de fabricación de papel convencional consume un tercio menos de energía. En vista del elevado consumo de recursos en la producción de papel y el aumento del precio de la energía, es un imbatible argumento de ventas. El tercer elemento son ideas completamente nuevas, que surgen en un área experimental y con la esperanza de que algún día allanen el camino a nuevas áreas de negocios.

Aquí giran las bolas en la ruleta donde se juega el futuro. Voith apuesta por la fuerza de las olas, por ejemplo. En la isla escocesa de Islay, la empresa Wavegen, una filial de Voith, opera la única central eléctrica del mundo que aprovecha la fuerza de las olas. La central alimenta la red eléctrica con corriente suficiente no sólo para abastecer a los hogares de la isla, sino también para que pueda trabajar una destilería de whiskey, si bien no alcanza todavía para poder poner a funcionar una máquina Voith de fabricación de papel. No obstante, expertos estiman que la fuerza de las olas alberga reservas equiparables a la generación de corriente de 2000 grandes centrales carboeléctricas. En los próximos 10 a 15 años, Wavegen puede transformarse por lo tanto en toda una rama industrial. Voith desarrolla de a cientos ideas visionarias de ese tipo. Recientemente, un tornero inventó un árbol de transmisión con bridas de empalme divididas. Lo que para un lego se oye bastante críptico hace posible una transmisión de fuerza un 20 por ciento mayor. La ingeniera Susanne Moses investiga aún… cómo construir un sensor que mida el grosor del papel sin contacto con éste.

La creatividad de Voith se basa en la confortable situación de partida de que la empresa registra desde hace años beneficios constantes y estables. Lo que todavía necesita es crecer. Y para ello se requieren ideas. Para que surjan muchas ideas, Voith convoca a investigadores invitados… inteligentes y sobre todo liberados de las actividades cotidianas. Al fin y al cabo, “lo urgente desplaza siempre a lo necesario”, como dice Kormann. Para que ello no suceda, Voith ha creado el programa “Scientific@Voith”. La empresa contrata a científicos que se dedican exclusivamente a la investigación. Preferiblemente los trae de otras disciplinas: ingenieros de navegación aérea y espacial, astrónomos o meteorólogos. Quienes estudian esas materias más bien exóticas son generalmente expertos por pasión. Y de eso justamente se trata: de la pasión. “con dinero ya no se atrae más a los mejores cerebros”, dice Kormann. Pero sí con dinero para transformar una idea propia en un producto maduro para el mercado. Y también con reconocimiento… para Kormann una fuerza motriz de la creatividad.

La creatividad puede transformarse en una ventaja decisiva en la competencia por los mejores cerebros. La perspectiva de sacar una idea propia al mercado es el anzuelo. Cada departamento puede liberar también hasta dos o tres técnicos del trabajo diario para tareas creativas. Y Kormann llama expresamente a desobedecer a los superiores: quien cree en su idea, debe llevarla adelante. En la práctica ello significa que investigadores como Susanne Moses invierten entre el 10 y el 15 por ciento de su trabajo en nuevos proyectos. Por ejemplo en el sensor. La medición convencional, por contacto, provoca una y otra vez roturas del papel, es decir, que se detiene la producción. Y ello es “odiado por los clientes”, dice Moses. Luego de tres años de investigación, la física está a punto de crear prototipos. “Es emocionante llevar una idea hasta su realización”, agrega. El procedimiento es aún secreto.

16.07.2007
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