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La Isla de los Museos de Berlín

El mejor trozo de Prusia

Cinco museos, 6000 años de historia de la cultura: la Isla de los Museos es parte del Patrimonio Cultural Mundial, impulso estético… y visión de una revolución cultural prusiana. Berlín ha trazado audaces planes para llevarla a su culminación en los próximos años

Florian Illies

Quien quiera comprender qué fue, es y puede llegar a ser Alemania, sólo tiene que echar un vistazo a las tres islas más importantes para los alemanes: Mallorca, Sylt y la Isla de los Museos. Sylt, en el Mar del Norte, es tal como Alemania querría verse: una belleza al estilo de los años 70, que recorre las dunas en un Porsche retro, la piel bronceada y los cabellos al viento. En Mallorca, en su destino turístico preferido, los alemanes se esfuerzan temporada tras temporada y desde hace décadas por corroborar todos los clichés que se les endilgan: desde la quemadura de sol, pasando por la germanización de los menús en los restaurantes hasta el tempranísimo asalto a las tumbonas en la playa.

Pero existe una tercera isla de la que, a primera vista (y quizás también a segunda), casi no se puede creer que se halle en el corazón de Alemania: la Isla de los Museos, en Berlín, en medio del Spree. Es la que cuenta la historia más emocionante, porque muestra que otrora fue el arte lo único que los alemanes quisieron llevarse consigo a una isla solitaria. Ese espíritu de la Isla de los Museos revive hoy e irradia su luz sobre toda la ciudad de Berlín.

La Isla de los Museos surgió en la más feliz y gloriosa década de la historia prusiana y alemana: 1820/30. No puede extrañar que el filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel estuviera convencido entonces de que el “espíritu del mundo” se manifiesta con particular fervor en determinadas épocas y determinados lugares: en un lapso de pocos años, desde Berlín se revolucionaron, sensualizaron y racionalizaron la ciencia, la arquitectura, el derecho, la literatura y el arte tanto como nunca antes y también como nunca después. Mucho de ello lamentablemente se ha olvidado. Pero la Isla de los Museos sigue allí: como el más hermoso monumento de la revolución cultural prusiana. Simultáneamente representa la historia de la arquitectura de todo un siglo: en la isla se construyó desde 1830 a 1930. Hasta que no cupo más nada.

Quien por primera vez pisa la Isla de los Museos no puede creer lo que ve: una isla en el medio de la ciudad, coronada por cinco monumentales edificios. Quien una noche de verano se halla sentado en el césped delante del Altes Museum, en el que un cartel de tubos de neón reza “All art has been contemporary”, conciliando soberanamente el viejo y el nuevo arte, quien después escucha sonar detrás de sí las campanas de la iglesia Berliner Dom y delante, en dirección a la Puerta de Brandeburgo, ve ocultarse el sol rojo brasa, se siente por un momento realmente retrotraído a la Arcadia prusiana. Que esas zonas de césped y arriates lleven hasta hoy el hermoso nombre de “Lustgarten” (Jardín de los Placeres), prueba cuán sensual era en realidad el supuestamente osificado espíritu prusiano.

La idea de las Isla de los Museos la tuvo el maestro del clasicismo Karl Friedrich Schinkel en los años 20 del siglo XIX. Junto con el sabio y fundador de la Universidad de Berlín, Wilhelm von Humboldt, convenció al rey de llevar a cabo el proyecto. A partir de 1830, la isla, entonces de terrenos bajos e inundables, comenzó a transformarse en un centro cultural. Primero se construyó el Altes Museum; en 1859 le siguió el actual Neues Museum; en 1876, la actual Alte Nationalgalerie; en 1904, el Bode-Museum y finalmente, en 1930, el Museo de Pérgamo, con el mundialmente famoso Altar de Pérgamo. El deseo de sus fundadores fue que la Isla de los Museos brindara un recorrido único por el arte y las culturas de la historia de la humanidad. Los museos de Berlín intentan ahora, con un gran plan maestro, llevar efectivamente esa legendaria y singular visión a la práctica hasta el año 2015.

El Neues Museum, destruido durante la II Guerra Mundial, es reconstruido actualmente por el purista inglés de la arquitectura David Chipperfield. Para demostrar qué fuerza estética irradia hasta hoy la isla, Chipperfield ha construido para el galerista Heiner Bastian directamente enfrente una galería de arte inaugurada en 2007, que transporta el espíritu prusiano del siglo XIX sobre el río hacia el siglo XXI.

En la Isla de los Museos, el visitante sigue la historia del arte desde sus comienzos hasta el siglo XX. Veinte metros más allá, en la Contemporary Fine Arts de Heiner Bastian, la galería más importante de arte contemporáneo en Berlín, retoma sus huellas hasta la actualidad. En una tarde puede estudiarse entonces por ejemplo la transformación del arte del retrato desde las esculturas romanas y griegas y los bustos de la reina egipcia Nefertiti, pasando por el romántico Caspar David Friedrich, hasta el maestro del pop art Andy Warhol. Todo sin tener que ponerse un abrigo.

La Isla de los Museos no relata naturalmente sólo historias prusianas, sino también de las dos Alemanias. Pues hasta la reunificación, la isla se halló en territorio de la RDA, en Berlín Oriental. Las colecciones antes allí albergadas, que habían sido trasladadas a refugios durante la guerra, quedaron luego repartidas entre museos de Berlín Occidental y Berlín Oriental. Sólo la reunificación ofreció la singular posibilidad de reunirlas. Y como la isla es en realidad demasiado pequeña para albergar el inmenso tesoro de los museos de Berlín, la Fundación Patrimonio Cultural Prusiano ha forjado audaces planes para hacer realidad la visión de Schinkel y Humboldt. Por un lado serán transformados en lugares de exposición edificios inmediatamente próximos a la isla y David Chipperfield creará un nuevo espacio de acceso común para todos los museos. Por otro, ya ha sido aprobado reconstruir el palacio Berliner Stadtschloss, detrás del Lustgarten, dañado durante la Guerra y dinamitado luego en tiempos de la RDA. En el palacio se exhibirán otras colecciones, sobre todo extraeuropeas. La Isla de los Museos será entonces el mayor centro universal de arte y culturas del mundo.

Que ni la ignorancia, ni la II Guerra Mundial, ni el régimen de la RDA, alérgico a la cultura, ni la decadencia, ni la burocracia alemana, ni los inmensos costos pudieran evitar la conservación y el renacimiento de la Isla de los Museos es una historia casi demasiado hermosa para ser realidad. Sería maravilloso que, en lugar de Mallorca, la Isla de las Museos se transformara ahora en la isla preferida de los alemanes. Entonces la revolución cultural prusiana se habría realmente consumado.

Florian Illies, nacido en 1971, es autor del best seller “Generación Golf” y desde 2004 editor de la revista de arte “Monopol” en Berlín.

26.11.2007
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