El camino al punto más alto de Alemania es empinado. El ascenso demora 73 minutos y comienza con pitidos electrónicos y resuellos mecánicos. En la estación de Garmisch-Partenkirchen se cierran automáticamente las puertas del Bayerische Zugspitzbahn, un tren de cremallera en los colores bávaros azul y blanco. Los pasajeros, casi todos en atuendos deportivos de esquí y snowboard, tienen un objetivo común: llegar a la cumbre del Zugspitze, la montaña más alta de Alemania, con 2962 metros de altura, y emblema de una localidad conocida por su entusiasmo por el deporte de invierno: Garmisch-Partenkirchen. En febrero de 2011 se celebra aquí el Campeonato Mundial de Esquí y en julio la población esperará ansiosa los resultados de la elección del lugar que acogerá un evento deportivo aún mayor: los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018.
El tren va escalando el trazado de 19 kilómetros a través de paisajes nevados. A la izquierda, se divisa la escarpada cordillera, y a la derecha, el valle con el lago Eibsee, de color turquesa brillante. En la última etapa el tren pasa a través de un túnel. Estación terminal: las puertas se abren y los esquiadores y snowboarders salen en busca de la nieve. El Zugspitze es la estación de esquí más alta de Alemania. En el glaciar esperan22 kilómetros de pistas de esquí, un parque de snowboard y una aldea de iglúes. Por encima de los visitantes y del centro de investigaciones del medio ambiente Schneefernerhaus oscila el teleférico que permite superar los últimos 282 metros para llegar a lo que es realmente el “Top of Germany”. En la terraza panorámica del Zugspitze se oye el crujido de la nieve bajo los calzados. En este día de noviembre el viento es helado y el termómetro marca 10 grados bajo cero. La cervecería al aire libre y el mayor albergue alpino, la Casa Múnich, están cerrados. Pero en la capilla, bendecida por el actual Papa Benedicto XVI, se celebra la santa misa el domingo. A casi 3000 metros de altura, el aire es exiguo y el panorama inmenso. En días despejados se disfruta de una vista a 400 montañas de Alemania, Austria, Suiza e Italia. Una perspectiva que atrae cada año a alrededor de 450.000 turistas de todo el mundo. Ese día llega a la cima una pareja de Berlín. En el “Fotopoint” del Zugspitze, ambos posan, sonríen y se besan. El disparador automático hace clic. Son momentos felices sobre la cima.
De vuelta al valle, a Garmisch-Partenkirchen. Thomas Schmid tiene su propia vista panorámica. En el ayuntamiento, primer piso, oficina 39, está el despacho del alcalde. En la pared detrás del escritorio cuelga una pintura con los picos Alpspitze, Waxenstein y Zugspitze. Schmid trabajó como diplomático, por último en la embajada alemana en Canadá, antes de ser elegido en 2002 nuevo jefe del ayuntamiento. Desde entonces, ha renovado la imagen algo empolvada de la localidad de 27.000 habitantes, que celebra su 75º aniversario en 2011. Se ha invertido mucho dinero en la infraestructura turística y desde finales de 2007 existe también una nueva joya: la rampa de salto de esquí, donde se celebra una etapa del Torneo de Cuatro Trampolines. “Los gastos están dando sus frutos. Somos nuevamente competitivos con nuestros centros de esquí y la tasa de ocupación hotelera ha aumentado”, dice Schmid, quien hace hincapié en que Garmisch-Partenkirchen es un destino turístico para todo el año. En el verano de 2010, los turistas pudieron visitar por primera vez el nuevo “AlpspiX”. El espectacular mirador emerge unos diez metros por encima de un precipicio de más de 1000 metros. La sensación es emocionante y atrae aún más pasajeros al tren que lleva al lugar.
Esto satisface al alcalde Schmid, que lleva en la chaqueta un broche del Campeonato Mundial de Esquí de 2011. Garmisch-Partenkirchen será, por segunda vez después de 1978, anfitrión del mayor evento deportivo en el invierno de 2010/2011. Del 7 al 20 de febrero, la ciudad espera bajo el lema “Un festival sobre la nieve” a 400 atletas de más de 70 naciones. “La fiebre del mundial crece y la venta de entradas marcha muy bien”, comenta Schmid. En la plaza Richard-Strauss-Platz, un reloj cuenta los días que faltan para el comienzo del torneo. Cerca de allí ha abierto el pabellón de información y unas 70 tiendas promueven el evento en sus escaparates con el logotipo del Campeonato y pósteres de los ídolos alemanes Maria Riesch y Felix Neureuther, así como de estrellas internacionales como Bode Miller de EE.UU. La idea fue de Gerd Rubenbauer, responsable de prensa del Campeonato Mundial de Esquí. En Alemania, Rubenbauer es conocido como periodista deportivo televisivo. Ahora se apilan sobre su escritorio documentos, apuntes y correos electrónicos. Rubenbauer resalta el especial carácter del campeonato. “El deporte y la cultura deben complementarse.” Además de las competiciones y una imponente ceremonia de inauguración, se han programado conciertos y exposiciones, explica. Su próxima cita ya espera y el tema de la reunión es el programa cultural.
El Campeonato Mundial es también un ensayo general para un evento aún más grande que Garmisch-Partenkirchen espera organizar: los Juegos Olímpicos de Invierno 2018. Junto con Múnich, se ha postulado para organizar unos juegos ecológicos y sostenibles. Pero no todos comparten este entusiasmo. Los juegos olímpicos son demasiado caros y destruyen el paisaje, dicen los críticos. Partidarios y adversarios han llegado a un importante primer acuerdo: en el cinturón verde de Garmisch-Partenkirchen no se construirán edificios para los Juegos. En caso de concesión de los juegos olímpicos de invierno, todas las competiciones sobre nieve se celebrarán en Garmisch-Partenkirchen, que fue anfitriona de los Juegos de Invierno de 1936. El 6 de julio de 2011 se tomará la decisión. Por eso, el Campeonato Mundial de Esquí llega en el momento oportuno. Si la experiencia de Garmisch-Partenkirchen resulta una gran fiesta sobre la nieve, aumenta la probabilidad de que se cumpla el sueño en el invierno de 2018.////














