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“La democracia exige la ­responsabilidad y el compromiso de demócratas”

Discurso del Ministro Federal de RR. EE., Frank-Walter Steinmeier, con ocasión del acto de conmemoración de los 90 años de la Asamblea Nacional de Weimar, el 6 de febrero de 2009 en el Deutsches Nationaltheater, en Weimar

Casi ninguna otra fase de nuestra historia es juzgada tanto a partir de su fin como la República de Weimar. “Bonn no es Weimar” rezó en los años 50 el título de un libro que hizo época y con el que crecimos en Occidente. “No es Weimar” se transformó en el mantra de la autoafirmación de la joven democracia luego de 1949. Pero esa tesis transmite en parte también hasta hoy –en el ínterin en la Alemania unida– una imagen negativa de Weimar, ¡la primera democracia en suelo alemán! Bonn nunca pudo ser Weimar. Entre ambas había doce años de terror, millones de víctimas, ¡un corte en la civilización sin parangón en la historia! A diferencia de 1918, en 1945 no sólo colapsó un régimen, ¡sino todo un Estado! El decisivo “nunca más” precede al juramento de la segunda democracia alemana, ¡es la razón de la Ley Fundamental! La decisión a favor de un Estado constitucional democrático, estructuras de poder descentralizadas, la protección de los derechos fundamentales y el fortalecimiento del Parlamento fueron precondiciones para que pudiera surgir nuevamente un Estado alemán. Los Aliados occidentales, particularmente Estados Unidos, acompañaron a Alemania en esa senda.

“Bonn no es Weimar” fue sobre todo la clave para la tesis de que la democracia de Weimar debía fracasar en esencia debido a los fallos en su Constitución. Sin duda, esos fallos de construcción los hubo: no obstante, yo creo que la idea de la inevitabilidad del fracaso desvía la mirada sobre la variedad de causas, más que aclararla. Poca consideración se concede a que la democracia necesita sobre todo una cosa: la responsabilidad y el compromiso de demócratas. Pues se olvida que esa democracia fue destruida antes que el régimen de decretos de emergencia anunciara su fin, en 1930.

¿Por qué lo subrayo? Porque también la democracia de la Ley Fundamental no fue un éxito ya de antemano. Recientemente, un instituto de sondeos de la opinión pública miró en sus archivos y encontró una encuesta de febrero de 1949. Por entonces, la mayoría de los germanooccidentales decía que la nueva Constitución democrática no les interesaba. No fue sino durante el Gobierno de Willy Brandt como Canciller Federal que se alcanzó el 52 por ciento de aprobación. También la democracia de Weimar albergó la esperanza y la posibilidad de un orden de libertad en Alemania. Weimar en febrero de 1919 es un momento importante en nuestra historia de la libertad y la democracia. Es la primera asamblea constituyente elegida democráticamente en nuestra historia.

Hablar sobre Weimar en 1919 significa hablar también acerca de cómo demócratas asumieron responsabilidades en medio de la peor crisis. Sobre los hombros de las mujeres y los hombres de la Asamblea Nacional pesaba la guerra. Una guerra que los demócratas no habían iniciado. Una guerra que había costado la vida a muchos millones de personas y había llevado al colapso militar y civil. La Asamblea Nacional se vio confrontada con el colapso no sólo de un orden social y militar. Esa situación objetiva se vio empeorada aún más por la aversión llena de odio con la que las antiguas elites militar y administrativa negaban la bancarrota de sus sueños de potencia mundial. Ese pensamiento antidemocrático fue veneno cotidiano para la República de Weimar, marcó las estructuras sociales y le restó aceptación a la joven democracia. Tanto más deberíamos honrar el valor y la disposición al sacrificio de los demócratas de Weimar. Esas mujeres y esos hombres asumieron una responsabilidad en medio de la crisis y la depresión, sobre todo ante un futuro incierto: una crisis cuya magnitud ya casi no puede estimarse adecuadamente luego de 60 años de la Ley Fundamental y un desarrollo de bienestar.

Weimar fracasó porque fue una demo­cracia a la que le faltaron demócratas, le faltaron actitudes democráticas y le faltó compromiso democrático. La República Federal de Alemania es un éxito hasta hoy porque los demócratas se compro­meten. Contra el racismo y el antisemitismo, contra las enemigos de la democracia y el bienestar público. En las organiza­ciones de la sociedad civil y las asocia­ciones, en las fundaciones y los sindi­catos… y también en los partidos políticos. De ello vive nuestra democracia.


Dr. Frank-Walter Steinmeier

es desde 2005 Ministro Federal de Relaciones Exteriores y desde 2007 también Vicecanciller Federal de la República Federal de Alemania. El socialdemócrata Steinmeier, nacido en 1956, estudió en Gießen derecho y ciencias políticas y fue de 1999 a 2005 jefe de la Cancillería Federal.

26.03.2009
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