André Niklaus solo tiene 26 años. Pero el campeón europeo de decatlón en pista cubierta de Moscú en 2006 ya cambió tres veces de puesto debido a su profesión. ¿O habrá cambiado tres veces de profesión debido a su puesto? En todo caso, Niklaus ha vivido la mitad de su vida biológica en el Sportforum de Berlín, el centro deportivo más grande de toda Europa. Desde canchas de fútbol hasta voleibol de playa, el inmenso complejo deportivo ofrece todo para la práctica de disciplinas de alta competición. Ocho años tenía André – hijo de Mandy Niklaus, la más exitosa floretista de la República Democrática Alemana – cuando en 1989 cayó el muro de Berlín. Cinco años después entraba al séptimo grado del colegio Werner Seelenbinder, situado en medio del Sportforum. La que fuera una escuela deportiva de niños y jóvenes de la RDA es desde la reunificación alemana un ejemplo de las 38 escuelas incubadoras de talentos que existen en Alemania. Niklaus podía entrenarse antes, después e incluso durante las clases. Muchas veces, su semana de trabajo, entre escuela y deporte, era de más de 60 horas. Los profesores permitieron que André hiciera el último año del colegio en el lapso de 2 años, para que no descuidara el deporte. Y ello no es la excepción en esos colegios de elite. Si Niklaus no podía asistir a clase, le daban tareas para que las preparara en el centro de entrenamientos o durante sus viajes de participación en competiciones. Y los profesores a veces repasaban las clases perdidas. Después del bachillerato, tuvo que dejar la escuela, pero se quedó en el Sportforum para prestar su servicio civil en el centro de entrenamiento olímpico (OSP).
Hoy existen 20 centros de entrenamiento olímpico en toda Alemania. Los atletas se entrenan, son atendidos por médicos y fisioterapeutas y reciben asesoramiento profesional. Los centros se mantienen gracias a partidas bastante abultadas del presupuesto de fomento al deporte del Estado alemán: 200 millones de euros anuales del Estado central, sobre todo a través del Ministerio del Interior, y otros 200 millones de los Estados federados.
El ambicioso decatleta Niklaus tuvo la oportunidad de desarrollar su vocación como soldado voluntario. Hizo la carrera militar, pero sin dejar de ser lo que era: un deportista profesional. El uniforme solo se lo pone cuando se llama a un desfile de honor con motivo de la visita del Presidente federal o del ministro de Defensa.
El fomento estatal de atletas como Niklaus tiene como meta hacer competitivo al deporte alemán. Y ayuda a aquellos deportistas que no pueden vivir del deporte porque no encuentran un patrocinador atractivo. En los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004, 159 de los 451 integrantes del equipo olímpico alemán eran soldados. Y ganaron la mitad de las 48 medallas alemanas. Por ejemplo Fanny Rinne (hockey sobre césped), Manfred Kurzer (tiro) y Andreas Dittmer (canoa). En los Juegos de Invierno de Turín, Italia, el porcentaje de deportistas militares era incluso del 44 por ciento. Ellos ganaron 19 de las 29 medallas alemanas, con las que Alemania encabezó el medallero por tercera vez desde la reunificación. En 2008 la Bundeswehr cuenta ya con el número récord de 824 deportistas de alta competición. Las fuerzas armadas de Alemania invierten cada año 25 millones de euros en el fomento del deporte.
En el equipo de Turín había también 22 deportistas de invierno de la Policía federal. Uschi Disl (biatleta), Claudia Pechstein (patines sobre hielo) y sus colegas ganaron otras 11 medallas. La Policía federal apoya actualmente a 84 deportistas de invierno. Hace pocos años, el Ministerio del Interior, del que depende la Policía federal, instaló en el centro de entrenamiento olímpico de Cottbus una sección especial para atletismo, judo y ciclismo. Los atletas pueden también acceder a una formación profesional o a un estudio universitario. 61 deportistas de alta competición han aceptado la oferta, entre otros la campeona mundial en lanzamiento de martillo Betty Heidler y la pentatleta Jennifer Oeser. Son más de 1000 las becas deportivas que otorgan directamente el Gobierno federal y los Estados federados. Aparte existe una institución que promueve el deporte: la Fundación Alemana de Ayuda al Deporte (Stiftung Deutsche Sporthilfe), que premia a los mejores resultados deportivos. 350 millones de euros ha entregado hasta hoy a 40.000 deportistas en más de 50 disciplinas. Estas sumas no parecen tan impresionantes si el presupuesto anual se reparte entre los más de 3800 atletas y 600 alumnos del internado que reciben una ayuda financiera de la fundación Sporthilfe. No más de 234 euros percibe cada uno de ellos en promedio por mes. Seguramente no son comparables con los sueldos del ámbito profesional. Sporthilfe premiará a cada ganador de una medalla de oro en Pekín con 15.000 euros y el octavo lugar con 1500 euros.
Pese a todos los fomentos, también los deportistas de alta competición necesitan una formación profesional. Por eso André Niklaus ha iniciado sus estudios de informática de medios en la Technische Fachhochschule de Berlín, que fue premiada con el galardón de “universidad del deporte” y en la que se han inscrito ya 41 deportistas de alta competición, entre ellos la plusmarquista de natación Britta Steffen como estudiante de ingeniería económica. La universidad ha desarrollado una oferta flexible, especialmente pensada para deportistas de alta competición. André Niklaus explica así los beneficios de ese apoyo: “Cuando yo estudio, las aulas son para mí el centro de entrenamientos, el avión y los aeropuertos.” Está a punto de empezar su cuarta formación profesional.













